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lunes, 20 de agosto de 2012

Toto Estirado + (VI)


Otro TOTO, por Juan José Poblador.

 

Publicado en "Panorama", suplemento del Periódico Hoy, domingo 26 de abril de 1998; las fotografías de José Antonio Estirado venían con el artículo. El cartel de toros y los magníficos paisajes de cielos rojos incluidos pertenecen a la Sala Acuarela. Manolo Sordo, perfecto "connoisseur" de la obra de Toto, los tiene primorosamente enmarcados en blanco con cristal protector: "Manolo, jamás le pongas un marco malo a un cuadro mío", le decía el pintor.

Leo y veo que es ahora cuando José Antonio Estirado Cruz, El Toto, tiene más amigos. Es magnífico, aunque él no pueda gozarlo. Yo también conocí a José Antonio, y éramos muy amigos, pero era un Toto diferente antes que se fuera a Sevilla; ya lo dice el refrán o el juego: el que fue a Sevilla perdió su silla.

Sin perdernos en camisa de once varas, El Toto, hace 35 años, cuando se encontraba con su padre, en la feria de Sevilla, recibía -después de un beso- cinco mil pesetas para que pasara la noche. Años después volvió a Badajoz vagabundo de lunas, ladrón de estrellas que hicieron rescoldo en sus entrañas y le quemaron, incendiaron sus pulmones y decidió consumirse en su -para él- agradable calor solitario. Se hizo truhán, pícaro del color y la palabra; se hizo paisaje, retrato en las calles y los bares...


Me imagino que así le conocierron muchos de los que ahora hablan, cuentan y escriben de El Toto. Yo, así, casi no lo reconocía cuando llegaba a Badajoz, desde el mar del Estrecho de Gibraltar, y me llamaba "doctor", "doctorcito", "tío", "joven" -que copió de Carlos Espada-, "Juanminguay" -que copió de Vaquero Poblador-, o maestro, sin el Nacional, porque trabajaba en la Enseñanza Primaria. Pero mucho antes que me fuera al mar, dejé a El Toto, guapo, en Badajoz: estirado, espigado, moreno de Guadiana, con una fuerza endiablada en sus manos poderosas. Fue uno de los salvadores eficientes de las tablas y los remos de la barca que Carlos Espada -el marinero sin rumbo, le decía Manuel Pacheco- decidió hundir en medio del río, cuando veníamos de la playa "Amigos del Guadiana" de tomarnos unos "rin-ran" -que hacía el hijo de "Los Gabrieles" (una ensalada con tomates de verdad, y que creo que ya no hay ni en Talavera) y unas botellas de vino tinto. Las barcas planas del Guadiana, para poder navegar por aguas de escaso fondo, tenían la particularidad de llenarse de agua a cualquier maniobra extraña; solo dos o tres iban vestidos, los demás teníamos la ropa en Casa Vera, y Carlos Espada, que llevaba hasta reloj, empezó a mover la barca hasta casi hundirla, cantando con ritmo de samba venezolana: "Yo no soy de por aquí, / que soy de Barquisimeto, / conmigo nadie se meta / que yo con nadie me meto".

Y digo, hasta casi hundirla, porque aquellas barcas se llenaban de agua y salían a flote las tablas para sentarse, para remar, las que servían de cubierta, y los remos. Por primera vez nos servía para algo lo que estudiábamos: la barca flotaba porque pesaba menos que el agua que desalojaba. El Toto nadaba empujando la barca y con sus largos brazos iba a la vez recogiendo tablas que se llevaba el río camino del Puente de Palmas. Yo conocí a El Toto, amoroso de jóvenes adolescentes bajo las palmeras de San Francisco, cuando podía uno sentarse, en las noches de verano, en el arriate alicatado que hacía juego con los grandes bancos con mosaicos de hazañas de los grandes Conquistadores.


Por aquella época, como yo no era poeta, conviví fácilmente con Jesús Delgado Valhondo, Pacheco y Lencero; como no fui pintor, igualmente, podía inmiscuirme en el trío: Vaquero Poblador, Sánchez Boraita y José Antonio Estirado, "los iconoclastas".

