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sábado, 31 de agosto de 2013
domingo, 5 de mayo de 2013
ArtLibris Expositio
Alejandra Valero
Jose L Hinchado
Jorge Juan
Pedro Casero
y la participación de Laura Morala
y la participación de Laura Morala
... hasta el 17 de mayo de 2013
LIBRERÍA UNIVERSITAS 40 AÑOS
Avda. de Ramón y Cajal, 11 - Badajoz
Leer libros, leer arte.- Con motivo de su 40 cumpleaños, las mesas y estanterías de la Librería Universitas acogen hasta el próximo 17 de mayo una treintena de obras firmadas por tres escultores y un fotógrafo que ensayan así el acomodo de sus diferentes proyectos artísticos a nuevos espacios de actividad... (Enlace a noticia del Periódico Hoy 23.04.2013).
José Luis Hinchado - Las hojas del libro (acero corten y mármol).
Jorge Juan Espino - Teoría de los vasos comunicantes del tiempo (hierro).
Pedro Casero - La colmena -detalle- (pigmentos minerales, papel de algodón y chapa).
Alejandra Valero - Conquista espacial II (papel Fabriano, madera y pintura).
José Luis Hinchado - El libro de las aves (mármol de Carrara).
Jorge Juan Espino - Con balas de mentira y sangre de verdad (hierro).
Pedro Casero - Génesis -detalle- (pigmentos minerales, papel de algodón y chapa).
miércoles, 1 de mayo de 2013
Génesis
Sebastião Salgado, Zo'e Women Group, State of Para, Brazil (2009).
Las Zoé utilizan para pintarse los frutos rojos del urucum, pequeño arbusto tropical.
Edición comercial: 49,99 euros / Edición limitada: 2.500 euros / Art edition: 7.500 euros.
Entre los innumerables trabajos que Salgado ha producido durante su prestigiosa trayectoria, destacan tres proyectos de gran envergadura: Trabajadores (1993), que documenta la evanes- cente forma de vida de los obreros de todo el mundo, Éxodos (2000), un tributo a la emigración masiva provocada por la hambruna, los desastres naturales, el deterioro medioambiental y la presión demográfica, y esta nueva obra, Génesis, que es el resultado de una épica expedición de ocho años para redescubrir montañas, desiertos, océanos, animales y pueblos que han eludido la impronta de la sociedad moderna: la tierra y la vida de un planeta aún virgen.
martes, 23 de abril de 2013
viernes, 5 de abril de 2013
Antonio Covarsí (4)
JOLA es una colección de siete poemas de Ángel Campos, traducidos al portugués por Ruy Ventura e ilustrados con otras tantas fotografías de Antonio Covarsí que, en cuidado volumen con diseño gráfico de Luis Costillo e impreso por Indugrafic, fue publicada en Badajoz en diciembre de 2003 por Del Oeste Ediciones.
Ángel Campos Pámpano (San Vicente de Alcántara 1957 - Badajoz 2008) poeta y reconocido traductor al español de grandes de la literatura portuguesa del siglo XX, fue un notable impulsor de las relaciones culturales entre Extremadura y Portugal. (Ver Ángel Campos: una voz extremeña y universal, necrológica de Álvaro Valverde publicada el 26.11.2008 en ABC).
De este poemario, que se inicia con el verso de Jorge Guillén "lo profundo es el aire" (Más allá, Cántico) y que es un tributo al poblado de Jola, situado en La Raya cerca de La Codosera, lugar que el poeta escogió como refugio y que fue arrasado por los incendios sufridos en Extremadura en 2003, dice el autor que fue reescrito tras un viaje de San Vicente de Alcántara a Jola. El viajero guardó en su retina parajes inolvidables de esas otras aldeas dispersas, rayanas con la frontera portuguesa: La Aceña, Alcorneo, El Pino, San Pedro, La Fontañera... Que el poema sea un homenaje a todos esos lugares entrañables con los que convivió su mirada. "Lo profundo era el aire antes del fuego" sentencia al final.
En las fotografías de Covarsí no hay tramas ni distorsiones. Realismo documental de duro contraste para subrayar el poder devastador del fuego que da nombre a las imágenes.
I / VII - EL AIRE
Que lo profundo es el aire, nos lo enseñó el poeta. Y el aire es savia en este sitio, como un don despojado, extenso, blanco, diluido en la forma elemental de toda geometría. Para llegar aquí abandonas la voz, sólo un gorjeo de aves acompaña la huella de tus pasos en el descenso interminable. Ahora es como si tus ojos se abriesen por vez primera a la novedad del mundo: plenitud de un espacio inicial, puro comienzo, recién estrenado casi para quien contempla extasiado el silencio alto de los pinos. / Por abrazar el aire me he llegado hasta aquí. Sólo por dar sentido a una carencia y rebatir la soledad.
Que lo profundo es el aire, nos lo enseñó el poeta. Y el aire es savia en este sitio, como un don despojado, extenso, blanco, diluido en la forma elemental de toda geometría. Para llegar aquí abandonas la voz, sólo un gorjeo de aves acompaña la huella de tus pasos en el descenso interminable. Ahora es como si tus ojos se abriesen por vez primera a la novedad del mundo: plenitud de un espacio inicial, puro comienzo, recién estrenado casi para quien contempla extasiado el silencio alto de los pinos. / Por abrazar el aire me he llegado hasta aquí. Sólo por dar sentido a una carencia y rebatir la soledad.
I / VII - O AR
Que a profundidade é o ar, ensinou-nos o poeta. E o ar é a seiva neste lugar, como uma graça despojada, extensa, branca, diluída na forma elementar de toda a geometria. Para chegares aqui abandonas a voz, apenas um gorjeio de aves acompanha o rasto dos teus passos na descida interminável. Agora é como se os teus olhos se abrissem pela primeira vez à novidade do mundo: plenitude de um espaço inicial, puro começo, quase recém-estreado para quem contempla extasiado o silêncio alto dos pinheiros. / Para cingir o ar cheguei até aqui. Só para dar sentido a uma carência e afastar a solidão.
