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viernes, 5 de abril de 2013

Antonio Covarsí (4)

 
JOLA es una colección de siete poemas de Ángel Campos, traducidos al portugués por Ruy Ventura e ilustrados con otras tantas fotografías de Antonio Covarsí que, en cuidado volumen con diseño gráfico de Luis Costillo e impreso por Indugrafic, fue publicada en Badajoz en diciembre de 2003 por Del Oeste Ediciones.
 
Ángel Campos Pámpano (San Vicente de Alcántara 1957 - Badajoz 2008) poeta y reconocido traductor al español de grandes de la literatura portuguesa del siglo XX, fue un notable impulsor de las relaciones culturales entre Extremadura y Portugal. (Ver Ángel Campos: una voz extremeña y universal, necrológica de Álvaro Valverde publicada el 26.11.2008 en ABC).
 
De este poemario, que se inicia con el verso de Jorge Guillén "lo profundo es el aire" (Más allá, Cántico) y que es un tributo al poblado de Jola, situado en La Raya cerca de La Codosera, lugar que el poeta escogió como refugio y que fue arrasado por los incendios sufridos en Extremadura en 2003, dice el autor que fue reescrito tras un viaje de San Vicente de Alcántara a Jola. El viajero guardó en su retina parajes inolvidables de esas otras aldeas dispersas, rayanas con la frontera portuguesa: La Aceña, Alcorneo, El Pino, San Pedro, La Fontañera... Que el poema sea un homenaje a todos esos lugares entrañables con los que convivió su mirada. "Lo profundo era el aire antes del fuego" sentencia al final.

En las fotografías de Covarsí no hay tramas ni distorsiones. Realismo documental de duro contraste para subrayar el poder devastador del fuego que da nombre a las imágenes.
 

 

 
I / VII - EL AIRE
Que lo profundo es el aire, nos lo enseñó el poeta. Y el aire es savia en este sitio, como un don despojado, extenso, blanco, diluido en la forma elemental de toda geometría. Para llegar aquí abandonas la voz, sólo un gorjeo de aves acompaña la huella de tus pasos en el descenso interminable. Ahora es como si tus ojos se abriesen por vez primera a la novedad del mundo: plenitud de un espacio inicial, puro comienzo, recién estrenado casi para quien contempla extasiado el silencio alto de los pinos. / Por abrazar el aire me he llegado hasta aquí. Sólo por dar sentido a una carencia y rebatir la soledad.

I / VII - O AR
Que a profundidade é o ar, ensinou-nos o poeta. E o ar é a seiva neste lugar, como uma graça despojada, extensa, branca, diluída na forma elementar de toda a geometria. Para chegares aqui abandonas a voz, apenas um gorjeio de aves acompanha o rasto dos teus passos na descida interminável. Agora é como se os teus olhos se abrissem pela primeira vez à novidade do mundo: plenitude de um espaço inicial, puro começo, quase recém-estreado para quem contempla extasiado o silêncio alto dos pinheiros. / Para cingir o ar cheguei até aqui. Só para dar sentido a uma carência e afastar a solidão.

viernes, 20 de julio de 2012

Toto Estirado + (IV)

Toto Estirado, portada y contraportada de la revista Tamar IV.

El número 4 de la revista literaria Tamar, editada en 2004 por el IES Bachiller Diego Sánchez de Talavera la Real, está ilustrado con pinturas de Toto Estirado cedidas por la Galería Acuarela y la TotoGallery. Entre otros artículos incluye el texto de Paco Portalo "Doctorsito, tócate un blues en LA", ya vertido en el post anterior, un par de poemas de "Apocalipsis para uno" de Alfredo Liñán y la poesía de Ángel Campos "Pie desnudo", todo ello dedicado a la memoria del pintor.

Toto Estirado, Una María (1992).

                Hansel y Grettel... de Alfredo Liñán
                                                                         (en Apocalipsis para uno)

                                   Hansel y Grettel juegan en tus sueños
                                   de bosques encantados donde el mágico
                                   espectro de la bruja colorea
                                   de fantasía los árboles dormidos.

                                   El agua se detiene estremecida
                                   recostando su paso en el misterio
                                   de orillas asombradas y susurros
                                   dormidos en los vértices del viento.

                                   (La bruja busca a Hansel escondida
                                   en su disfraz de dulce y caramelo
                                   y Grettel sueña una mar de golosinas
                                   en el metal del agua y su reflejo
                                   se transforma en espejo donde Alicia
                                   congela eternamente el desencanto
                                   de su rubia melena ensortijada.)

                                   No hay pájaros, ni ruidos, ni canciones,
                                   ni nada más que el tiempo suspendido
                                   en la tarde sin fin de tus pinceles.

Toto Estirado, Bodegón (1992) 46 x 55 cm, óleo sobre lienzo.

              Pie Desnudo de Ángel Campos
                                                                 (A la memoria de Toto Estirado)

              Se queda aquí la luz,
                                                inusitada y limpia,
              en la sombra secreta
                                                 de los colores.

              Hay un jarrón de flores lilas al borde de la muerte.

              Una mujer de espaldas
                                                    rosas rojas
                                                                       limones
              contra el fondo moteado y simple del paisaje.

              Que su pintura no es sino la urgencia
              de vivir o estallar en cualquier parte,
              la impaciencia de darse a tanta muerte,
              a tanta soledad, a tanto frío,
              y a ese ritmo sordo que crece dentro
              y que no puede compartirse.

              Hay un autorretrato de torero
                                                             y un homenaje a Much
              y un bodegón azul con un cuchillo,
                                                                      como en un silencio plano
              que engendra el grito,
                                                 la herida abierta,
                                                                            el dolor final del pie desnudo.

              Que la luz se quede aquí,
                                                        inusitada y limpia,
              a la sombra secreta
                                               de tus colores.

Toto Estirado, Paisaje monocromo (1992) 30 x 40 cm, óleo sobre táblex.

Los cuadros "monocromos" (arriba) no son un ejercicio de estilo o la búsqueda de nuevas posibilidades de expresión sino producto de la escasez de pintura; mejor dicho, de la falta de tubos de pintura. "La flecha del tiempo" (debajo) es título del "ingeniero": la firma E en la esquina inferior derecha vale tanto para Estirado como para Entropía (ver en el blog "Ilya Prigogine"). El cuadro "Ajedrez" (debajo) es un "análisis conceptual" realizado por encargo para el cartel de un campeonato: cuadriculado desorden de escaques, piezas con descripción de sus movimientos, una cerradura que veta el acceso a los no iniciados, toques de color, sugerencias de complejidad y ¿aleatoriedad? e incluso un jaque.

Toto Estirado, La flecha del tiempo (1981) 46 x 55 cm, acrílico sobre táblex.

 Toto Estirado, Ajedrez (1993) 60 x 73 cm, óleo sobre táblex.