Les acopañaba cuando cargados con sus trípodes y óleos se ponían a pintar, generalmente, en la ladera este del Castillo, más allá del Parque de La Legión, de cara a El Pico, la desembocadura del Rivillas y las huertas de San Roque. Casi siempre acudió Morán, ordenanza, alevín de conserje de la Diputación de Badajoz, forofo, fan, lazarillo y escudero de los tres pintores. Trabajaban entre discusiones, voces y canciones. El Toto y Boraita cantaban, con diferente estilo, cante grande, ambos cante gitano que aprendieron del Porrina y su parentela, con los que convivían por bares y fiestas; Vaquero Poblador prefería al "Trío Calaveras", a "Los Panchos" y los fados de Amalia Rodríguez, y él mismo se acompañaba con la guitarra. De pronto, como si Morán tuviera la culpa de algo que no salía bien, era floreado por los tres pinceles de los artistas, y ante la impavidez y estoica apostura de Morán, los pintores volvían sobre sus lienzos y como los encontraran no acorde con sus divinos: Gauguin, Van Gogh, Picasso y el menos conocido -por entonces- Emil Nolde, impresionante expresionista, en boca de Boraita, hasta el extremo que El Toto le decía que si era su novio, ... la emprendían contra bastidores, frascos de aguarrás, aceites, cajas de pinturas, pinceles y paletas, y se armaba tal zarabanda que aquello parecía una escena pánica. Decaído el paroxismo, ayudaban a Morán que había sido el primero en empezar a recoger trastos. Después nos íbamos todos juntos al Tabares.


"Gente de mal vivir"

En aquel tiempo, había en Badajoz gente que leía a Faulkner; muy pocos, pero había; yo mismo que imitaba a Rabindranath Tagore para enamorar; escribí por entonces mi novela "Pensión" que en Barcelona dijeron que era faulkneriana; al compás El Toto era torerillo de tientas y cercados, pero años más tarde se presentó en la Casa de la Cultura, en la Plaza de Minayo, dónde dirigía el ensayo de "La Camisa" de Lauro Olmo, si no recuerdo mal, y me nombró su mozo de espadas delante de actores, tramoyistas, electricistas y "gente de mal vivir". Acepté, entre bromas y veras, y al día siguiente me presenté en su casa, un chalet en la carretera de Sevilla, quizás el primero, junto al cruce con la entonces única carretera de Madrid que atravesaba San Roque. Entré dando voces en la habitación donde El Toto reposaba casi desnudo, en penumbras, y me hizo callar, me impresionó con un gesto majes- tuoso, dominador, de su mano izquierda. "Tú te sientas, en silencio, al lado de mi cama, y desde ahora me llamarás maestro". Yo, director de teatro, comprendí que el que manda, manda. Su cuerpo bello y poderoso -como un hombre llamado caballo- descansaba, aunque a mi me pareció con la quietud del leopardo, segundos antes de saltar sobre su presa.

Pasado el hechizo me dio tiempo a mirar en derredor. A los pies de la cama sobre un sillón de mimbre, bien colocado, había un traje corto negro, una camisa blanquísima con chorrera y un sombrero de ala ancha. En la mesilla, a mi espalda, una lamparilla, sobre el aceite de un pe- queño plato de La Cartuja, iluminaba varias estampas de la Virgen de la Soledad, un Cristo de Velázquez, supuse, y otras vírgenes de advocaciones, para mí, desconocidas. Entonces yo ya no era creyente y sabía que El Toto, tampoco. Comprendió mi mirada interrogativa y con mucha seguridad y voz susurrante me dijo: "Tú lo tienes que entender, las cosas son así".

Al poco rato entraron en el dormitorio su madre, una criada -una mujer mayor que dominaba la escena-, y dos bellas jóvenes palpitando bajo sus únicas prendas de percal, porque yo embebía todas sus curvas y sus ojos brillantes en el calor de la tarde, cuando a Badajoz le da por hacer calor. El Toto me pareció un torero lorquiano, aunque El Toto amaba a Miguel Hernández y se sabía de memoria, recitaba, los poemas de toros con ritmo monótono pero con una intención que impresionaba, con un doble sentido, en las calles y los bares, en San Francisco y San Juan, cuando Franco vivía. Picoteaba en la obra de Miguel Hernández y recitaba versos de aquí y de allá, para asombrar sin saberlo porque la gente, generalmente, sin conocimiento del poeta, creía que eran suyos.