Que a profundidade é o ar, ensinou-nos o poeta. E o ar é a seiva neste lugar, como uma graça despojada, extensa, branca, diluída na forma elementar de toda a geometria. Para chegares aqui abandonas a voz, apenas um gorjeio de aves acompanha o rasto dos teus passos na descida interminável. Agora é como se os teus olhos se abrissem pela primeira vez à novidade do mundo: plenitude de um espaço inicial, puro começo, quase recém-estreado para quem contempla extasiado o silêncio alto dos pinheiros. / Para cingir o ar cheguei até aqui. Só para dar sentido a uma carência e afastar a solidão.
viernes, 15 de marzo de 2013
James Joyce, dublinés
James Joyce (Dublín 1882 - Zúrich 1941) escribió, desde su prolongado y autoimpuesto exilio, poesía, teatro, ensayo, crítica literaria y artículos periodísticos, pero es su narrativa, agudo retrato de la naturaleza humana, la maestría en el uso del lenguaje y el brillante desarrollo de nuevas formas literarias lo que le hizo ser reconocido como uno de los más importantes e influyentes escritores del siglo XX: Dublineses (relatos,1914), Retrato del artista adolescente (novela autobiográfica, 1916), Ulises (su obra maestra, 1922) y Finnegans Wake (experimental y controvertida, 1939).
DUBLINÉS - Alfonso Zapico
Ediciones Astiberri, Bilbao 2011 (3ª Edición) - Tapa dura, 17,5 x 24,5 cm. 231 páginas
El asturiano Alfonso Zapico, Premio Autor Revelación en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona 2010, se ha sumergido durante tres años en el proceso de creación de Dublinés, una novela gráfica centrada en la biografía de James Joyce que se desarrolla durante el pasado siglo en Dublín, Trieste, París y Zúrich, y por la que ha ganado el Premio Nacional del Cómic 2012 promovido por el Ministerio de Cultura.
domingo, 3 de marzo de 2013
Cómics: Davodeau / Pedrosa
LOS IGNORANTES, Relato de una iniciación cruzada - Étienne Davodeau
Ediciones La Cúpula, Barcelona 2012 - Tapa dura, 20 x 28 cm. 273 páginas
Étienne Davodeau es un autor de cómic que no sabe casi nada del mundo del vino. Richard Leroy es un viticultor que casi no ha leído cómics. Pero los dos están rebosantes de buena voluntad y de curiosidad ¿Por qué alguien decide consagrar su vida a dibujar cómics o a producir vino? ¿Cómo y para quién se hacen? Para responder a estas preguntas, durante más de un año Étienne se ha ido a trabajar a los viñedos y a la bodega de Richard, quien, a su vez, se ha sumergido en el mundo del cómic. Han abierto muchas botellas y leído bastantes cómics. Se han paseado en busca de autores y viticultores apasionados por su oficio. Étienne Davodeau apuesta a que hay tantas formas de realizar un libro como de producir vino. Constata que ambos tienen ese poder, necesario y precioso, de unir a los seres humanos. Los ignorantes nos propone el feliz relato de esta iniciación compartida. (De la contraportada).
Estas Navidades mi hermano y mi cuñada me han sorprendido con el estupendo regalo de Los ignorantes. Tras la lectura, y siguiendo su recomendación, me he agenciado Portugal (Premio FNAC, Festival Internacional del Cómic de Angoulême 2012) del que también he dado buena cuenta. Ambos han sido un auténtico disfrute.
A lo largo de mi vida de lector empedernido no he prestado especial atención al cómic. Hago memoria y reviso mi biblioteca... los TBO de la infancia: Zipi y Zape (Escobar); Mortadelo y Filemón, 13 Rue del Percebe, El botones Sacarino, Rompetechos, Pepe Gotera y Otilio (todos ellos de Ibáñez); algún Roberto Alcázar y Pedrín (Juan Bautista Puerto y Eduardo Bañó) y El Guerrero del Antifaz (Manuel Gago), pero más de El capitán Trueno (Víctor Mora y Ambrós) y su autocompetencia El Jabato (Victor Mora y Francisco Darnís) comprados en los quioscos de San Francisco. Ya en la adolescencia no me perdí ningún Tintín (Hergé) y ningún Astérix (Goscinny y Uderzo), y tampoco algún Lucky Luke (Morris y Goscinny). Por influencia de mi tío Rafael coleccioné los fascículos de Los Forrenta, La Constitución, Historia de Aquí y Forges '82 (todos ellos de Forges). Y de adulto, "cómics de adultos": las historietas eróticas de Horacio Altuna y Milo Manara (ver aquí entrada con reseña de Los Borgia) y los Valentina, Historia de O y La Venus de las Pieles (de Guido Crepax). Veo también en las estanterías una adaptación del Drácula de Stoker/Coppola firmada por Thomas, Mignola y Nyberg y un precioso libro de retratos de artistas de Tullio Pericoli, regalo de mis padres.
El cómic, la historieta, nace como fenómeno de masas en la prensa estadounidense de finales del XIX. Desde que también se ha puesto a dibujar la realidad lo llamamos "novela gráfica". Con un lenguaje distinto al puramente literario, cinematógrafico o fotográfico/pictórico, aunque sirviéndose de todos ellos, fondo y forma se entremezclan ofreciendo nuevas posibilidades expresivas para narrar y emocionar.
Al que le interese el tema le recomiendo el artículo de ElPaís Semanal del pasado 10.02.13 Un paseo de cómic con Max, artista invitado al estand de ElPaís en Arco.
PORTUGAL - Cyril Pedrosa
Norma Editorial, Barcelona 2012 - Tapa dura, 23,5 x 31 cm. 263 páginas
Simon Muchat es un dibujante de cómics en plena crisis. Después del éxito de su primer libro, sufre un bloqueo que le impide volver a escribir. Este bloqueo lo está destruyendo todo: su trabajo, su vida personal, sus ilusiones... Hasta que recibe la invitación para asistir a un festival de cómics en Portugal, el país de los veranos de su infancia. Allí renacerán en él las ganas de vivir y de crear. Sus colores, sus olores, su idioma, todo se conjura para que Simon decida retomar las riendas de su vida y descubrir el misterio que esconde su familia, originaria de Portugal, y muy distanciada por motivos que se pierden en la bruma de los años. Cyril Pedrosa, autor de Tres sombras, regresa con una historia intimista y poética sobre la familia y la identidad, con un dibujo que ha despertado la admiración de crítica y público en Francia. (De la contraportada).
domingo, 17 de febrero de 2013
Venons, sommes et allons
La conquista social de la Tierra
¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿Adónde vamos?
Edward O. Wilson (traducción Joandomènec Ros)
Debate (Mondadori). Barcelona, octubre 2012
Tapa dura con sobrecubierta, 16 x 24 cm, 382 páginas
23,90 euros
Edward O. Wilson (Birmingham, 1929), catedrático emérito de la Universidad de Harvard, es uno de los biólogos y naturalistas más importantes del mundo. Su especialidad es la mirmecología, el estudio de las hormigas. Galardonado con el premio Crafoord, equivalente al Nobel de Biología, y ganador en dos ocasiones del premio Pulitzer de no ficción, Wilson es muy conocido por su papel como "padre de la sociobiología", su defensa del medio ambiente y su postura secular y humanista.
¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿Adónde vamos? En una obra apasionante que culmina el trabajo de toda una vida, Edward O. Wilson plantea estas tres cuestiones fundamentales y demuestra que la religión, la filosofía y la reflexión no pueden dar respuestas por sí solas, y que la única forma realista de resolver el enigma de nuestra condición humana pasa por la erudición científica. El más insigne sucesor de Darwin rediseña la historia de la evolución y recurre a su vasto conocimiento de la biología y del comportamiento social para revelar cómo la "selección de grupo" puede ser el único modelo que explique el origen del hombre, su dominación, y su posterior conquista del planeta...
(De la solapa y contraportada)
Por cierto, hablando de dominación y conquista del planeta por el hombre, el otro día leía los números de la ONU referidos a la evolución de la población mundial (millones de habitantes y año): 200 (1 d.C.), 1.000 (1804), 2.000 (1927), 3.000 (1.959), 4.000 (1974), 5.000 (1987), 6.000 (1.999), 7.000 (30.10.2011)... y con control de natalidad en China. Pronto, como en el camarote de los hermanos Marx: vayan cortándose las uñas que no cabemos.
Pero volvamos a lo que nos ocupa. Wilson se sirve de la vida y obra de Gauguin para la presentación de su ensayo y quiero suponer que se debe a una causalidad la lectura de este libro con el final de la exposición Gauguin y el viaje a lo exótico en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, sobre la que me quedé con ganas de hacer algún comentario en su momento.
Así pues les dejo aquí el prólogo del libro (que Deus me perdoe se é crime ou pecado, cantaba Amália Rodrigues) para que les entren ganas de comprarlo, y convenientemente ilustrado con desnudos del "salvaje".
Así pues les dejo aquí el prólogo del libro (que Deus me perdoe se é crime ou pecado, cantaba Amália Rodrigues) para que les entren ganas de comprarlo, y convenientemente ilustrado con desnudos del "salvaje".
Paul Gauguin, Parau api -Quelles Nouvelles?- (1892) 67 x 92 cm (Galerie Neue Meister, Dresde)
No
hay grial más escurridizo o precioso en la vida de la mente que la clave para
comprender la condición humana. Siempre ha sido costumbre de quienes lo buscan
explorar el laberinto del mito: para la religión, los mitos de la creación y
los sueños de los profetas; para los filósofos, la nuevas percepciones de la introspección y el razonamiento basados en ellos; para las artes creativas, las
afirmaciones basadas en un juego de los sentidos.
El
gran arte visual en particular es la expresión del viaje de una persona, una
evocación de sentimientos que no puede expresarse en palabras. Quizá en lo que
hasta la fecha está oculto se halla un significado más profundo, más esencial.
Paul Gauguin, cazador de secretos y famoso Hacedor de Mitos (como se le ha llamado), hizo ese intento. Su relato es un telón de fondo valioso para la
respuesta moderna que se ofrecerá en la presente obra.
A
finales de 1897, en Punaauia, a cinco kilómetros del puerto tahitiano de
Papeete, Gauguin se sentaba para plasmar en un lienzo su pintura mayor y más
importante. Estaba débil por la sífilis y una serie de ataques cardíacos que lo
habían extenuado. Sus fondos casi habían desparecido, y estaba deprimido por la
noticia de que su hija Aline había muerto recientemente de neumonía en Francia.
Gauguin
sabía que se le acababa el tiempo. Quería que ese cuadro fuera el último. De
manera que, cuando lo terminó, se dirigió a las montañas situadas detrás de
Papeete decidido a suicidarse. Llevaba consigo un frasco de arsénico que había
guardado, quizá sin saber lo dolorosa que puede ser la muerte causada por este veneno. Pretendía esconderse antes de ingerirlo, de manera que su cadáver no
fuera encontrado enseguida y pudiera ser devorado por las hormigas.
Paul Gauguin, Les seins aux fleurs rouges ou Deux tahitiannnes (1899) 94 x 72 cm (Metropolitan Museum, New York)
Pero
después se desdijo, y volvió a Punaauia. Aunque le quedaba muy poco tiempo de
vida, había decidido seguir adelante. Para sobrevivir, aceptó un trabajo en
Papeete, de seis francos al día, como administrativo del Ministerio de Obras
Públicas e Inspecciones. En 1901 se aisló todavía más y se mudó a la pequeña
isla de Hiva Oa, en el remoto archipiélago de las Marquesas. Dos años más tarde,
sumido en problemas legales, Paul Gauguin murió de un ataque al corazón causado
por la sífilis. Fue enterrado en el cementerio católico de Hiva Oa.
“Soy
un salvaje –escribió a un magistrado pocos días antes de su muerte-. Y la gente
civilizada lo sospecha, porque en mis obras no hay nada tan sorprendente ni
desconcertante como este aspecto de “salvaje a pesar de mí mismo”.”
Gauguin
había llegado a la Polinesia Francesa, a este casi imposible fin del mundo
(solo las islas Pitcairn y de Pascua son más remotas), para encontrar a la vez
la paz y una nueva frontera de expresión artística. Alcanzó la segunda, si no
la primera.