Empezaron a vestirle mientras El Toto me recitaba con su voz, al margen de las mujeres:

                                                                     "Como el toro he nacido para el luto
                  y el dolor, como el toro estoy marcado
                  por un hierro infernal, en el costado
                  y por varón en la ingle como un fruto.
                  .....
                  Por una senda van los hortelanos
                  .....
                  Bajo su frente trágica y tremenda,
                  un toro solo en la ribera llora
                  olvidando que es toro y masculino.
                  .....
                  El toro sabe al fin de la corrida
                  donde prueba su chorro repentino,
                  que el sabor de la muerte es el de un vino
                  que el equilibrio impide de la vida.
                  .....
                  La muerte, toda llena de agujeros
                  y cuernos de su mismo desenlace,
                  bajo una piel de toro pisa y pace
                  un luminoso prado de toreros".

Quien le ponía las manos encima era la criada, la tata, como él la llamaba; la madre miraba arrobada y triste, pensando en el peligro, y que yo suponía que era la única porque los demás, como totales inconscientes, nos habíamos olvidado de lo que se proponía El Toto: torear y matar un toro en la Feria de La Albuera. La Tata metió su mano por delante de la cintura del pantalón, llegó hasta el sexo para colocárselo a la izquierda de la bragueta, que era donde cargaba. Noté, bajo el percal, los pezones turgentes de las ninfas que miraban el ajustado pantalón del torero y me sumergí en el ambiente erótico. El Toto se engrandeció gallardo, seguro y atractivo, personaje único dentro del traje que le ceñía sus tensados músculos, flotaba en el aire.

No tuve más remedio que cargar con el capote, los trastes de matar, un espadón con la funda, y gracias a la ayuda del taxista no me derrumbé ante lo que jamás había imaginado, que un capote y todo lo demás pesaran tanto. El trayecto fue en silencio. Sorprendente la algarabía y gritos al entrar en la plaza de carros de La Albuera que cerraba un camión con un cajón dónde se suponía estaba el animal.  Nos cruzamos con un fotógrafo taurino que años más tarde resultó ser un famoso escritor y querido amigo: Bernardo Víctor Carande; frente al acomodado toril, una especie de tribuna, como de localidades selectas, se sentaba mi antigua novia, con peineta y mantilla; esplendorosa en su belleza se abanicaba sonriendo al nuevo novio por el que me había abandonado. Yo llevaba jadeando la carga del arte de Cúchares y una gorrilla de rayadillo bajo la que escondí un pronto visceral, un segundo de ridículo hasta que arrojé al suelo, junto a un carro que me indicó un guardia municipal, todos los arreos.


¡Es un búfalo! 

Sin recurrir a una crónica de gacetillero taurino, que no soy, contaré que se abrió el portalón y apareció el cornúpeta, el bicho, el morlaco, y dije: "Maestro, ¡qué toro! Y El Toto, sin mirarme, me respondió seca y atributivamente: "Compañero, ¡es un búfalo!".

Después de una eternidad, recostado contra la rueda del carro, temblándome las piernas más que por la cercanía del toro, por los empujones de la gente que se tiraba al ruedo y venía hacia mi, huyendo, y yo con aquella espada, que era un espadón, que era la de Roldán y El Cid juntas, aleadas, que podía ensartar a diez mozos de La Albuera.

El Toto tuvo la mala suerte de matar a la primera. El público que quería marcha empezó a llamarnos asesinos, a tirarnos cosas, no las sentíamos, hasta que llegamos al bar de la carretera. Me tomé una copa de coñac y un vaso de agua de Seltz. Me vine a Badajoz en una Vespa de mi amigo El Florito, Florentino Buenavista, y dejé a El Toto con su apoderado, el empresario y la gente del toro, que por lo que supe más tarde, José Antonio Estirado, El Toto, hasta tuvo que pagar el toro.

José Antonio Estirado en 1978.

Después me fui al mar y El Toto a Sevilla. A la vuelta a Badajoz El Toto se dedicó a vender cuadros. Poca gente, los muy íntimos tendrán cuadros suyos de los años 60 o antes. El primer cuadro o de los primeros que vendió, algunos lo saben, fue uno que le regaló su amigo Vaquero Poblador. Uno de sus mejores mecenas fue Pedro Suárez que trabajaba en "La Marina". El Toto se inspiraba/copiaba en grandes maestros expresionistas: Modigliani, Ingres, Solana, ... y sobre todo en Edvard Munch. Conocía perfectamente su obra y su biografía, le atraían la enfermedad y la muerte. A Pedro Suarez le vendió un cuadro que más o menos reproducía "El Grito" de Munch. Al cabo de unos días El Toto se presentó en la barra de La Marina para venderle otro cuadro: "El Grito". "Pero Toto -le dijo Pedro-, si me vendiste hace tres días un cuadro igual". "Bueno, doctorcito -dijo El Toto- así tienes la parejita". El bueno de Pedro, intentando cabrearse, le mandó a hacer puñetas. El Toto recogiendo su cuadro, y mientras se marchaba, exclamó mirándole fijamente: "Pedro, ¡rojo paralelo!".

José Antonio Estirado en 1988 y en 1993.

En uno de los viajes que hice a Badajoz, precisamente para ser pregonero del primer Carnaval, 1981, me causó una gran sensación de deterioro y de tristeza la conversación que mantuve con El Toto: "Mira, Juanminguay, yo sé que no pinto como los grandes maestros, pero te aseguro que, al menos, sabré morir como ellos.

- - o - -

JUAN JOSÉ POBLADOR (Valencia de Alcántara, Cáce- res, 13.11.30) es una de las figuras más destacadas en la difícil vida cultural de la Extremadura de los 50 y 60. De profesión maestro, es autor de numerosos cuentos que publicó en el Periódico Hoy; pero su producción lite- raria más destacada son las dos novelas de temática social Pensión (Premio Elisenda de Montcada 1957), reeditada por la Editora Regional en 2002, y Canal (fina- lista del Ciudad de Sevilla 1961). Es también autor del escrito autobiográfico Diario de un carca y del estudio antropológico Conil. Iconoclasta sabático de la tertulia de Esperanza Segura, desde mediados de los 60 reside en Conil de la Frontera (Cádiz), pero dice que «Badajoz es mi casa; allí crecí, di mi primer beso, me bebí mi primer vino y escribí la primera novela».

domingo, 3 de junio de 2012

Rico, Rico



       Primera cuarentena
       y Tratado general de literatura

       Francisco Rico

       El Festín de Esopo, Barcelona 1982


       Edición digital:
       Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2008




     La literatura es un ir y venir entre la memoria y la historia. En todas las épocas y en todos los lugares (vale decir, en los dos mil quinientos años de Occidente), el poema empezó por ser un objeto verbal forjado para mantenerse en la memoria (para ser ahí releído, recitado y aun, si se quiere, redicho); y por ello se dispuso como una red de vínculos capaces de lograr que la evocación de un solo elemento arrastrara a la evocación simultánea de todos los restantes. El modo más eficaz de conseguirlo fue siempre y dondequiera (entiéndase: en Europa) hacer del poema un juego de espejos -sonidos y pausas, pies y rimas, diseños formales y diseños semánticos- que se reflejaran los unos en los otros, con el luzbélico empeño de introducir también en el lenguaje humano la fascinante invención divina de la simetría.

     El buen poema alcanza el propósito que lo define, engendra y articula: pervivir en la memoria, extenderse en el tiempo. En ambos actúa proponiendo un modelo, sugiriendo unas pautas para la creación de objetos verbales análogos. Construido como un poliedro de alindes enfrentados, invita -por simpatía- a la imitación y a la emulación. Tal es el desafío que lanza su propia naturaleza y recoge la envidiosa condición del hombre.

     La pervivencia en la memoria, la extensión en el tiempo y la concurrencia de análogos labran desde dentro un cauce que va ensanchándose por el aluvión de rasgos secundarios (ideas, temas, tonos) que en los poemas suelen acompañar a los rasgos primarios (los hasta aquí considerados exhaustivamente). Es el cauce de la historia. Trazado por obra de la memoria, con dinámica propia, la buena sociedad le asigna luego márgenes que cambian según el momento de medirlos, lo enlaza (en laberinto) con afluentes cuyas aguas corren tanto hacia adelante como hacia atrás. Ningún poema logra la plenitud si no se baña en esas corrientes, hasta metamorfosearse y metamorfosearlas: la red de vínculos del poema ha de trenzarse con la red de ríos así nacida, en un ten con ten de la memoria con la historia, de la historia con la memoria.