El
viaje de cuerpo y alma de Gauguin fue único entre los grandes artistas de su
época. Nacido en París en 1848, su madre medio peruana lo crió en Lima y
después en Orleans. Esta mezcla étnica ya ofrecía un atisbo de lo que iba a
venir. De joven se incorporó a la marina mercante francesa y viajó alrededor
del mundo a lo largo de seis años. Durante ese período, en 1870-1871, fue
testigo de la guerra franco-prusiana, en el Mediterráneo y en el mar del Norte.
A su retorno a París prestó primero poca atención al arte, para convertirse en
corredor de bolsa bajo el asesoramiento de Gustave Arosa, su adinerado tutor.
Su interés por el arte lo despertó y lo mantuvo Arosa, un importante
coleccionista de arte francés, entre cuyas obras figuraban las últimas del
impresionismo. Cuando el mercado de valores francés se hundió en 1882 y su
propio banco quebró, Gauguin se dedicó a pintar y empezó a desarrollar su
considerable talento. Inspirado en el impresionismo de pintores de grandeza
indudable (Pissarro, Cézanne, Van Gogh, Manet, Seurat, Degas), se esforzó para
unirse a sus filas. Mientras viajaba aquí y allá, de Pontoise a Ruán, de
Pont-Aven a París, creó retratos, naturalezas muertas, paisajes en una obra
cada vez más fantasmagórica, que presagiaba el Gauguin que estaba por llegar.
Paul Gauguin, Nevermore -O Taiti- (1897) 50 x 116 cm (Courtauld Institute of Art, Londres)
Pero
Gauguin estaba descontento con el resultado, y permaneció muy poco tiempo en
compañía de sus deslumbrantes contemporáneos. No se había hecho rico y famoso
por su propio esfuerzo, aunque, como declararía más tarde, sabía que era un
gran artista. Anhelaba una vida más sencilla y más fácil para encontrar su
destino. París, escribió en 1886, “es un desierto para un hombre pobre. (...)
Me voy a Panamá para vivir la vida de un nativo. (...) Me llevaré mis pinturas
y mis pinceles y me revigorizaré lejos de la compañía de los hombres.
No
fue solo la pobreza lo que alejó a Gauguin de la civilización. En el fondo era
un alma inquieta, un aventurero, siempre ansioso de encontrar lo que había más
allá del lugar en el que vivía. En arte, por consiguiente, era un
experimentalista. En sus peregrinaciones era atraído por el exotismo de las
culturas no occidentales, y quería sumergirse en ellas en busca de nuevos modos
de expresión visual. Pasó un tiempo en Panamá y después en la Martinica. De
regreso a su hogar, solicitó un puesto en la provincia de Tonkín, en la actualidad Vietnam del Norte, que entonces era gobernada por Francia. Al no
conseguirlo, se dirigió finalmente a la Polinesia Francesa, el último paraíso.
El
9 de junio de 1891, Gauguin llegó a Papeete y se sumergió en la cultura
indígena. Con el tiempo se convirtió en defensor de los derechos de los
nativos, y por lo tanto en un alborotador a los ojos de las autoridades
coloniales. Pero mucho más importante fue que se convirtió en pionero de un
nuevo estilo denominado primitivismo: plano, pastoral, a menudo de colores
violentos, simple y directo, y auténtico.
No
obstante, no podemos eludir la conclusión de que Gauguin buscaba algo más que
ese nuevo estilo. Estaba asimismo profundamente interesado en la condición
humana, en lo que era en realidad, y en cómo retratarla. Los escenarios de la
Francia metropolitana, especialmente París, constituían un paisaje de mil voces
que clamaban para conseguir la atención, en el que la vida intelectual y
artística estaba regida por autoridades reconocidas, cada una de ellas
enraizada en su propia parcela de pericia. Al sentir de Gauguin, nadie podía
hacer una nueva unidad a partir de esa cacofonía.
Paul Gauguin, Annah la Javanaise -Aita parari te tamari vahine Judith- (1894) 116 x 81 cm (Colección Privada, Suiza)
Sin
embargo, eso podría hacerse en el mundo de Tahití, muchísimo más simple, pero
aun así totalmente funcional. Allí, posiblemente, se podría cortar hasta la
roca madre de la condición humana. En ese aspecto, Gauguin era como Henry David
Thoreau, quien
anteriormente se había retirado a su minúscula cabaña a orillas del estanque
Walden, “para afrontar solo los hechos cruciales de la vida, y ver si acaso
podía yo aprender aquello que esta tenía que enseñar (...) para hacer un gran
papel y salir airoso, para arrinconar a la vida y reducirla a sus términos más
bajos”.
Esta
percepción la expresa mejor Gauguin en su obra de arte de tres metros y medio
de ancho. Observemos atentamente sus detalles. Contiene una serie de figuras
distribuidas frente a una tenue mezcla de paisajes tahitianos, montaña y mar.
La mayoría de las figuras son femeninas (este es el Gauguin de Tahití). A la
vez realistas y surrealistas, representan el ciclo de vida humano. El artista
intenta que las veamos de derecha a izquierda. Un niño en el extremo derecho
representa el nacimiento. En el centro se ha colocado un adulto de sexo
ambiguo, con los brazos levantados, un símbolo de la aceptación individual de
sí mismo. Junto a él, a la izquierda, una pareja que coge y come manzanas es el
arquetipo de Adán y Eva, en busca del saber. Más a la izquierda, representando
a la muerte, una mujer anciana se halla encorvada, apesadumbrada y desesperada
(se cree que fue inspirada por el grabado de 1514 Melancolía, de Alberto
Durero).
Un
ídolo de color azulado nos contempla desde el fondo de la izquierda, con los
brazos levantados ritualmente, quizá benigno o quizá maligno. El propio Gauguin
describió su significado con reveladora ambigüedad poética:
“El
Ídolo está aquí no como una explicación literaria, sino como una estatua, quizá
menos estatua que las figuras animales; menos animal también, transformándose
en uno en mi sueño, frente a mi choza, con toda la naturaleza, dominando nuestra
alma primitiva, el consuelo imaginario de nuestros sufrimientos y lo que contienen de valor y de incomprensible ante el misterio de nuestros orígenes y
nuestro futuro". (La cursiva es de Gauguin.)
En
el extremo superior izquierdo del lienzo escribió el famoso título: D’où Venons
Nous / Que Sommes Nous / Où Allons Nous. El
cuadro no es una respuesta. Es una pregunta.