Julio Romero de Torres - Venus de la Poesía, 1913

Pensaba dejarlo aquí, pero ¿cómo hurtarles el placer de lo que sigue?: ¿Quién dijo que los filólogos son un coñazo? Copypasto hasta el final el "Tratado general de literatura". (Si no se enteran bien a la primera, relean que merece la pena). ¡Disfrútenlo!:

     Ejercicio. Redáctese un trabajo de unas cinco holandesas (mecanografiadas) sobre la influencia de César Vallejo en los sonetos de Quevedo, cuenta habida de que la crítica literaria es siempre válida si es válida literariamente.

     Aunque en deuda cuantiosa con los rasgos secundarios de la poesía, el ámbito de discurso acotado por la historia (silencio de un público, blanco de la página, atención de los connaisseurs) se vuelve imprescindible incluso para la mera identificación de los rasgos primarios (los amigos de Garcilaso peor educados "«no sabían si [el hendecasílabo] era verso o si era prosa»"). No digamos ya para asegurar la inteligibilidad mínima del poema (imagínese que el elemental pareado «La primavera ha venido. / Nadie sabe cómo ha sido» se cuela en una lección de meteorología) y para enriquecerlo cabalmente (por el contrario, restáurese «¿Hay ciruelos en flor? ¿Quedan violetas?» en el familiar camino de Villon y Manrique). La tradición, pues, determina la percepción, la connota.

     Pero hay más, en distinto orden de cosas. Los aficionados al uso de la poesía acostumbran a consumir también otros objetos verbales en cuyos mejores especímenes cabe rastrear ciertas semejanzas con el poema. Esas semejanzas, de hecho, son el único dato que otorga a tales objetos una entidad diversa a la de los actos lingüísticos ajenos a la poesía; genéticamente, se explican porque los mentados objetos aparecieron -y a veces desaparecieron- en fechas harto posteriores a los poemas.

     Ejemplo. Una novela tolerable no puede ser sino la artificiosa enunciación de un universo cuyos componentes -igual que en el poema y al revés que en la realidad- estén en sostenida y notoria dependencia mutua. La conformación poética de la narrativa pruébase con la autoridad de A. P. Chéjov (1860-1904): "«Si al principio de un relato se ha dicho que hay un clavo en la pared, ese clavo debe servir al final para que se cuelgue el protagonista»".

 
Osip Braz - Antón Pávlovich Chéjov , 1898 (Galería Tretiakov, Moscú)

     La frecuentación conjunta de la poesía y de los objetos en cuestión, al par que las semejanzas aludidas, ha revuelto el cauce natural por el que discurre la una con los canales facticios por donde fluyen los otros. Los rasgos primarios de la poesía circulan ahí en solución tan ligera, que el nuevo sistema fluvial -«literatura» se le ha llamado en los últimos tiempos- no se deja entender desde dentro; depende por completo del arbitrio de la historia, resuelta en acaso, sociedad, capricho. Pero los azares que cada día encarrilan la historia brindan también una comprobación retrospectiva que vale por un espléndido horizonte para la creación: la literatura ha venido a ser la máxima lengua posible. Continúa así sobre diferente tapete la partida de la memoria y la historia. En los envites van la vida y la muerte de la literatura.

     Orientación bibliográfica. Debe evitarse la lectura de T. van Dijk, Some Aspects of Text Grammars, El Haya, 1972; conviene, en cambio, refutar cuanto en el libro se dice, y en particular la opinión (página 200) de que la lengua literaria es "«un sistema de lenguaje específico de un lenguaje L, pero diferente de Ln [lenguaje estándar], describible por una gramática autónoma, pero no independiente»" (apud Fernando Lázaro, Estudios de lingüística, Barcelona, 1980, pág. 201): en verdad, es la mismísima evidencia que la literatura se distingue de los demás registros lingüísticos por la posibilidad de contenerlos a todos, de suerte que la única gramática real y completa es la gramática de la literatura.

Francisco Rico Manrique (Barcelona, 28 de abril de 1942) es filólogo, catedrático de Literaturas Hispánicas Medievales en la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro de la Real Academia Española desde 1987, así como de la Accademia Nazionale dei Lincei y la British Academy. Ha editado numerosos clásicos medievales y del Siglo de Oro español y ha escrito varias obras sobre literatura e historia medieval y renacentista, con especial atención al Humanismo. Ha dirigido asimismo la Historia y crítica de la literatura española (editada por Crítica, compuesta por nueve volúmenes, más nueve suplementos). En la actualidad dirige la colección Biblioteca Clásica, iniciada en la editorial Crítica, pero que actualmente edita Círculo de Lectores bajo las pautas del Centro para la Edición de los Clásicos Españoles que el propio Rico promovió y dirige. En 1998 ganó el XII Premio Internacional Menéndez Pelayo y en el 2004 el Premio Nacional de Investigación Ramón Menéndez Pidal. (De la Wikipedia).

sábado, 5 de mayo de 2012

Nuevo enredo: la bolsa y la vida


Eduardo Mendoza (Barcelona, 11 de enero de 1943), hijo de un fiscal y una ama de casa, estudió el primer año en una escuela de monjas de Nuestra Señora de Loreto, el siguiente en una de las Mercedarias y, finalmente, a partir de 1950, en el colegio de los Hermanos Maristas. Después de licenciarse en Derecho en 1965, viaja por Europa y al año siguiente consigue una beca en Londres para estudiar Sociología. A su regreso a Barcelona en 1967 ejerce la abogacía en la asesoría jurídica del Banco Condal, que abandona en 1973 para irse a Nueva York como traductor de la ONU. En 1983, Mendoza, que sigue ganándose la vida haciendo traducción simultánea en organismos internacionales, vuelve a su ciudad natal tras varios viajes a Ginebra, Viena y otras capitales. En 1995 comenzó a impartir clases en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. (De la Wikipedia).

El recién publicado "El enredo de la bolsa y la vida" está protagonizado por el mismo anónimo detective de "El misterio de la cripta embrujada" (1979), "El laberinto de las aceitunas" (1982) y "La aventura del tocador de señoras" (2001), ya hace tiempo expulsado del manicomio en el que residía y convertido en peluquero. Siempre en su Barcelona natal, parodiando el género policiaco, Mendoza construye con extrafalarios personajes situaciones esperpénticas que se leen con una permanente sonrisa y ocasionales carcajadas.

Desde su primera novela "La verdad sobre el caso Savolta" (1975), Premio de la Crítica, hasta "Riña de gatos. Madrid 1936" (2010), con la que obtuvo el Premio Planeta, Mendoza se ha consolidado como uno de los autores con mayor éxito de ventas. Ahora bien, si quieren degustar al mejor Mendoza, invirtiendo la proporción entre broma y gravedad mas siempre con tierna ironía, no dejen de leer "La ciudad de los prodigios" (1986), novela en que se muestra la evolución social de Barcelona entre las exposiciones universales de 1888 y 1929, considerada por la crítica literaria como su obra cumbre, y los relatos agrupados en  "Tres vidas de santos" (2009).

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"Habíamos salido a ganar: podíamos hacerlo. La, valga la inmodestia, táctica por mi concebida, el duro entrenamiento a que había sometido a los muchachos, la ilusión que con amenazas les había inculcado eran otros tantos elementos a nuestro favor. Todo iba bien; estábamos a punto de marcar; el enemigo se derrumbaba. Era una hermosa mañana de abril, hacía sol y advertí de refilón que las moreras que bordeaban el campo aparecían cubiertas de una pelusa amarillenta y aromática, indicio de la primavera. Y a partir de ahí todo empezó a ir mal: el cielo se nubló sin previo aviso y Carrascosa, el de la sala trece, a quien había encomendado una defensa firme y, de proceder, contundente, se arrojó al suelo y se puso a gritar que no quería ver sus manos tintas de sangre humana, cosa que nadie le había pedido, y que su madre, desde el cielo, le estaba reprochando su agresividad, no por inculcada menos culposa. Por fortuna doblaba yo mis funciones de delantero con las de árbitro y conseguí, no sin protestas, anular el gol que acababan de meternos. Pero sabía que una vez iniciado el deterioro ya nadie lo pararía y que nuestra suerte deportiva, por así decir, pendía de un hilo. Cuando vi que Toñito se empeñaba en dar cabezazos al travesaño de la portería rival ciscándose en los pases largos y, para que negarlo, precisos, que yo le lanzaba desde medio campo, comprendí que no había nada que hacer, que tampoco aquel año seríamos campeones". Partido de fútbol entre pacientes de un psiquiátrico con que se inicia "El misterio de la cripta embrujada" (1979).