Paul Gauguin, D'où venons nous Que sommes nous Où allons nous (1897) 139 x 374 cm (Museum of Fine Arts, Boston)
lunes, 7 de enero de 2013
Deseos para 2013
Forges, "Día de las Librerías" (ElPaís 30.11.12)
Los adictos a la lectura necesitamos un suministro regular y permanente de palabras impresas, sea en periódicos o en libros, y cuando alguna dificultad nos estorba la satisfacción de nuestro vicio, miramos a nuestro alrededor en busca de sucedáneos y somos capaces de leer las instrucciones de montaje y uso de una aspiradora o todos y cada uno de los carteles y avisos que hay en el interior de un autobús.
El caso Simenon por Antonio Muñoz Molina
(Presentación de la reedición de las obras de Georges Simenon en Acantilado)
Max (Francesc Capdevilla), Sillón de orejas #253 (Babelia, ElPaís 10.11.12)
Su blog: El hombre duerme, el fantasma no
sábado, 8 de diciembre de 2012
No es economía, es ideología
Las páginas naranjas de ElPaís del domingo 28.10.12 reproducían un artículo de Paul Krugman, profesor de Economía de la Universidad de Princeton y Premio Nobel 2008, escrito con motivo de la confrontación Obama / Romney y a favor de la política económica del demócrata, titulado "El secreto de nuestra falta de éxito" y de dónde me permito extraer lo siguiente:
Parece que por fin la economía estadounidense está recuperándose en serio, ahora que la vivienda empieza a repuntar y la creación de empleo supera el aumento de la población en edad de trabajar... ¿Por qué se ha alargado tanto la recesión? La respuesta -respaldada por pruebas abrumadoras- es que esto es lo que suele pasar después de una crisis financiera severa.
En cuanto a las pruebas, el estudio más famoso es el de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, de Harvard, que han analizado crisis financieras anteriores y observado que este tipo de crisis por lo general van seguidas por años de desempleo elevado y crecimiento débil... Y trabajos más recientes del Fondo Monetario Internacional lo confirman: las crisis que se producen como consecuencia de una fuerte acumulación de deuda del sector privado proyectan largas sombras en el futuro de la economía.
¿Por qué es lenta la recuperación después de una crisis financiera? Las crisis financieras están precedidas por burbujas de crédito; cuando esas burbujas estallan, muchas familias y/o empresas se quedan con unos niveles elevados de deuda que les obligan a reducir sus gastos. Esta reducción de gasto, a su vez, deprime la economía en su conjunto.
En concreto, lo que la economía necesita después de una crisis financiera es un aumento temporal del gasto público para sostener el empleo mientras el sector privado arregla sus balances de situación.
Miren: la economía no es una ciencia hasta el punto en que nos gustaría que fuera. Pero cuando hay pruebas abrumadoras para una premisa económica... tenemos el derecho a esperar que los políticos y sus asesores respeten esas pruebas.
(Conciso y categórico el tal Krugman).
En la "ciencia económica" se utiliza la locución latina "ceteris paribus", que significa literalmente "(siendo) las demás cosas igual" y que se emplea traducida como "permaneciendo el resto constante", para aislar y analizar la influencia que alguna variable en particular ejerce sobre un asunto que esté condicionado por muchos factores. Si decido bajar el precio de los melones en mi puesto en el mercadillo del próximo domingo es de suponer que venderé mayor cantidad de melones. Y esto es así "ceteris paribus", porque puede resultar que el domingo, sin haberlo tenido en cuenta o contra todo pronóstico, salga especialmente lluvioso, la afluencia de clientes sea escasa y la venta de melones, a pesar de la rebaja, sea mínima.
Esto de analizar sólo algunos de los factores de un sistema complejo, bien para cargarnos de razón ante el personal o bien para engañarnos incluso a nosotros mismos, también lo realizamos con frecuencia en nuestra vida cotidiana en otras situaciones que ponen muchas variables en juego. Y hablando de juegos, me cuenta mi vecino que el entrenador del Algarrovillo C.F., a pesar de lo que cobra, no tiene ni puta idea de fútbol porque alinea en el lateral derecho a Hernández que no pasa del centro del campo ni para efectuar un saque de banda y, sin embargo, mantiene en el banquillo a su gemelo Fernández, técnico carrilero que despliega un impresionante físico para subir la banda a fin de ensanchar el campo y abrir la defensa contraria, además de surtir de precisos centros a nuestros delanteros. Yo le replico que "ceteris paribus" tiene razón, pero cuando le recuerdo que hace tres domingos por lesión de Hernández jugó Fernández, el fino carrilero de su preferencia, y que si bien es cierto que el Algarrovillo C.F. consiguió tres goles, recibió cinco en otras tantas internadas del delantero contrario precisamente por el carril derecho que defendía Fernández, mi vecino se altera, dice que la culpa sigue siendo del pelanas del entrenador que alinea de central a Diplodocus cuando tiene en el banquillo a Velociraptor que por su movilidad y agresividad características tapa los huecos que el carrilero deja con mayor efectividad... y que soy un jilipollas que no se da cuenta de tal obviedad y que ya empieza a estar harto de mis comentarios.
Yo, que permanezco impávido ante tamaña agresión verbal, le corrijo entonces con argumentos fundados en el "efecto mariposa" de la Teoría del Caos, que como ustedes saben viene a decir algo así como que una pequeña variación en las condiciones de un sistema puede provocar que este evolucione de una forma totalmente diferente con efectos amplificados e imprevistos... mas tengo que huir despavorido, pues además, no sé a cuento de qué, de mentar a mi madre en sus nuevas razones, pretende más agresiones, y ahora ya no exclusivamente verbales.
Como mi vecino, políticos, periodistas y tertulianos de verbo fácil pero dudoso rigor, se enrocan sobre sus variables preferidas para arrimar el ascua a su sardina, desconociendo tanto el "ceteris paribus" como el "efecto mariposa", o peor aún, a pesar de conocerlos. Y es que el análisis simplista de sistemas complejos da cancha a cualquiera, indocumentados o arteros.
Cada vez son más las voces que discrepan del fácil dogma gubernamental de reducción del gasto público impuesto desde Berlín. Yo, como Krugman, también me inclinaba a pensar que "cuando hay pruebas abrumadoras para una premisa económica tenemos el derecho a esperar que los políticos y sus asesores respeten estas pruebas", pero también la Constitución avala el "derecho" al trabajo y a una vivienda digna y ya ven ustedes como está el patio, que una cosa es predicar y otra dar trigo. Y digo que me "inclinaba" a pensar eso porque a poco que reflexionen un poco convendrán conmigo que el argumento del Nobel Krugman pretende ser científico lo cual lo invalida para ser aplicado por un Ministro de Economía o un Presidente de Gobierno, que ciencias y artes, sobre todo las malas, siempre estuvieron reñidas, y a seguir esperando ya que tenemos ese derecho.
Recientemente ha sido editado y presentado el libro "No es economía, es ideología" de Economistas Frente a la Crisis (Deusto). En la misma portada advierte que esta es una ideología que no se compadece con el interés general. Detrás de la falsa austeridad que nos proponen hay un proyecto político: la devaluación interna y la precarización del estado de bienestar. Nos dicen que es insostenible y que debemos aceptar recortes en las prestaciones sociales y en los salarios. Que los ajustes deben alcanzar a la sanidad, a la enseñanza y a la investigación. Es su receta para salir de la crisis. ¿Nuestra respuesta? Esa no es la solución, agudiza los problemas, la recesión y la insolvencia. La austeridad impuesta se llama pobreza. ¿Nuestras propuestas? En contraposición a los recortes, reactivación; reformas frente a contrarreformas; el pensamiento económico al servicio de los ciudadanos. Esto es lo que aquí analizamos y proponemos.
Y en www.economistasfrentealacrisis.com dicen también que el Gobierno está incumpliendo su programa electoral porque está cumpliendo con su programa político, y que detrás de todas estas medidas no hay economistas incompetentes sino sólo pura y dura ideología, y se venden como supuestas verdades científicas lo que son visiones del mundo o intereses particulares (o sea que De Guindos, peor ministro de Economía de la Unión Europea según ránking elaborado por el Financial Times, no es tan malo como lo juzgan sino que lo hace a posta). Y que quienes ahora, con la crisis claman por la austeridad, no hacen otra cosa que hacer lo que siempre han hecho con crisis o sin crisis: clamar por la austeridad, no en su sentido ético sino en su proyección sobre el contenido y alcance del estado del bienestar, que consideran excesivo; la crisis es su coartada, no su argumento (y ojo que austeridad, como estamos comprobando, es sinónimo también de recorte de libertades).
Angus Deaton, economista británico Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento, decía que las crisis están diseñadas para beneficiar a los ricos. Así tienen más fácil reescribir las normas. Por eso, en EE.UU. la reforma educativa no avanza, porque sus hijos van a universidades privadas. Lo mismo con la sanidad. En crisis estas cosas siempre van a peor (ver mi entrada Cimientos para el futuro del pasado mes de Mayo). Ya ven otro premiado por su argumentación científica que no sirve por la misma razón que no sirve un cosmólogo para comentar el Génesis en una catequesis.
¿Quiénes dictan las normas? ¿A quién beneficia la crisis? ¿Hay prisas por salir de la crisis? ¿Hacia dónde fluye el dinero que perdemos en esta devaluación?... Prueben a fijarse más en lo que no se dice porque lo que se dice es una mera distracción.
Estos días atrás conversaba con mi amigo Javier, actor de profesión y, por tanto, homónimo y homólogo de Bardem, que recientemente montó un pollo al afirmar que al Gobierno le viene bien tanto paro, y me decía que quizás fuera necesario de nuevo un Frente Popular. ¡Qué barbaridades dicen los actores llamados Javier! Pero... mira que si tuvieran razón.
lunes, 20 de agosto de 2012
Toto Estirado + (VI)
Otro TOTO, por Juan José Poblador.
Publicado en "Panorama", suplemento del Periódico Hoy, domingo 26 de abril de 1998; las fotografías de José Antonio Estirado venían con el artículo. El cartel de toros y los magníficos paisajes de cielos rojos incluidos pertenecen a la Sala Acuarela. Manolo Sordo, perfecto "connoisseur" de la obra de Toto, los tiene primorosamente enmarcados en blanco con cristal protector: "Manolo, jamás le pongas un marco malo a un cuadro mío", le decía el pintor.
Leo y veo que es ahora cuando José Antonio Estirado Cruz, El Toto, tiene más amigos. Es magnífico, aunque él no pueda gozarlo. Yo también conocí a José Antonio, y éramos muy amigos, pero era un Toto diferente antes que se fuera a Sevilla; ya lo dice el refrán o el juego: el que fue a Sevilla perdió su silla.
Sin perdernos en camisa de once varas, El Toto, hace 35 años, cuando se encontraba con su padre, en la feria de Sevilla, recibía -después de un beso- cinco mil pesetas para que pasara la noche. Años después volvió a Badajoz vagabundo de lunas, ladrón de estrellas que hicieron rescoldo en sus entrañas y le quemaron, incendiaron sus pulmones y decidió consumirse en su -para él- agradable calor solitario. Se hizo truhán, pícaro del color y la palabra; se hizo paisaje, retrato en las calles y los bares...
Me imagino que así le conocierron muchos de los que ahora hablan, cuentan y escriben de El Toto. Yo, así, casi no lo reconocía cuando llegaba a Badajoz, desde el mar del Estrecho de Gibraltar, y me llamaba "doctor", "doctorcito", "tío", "joven" -que copió de Carlos Espada-, "Juanminguay" -que copió de Vaquero Poblador-, o maestro, sin el Nacional, porque trabajaba en la Enseñanza Primaria. Pero mucho antes que me fuera al mar, dejé a El Toto, guapo, en Badajoz: estirado, espigado, moreno de Guadiana, con una fuerza endiablada en sus manos poderosas. Fue uno de los salvadores eficientes de las tablas y los remos de la barca que Carlos Espada -el marinero sin rumbo, le decía Manuel Pacheco- decidió hundir en medio del río, cuando veníamos de la playa "Amigos del Guadiana" de tomarnos unos "rin-ran" -que hacía el hijo de "Los Gabrieles" (una ensalada con tomates de verdad, y que creo que ya no hay ni en Talavera) y unas botellas de vino tinto. Las barcas planas del Guadiana, para poder navegar por aguas de escaso fondo, tenían la particularidad de llenarse de agua a cualquier maniobra extraña; solo dos o tres iban vestidos, los demás teníamos la ropa en Casa Vera, y Carlos Espada, que llevaba hasta reloj, empezó a mover la barca hasta casi hundirla, cantando con ritmo de samba venezolana: "Yo no soy de por aquí, / que soy de Barquisimeto, / conmigo nadie se meta / que yo con nadie me meto".
Y digo, hasta casi hundirla, porque aquellas barcas se llenaban de agua y salían a flote las tablas para sentarse, para remar, las que servían de cubierta, y los remos. Por primera vez nos servía para algo lo que estudiábamos: la barca flotaba porque pesaba menos que el agua que desalojaba. El Toto nadaba empujando la barca y con sus largos brazos iba a la vez recogiendo tablas que se llevaba el río camino del Puente de Palmas. Yo conocí a El Toto, amoroso de jóvenes adolescentes bajo las palmeras de San Francisco, cuando podía uno sentarse, en las noches de verano, en el arriate alicatado que hacía juego con los grandes bancos con mosaicos de hazañas de los grandes Conquistadores.
Por aquella época, como yo no era poeta, conviví fácilmente con Jesús Delgado Valhondo, Pacheco y Lencero; como no fui pintor, igualmente, podía inmiscuirme en el trío: Vaquero Poblador, Sánchez Boraita y José Antonio Estirado, "los iconoclastas".
Les acopañaba cuando cargados con sus trípodes y óleos se ponían a pintar, generalmente, en la ladera este del Castillo, más allá del Parque de La Legión, de cara a El Pico, la desembocadura del Rivillas y las huertas de San Roque. Casi siempre acudió Morán, ordenanza, alevín de conserje de la Diputación de Badajoz, forofo, fan, lazarillo y escudero de los tres pintores. Trabajaban entre discusiones, voces y canciones. El Toto y Boraita cantaban, con diferente estilo, cante grande, ambos cante gitano que aprendieron del Porrina y su parentela, con los que convivían por bares y fiestas; Vaquero Poblador prefería al "Trío Calaveras", a "Los Panchos" y los fados de Amalia Rodríguez, y él mismo se acompañaba con la guitarra. De pronto, como si Morán tuviera la culpa de algo que no salía bien, era floreado por los tres pinceles de los artistas, y ante la impavidez y estoica apostura de Morán, los pintores volvían sobre sus lienzos y como los encontraran no acorde con sus divinos: Gauguin, Van Gogh, Picasso y el menos conocido -por entonces- Emil Nolde, impresionante expresionista, en boca de Boraita, hasta el extremo que El Toto le decía que si era su novio, ... la emprendían contra bastidores, frascos de aguarrás, aceites, cajas de pinturas, pinceles y paletas, y se armaba tal zarabanda que aquello parecía una escena pánica. Decaído el paroxismo, ayudaban a Morán que había sido el primero en empezar a recoger trastos. Después nos íbamos todos juntos al Tabares.
En aquel tiempo, había en Badajoz gente que leía a Faulkner; muy pocos, pero había; yo mismo que imitaba a Rabindranath Tagore para enamorar; escribí por entonces mi novela "Pensión" que en Barcelona dijeron que era faulkneriana; al compás El Toto era torerillo de tientas y cercados, pero años más tarde se presentó en la Casa de la Cultura, en la Plaza de Minayo, dónde dirigía el ensayo de "La Camisa" de Lauro Olmo, si no recuerdo mal, y me nombró su mozo de espadas delante de actores, tramoyistas, electricistas y "gente de mal vivir". Acepté, entre bromas y veras, y al día siguiente me presenté en su casa, un chalet en la carretera de Sevilla, quizás el primero, junto al cruce con la entonces única carretera de Madrid que atravesaba San Roque. Entré dando voces en la habitación donde El Toto reposaba casi desnudo, en penumbras, y me hizo callar, me impresionó con un gesto majes- tuoso, dominador, de su mano izquierda. "Tú te sientas, en silencio, al lado de mi cama, y desde ahora me llamarás maestro". Yo, director de teatro, comprendí que el que manda, manda. Su cuerpo bello y poderoso -como un hombre llamado caballo- descansaba, aunque a mi me pareció con la quietud del leopardo, segundos antes de saltar sobre su presa.
Pasado el hechizo me dio tiempo a mirar en derredor. A los pies de la cama sobre un sillón de mimbre, bien colocado, había un traje corto negro, una camisa blanquísima con chorrera y un sombrero de ala ancha. En la mesilla, a mi espalda, una lamparilla, sobre el aceite de un pe- queño plato de La Cartuja, iluminaba varias estampas de la Virgen de la Soledad, un Cristo de Velázquez, supuse, y otras vírgenes de advocaciones, para mí, desconocidas. Entonces yo ya no era creyente y sabía que El Toto, tampoco. Comprendió mi mirada interrogativa y con mucha seguridad y voz susurrante me dijo: "Tú lo tienes que entender, las cosas son así".
Al poco rato entraron en el dormitorio su madre, una criada -una mujer mayor que dominaba la escena-, y dos bellas jóvenes palpitando bajo sus únicas prendas de percal, porque yo embebía todas sus curvas y sus ojos brillantes en el calor de la tarde, cuando a Badajoz le da por hacer calor. El Toto me pareció un torero lorquiano, aunque El Toto amaba a Miguel Hernández y se sabía de memoria, recitaba, los poemas de toros con ritmo monótono pero con una intención que impresionaba, con un doble sentido, en las calles y los bares, en San Francisco y San Juan, cuando Franco vivía. Picoteaba en la obra de Miguel Hernández y recitaba versos de aquí y de allá, para asombrar sin saberlo porque la gente, generalmente, sin conocimiento del poeta, creía que eran suyos.
Empezaron a vestirle mientras El Toto me recitaba con su voz, al margen de las mujeres:
"Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal, en el costado
y por varón en la ingle como un fruto.
.....
Por una senda van los hortelanos
.....
Bajo su frente trágica y tremenda,
un toro solo en la ribera llora
olvidando que es toro y masculino.
.....
El toro sabe al fin de la corrida
donde prueba su chorro repentino,
que el sabor de la muerte es el de un vino
que el equilibrio impide de la vida.
.....
La muerte, toda llena de agujeros
y cuernos de su mismo desenlace,
bajo una piel de toro pisa y pace
un luminoso prado de toreros".
Quien le ponía las manos encima era la criada, la tata, como él la llamaba; la madre miraba arrobada y triste, pensando en el peligro, y que yo suponía que era la única porque los demás, como totales inconscientes, nos habíamos olvidado de lo que se proponía El Toto: torear y matar un toro en la Feria de La Albuera. La Tata metió su mano por delante de la cintura del pantalón, llegó hasta el sexo para colocárselo a la izquierda de la bragueta, que era donde cargaba. Noté, bajo el percal, los pezones turgentes de las ninfas que miraban el ajustado pantalón del torero y me sumergí en el ambiente erótico. El Toto se engrandeció gallardo, seguro y atractivo, personaje único dentro del traje que le ceñía sus tensados músculos, flotaba en el aire.
No tuve más remedio que cargar con el capote, los trastes de matar, un espadón con la funda, y gracias a la ayuda del taxista no me derrumbé ante lo que jamás había imaginado, que un capote y todo lo demás pesaran tanto. El trayecto fue en silencio. Sorprendente la algarabía y gritos al entrar en la plaza de carros de La Albuera que cerraba un camión con un cajón dónde se suponía estaba el animal. Nos cruzamos con un fotógrafo taurino que años más tarde resultó ser un famoso escritor y querido amigo: Bernardo Víctor Carande; frente al acomodado toril, una especie de tribuna, como de localidades selectas, se sentaba mi antigua novia, con peineta y mantilla; esplendorosa en su belleza se abanicaba sonriendo al nuevo novio por el que me había abandonado. Yo llevaba jadeando la carga del arte de Cúchares y una gorrilla de rayadillo bajo la que escondí un pronto visceral, un segundo de ridículo hasta que arrojé al suelo, junto a un carro que me indicó un guardia municipal, todos los arreos.
¡Es un búfalo!
Sin recurrir a una crónica de gacetillero taurino, que no soy, contaré que se abrió el portalón y apareció el cornúpeta, el bicho, el morlaco, y dije: "Maestro, ¡qué toro! Y El Toto, sin mirarme, me respondió seca y atributivamente: "Compañero, ¡es un búfalo!".
Sin recurrir a una crónica de gacetillero taurino, que no soy, contaré que se abrió el portalón y apareció el cornúpeta, el bicho, el morlaco, y dije: "Maestro, ¡qué toro! Y El Toto, sin mirarme, me respondió seca y atributivamente: "Compañero, ¡es un búfalo!".
Después de una eternidad, recostado contra la rueda del carro, temblándome las piernas más que por la cercanía del toro, por los empujones de la gente que se tiraba al ruedo y venía hacia mi, huyendo, y yo con aquella espada, que era un espadón, que era la de Roldán y El Cid juntas, aleadas, que podía ensartar a diez mozos de La Albuera.
El Toto tuvo la mala suerte de matar a la primera. El público que quería marcha empezó a llamarnos asesinos, a tirarnos cosas, no las sentíamos, hasta que llegamos al bar de la carretera. Me tomé una copa de coñac y un vaso de agua de Seltz. Me vine a Badajoz en una Vespa de mi amigo El Florito, Florentino Buenavista, y dejé a El Toto con su apoderado, el empresario y la gente del toro, que por lo que supe más tarde, José Antonio Estirado, El Toto, hasta tuvo que pagar el toro.
Después me fui al mar y El Toto a Sevilla. A la vuelta a Badajoz El Toto se dedicó a vender cuadros. Poca gente, los muy íntimos tendrán cuadros suyos de los años 60 o antes. El primer cuadro o de los primeros que vendió, algunos lo saben, fue uno que le regaló su amigo Vaquero Poblador. Uno de sus mejores mecenas fue Pedro Suárez que trabajaba en "La Marina". El Toto se inspiraba/copiaba en grandes maestros expresionistas: Modigliani, Ingres, Solana, ... y sobre todo en Edvard Munch. Conocía perfectamente su obra y su biografía, le atraían la enfermedad y la muerte. A Pedro Suarez le vendió un cuadro que más o menos reproducía "El Grito" de Munch. Al cabo de unos días El Toto se presentó en la barra de La Marina para venderle otro cuadro: "El Grito". "Pero Toto -le dijo Pedro-, si me vendiste hace tres días un cuadro igual". "Bueno, doctorcito -dijo El Toto- así tienes la parejita". El bueno de Pedro, intentando cabrearse, le mandó a hacer puñetas. El Toto recogiendo su cuadro, y mientras se marchaba, exclamó mirándole fijamente: "Pedro, ¡rojo paralelo!".
En uno de los viajes que hice a Badajoz, precisamente para ser pregonero del primer Carnaval, 1981, me causó una gran sensación de deterioro y de tristeza la conversación que mantuve con El Toto: "Mira, Juanminguay, yo sé que no pinto como los grandes maestros, pero te aseguro que, al menos, sabré morir como ellos.
- - o - -
JUAN JOSÉ POBLADOR (Valencia de Alcántara, Cáce- res, 13.11.30) es una de
las
figuras más destacadas en la difícil vida cultural de la Extremadura de
los 50 y 60. De profesión maestro, es autor de numerosos cuentos
que publicó en el Periódico Hoy; pero su producción lite- raria más
destacada son las dos novelas de temática social Pensión (Premio Elisenda de Montcada 1957), reeditada por la Editora Regional en 2002, y Canal
(fina- lista del Ciudad de Sevilla 1961). Es también autor del escrito autobiográfico Diario de un carca y del estudio antropológico Conil. Iconoclasta sabático de la tertulia de Esperanza Segura, desde mediados de los 60 reside en Conil de la Frontera (Cádiz), pero dice que «Badajoz es mi casa; allí crecí, di mi primer beso, me bebí mi primer vino y escribí la primera novela».
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