"Lugar de aterrizaje: Sardanyola. 07:00 Cumpliendo órdenes (mías) Gurb se prepara para tomar contacto con las formas de vida (reales y potenciales) de la zona. Como viajamos bajo forma acorpórea (inteligencia pura - factor analítico 4800), dispongo que adopte cuerpo análogo al de los habitantes de la zona. Objetivo: no llamar la atención de la fauna autóctona (real y potencial). Consultado el Catálogo Astral Terrestre Indicativo de Formas Asimilables (CATIFA) elijo para Gurb la apariencia del ser humano denominado Marta Sánchez". Del comienzo de "Sin noticias de Gurb" (1991), originalmente publicado por entregas en el diario El País).

Informe del Pollo Morgan, de profesión estatua viviente ataviada de doña Leonor de Portugal, que con regia pose ha pasado toda la mañana vigilando las entradas y salidas del portal de la casa de Rómulo el Guapo, personaje enredado en el secuestro de Ángela Merkel: "A lo largo de la mañana pocas personas habían salido del edificio y menos habían entrado. De las que habían entrado, dos eran del grupo de las que previamente habían salido, y cuatro habían entrado sin haber salido antes, pero habían salido al cabo de un rato; una había entrado y todavía no había salido. De las que habían salido sin haber entrado, dos habían vuelto a entrar y los demás todavía no habían entrado. De "El enredo de la bolsa y la vida" (2012).

Fotografías frontal y posterior del alienígena Gurb bajo la
discreta apariencia del humano denominado Marta Sánchez.

jueves, 5 de abril de 2012

Diario de invierno


Acabo de terminar la lectura de Diario de invierno, el último libro del norteamericano Paul Auster (editorial Anagrama, colección Panorama de Narrativas nº 799). El anterior, Sunset Park, me lo salté a la vista de algunas críticas negativas que aparecieron tras su publicación.

Auster no cree en la causalidad sino en el azar, la "música" de fondo que todo lo cohesiona. Su narrativa es sencilla, fluida y directa pero la estructura de sus novelas es compleja: construye sus tramas desde lo cotidiano para, mediante digresiones, pasearnos por relatos y personajes que a su vez engendran más relatos y nos presentan nuevos personajes, historias dentro de las historias, novelas en la novela.

Mi adicción a Paul Auster comenzó hace ya tiempo con El Palacio de la Luna (1989), regalo de mi amigo Paco; Leviatán (1992) confirmó el hallazgo. Pero si alguien me pide opinión para adentrarse en sus ficciones creo que tampoco debería perderse las más recientes El libro de las ilusiones (2002) y Brooklyn Follies (2006).

"Habla ya antes de que sea demasiado tarde... Después de todo, se acaba el tiempo. Quizá sea mejor que de momento dejes tus historias a un lado y trates de indagar lo que ha sido vivir..." Así comienza Paul Auster este Diario de invierno, evocación de episodios de su vida desde los umbrales de la vejez. Y así termina: "Tus pies descalzos en el suelo frío cuando te levantas de la cama y vas a la ventana. Tienes sesenta y cuatro años. Afuera, la atmósfera es gris, casi blanca, no se ve el sol. Te preguntas: ¿Cuántas mañanas quedan? Se ha cerrado una puerta. Otra se ha abierto. Has entrado en el invierno de tu vida".

domingo, 1 de abril de 2012

Titanic

Hace poco se ha subastado por internet, alcanzando en la puja los quince mil dólares, uno de los cuatro dibujos que el director James Cameron realizó en 1997 para su oscarizada película Titanic. En el fotograma del film mostrado a continuación, Jack Dawson (Leonardo Di Caprio) se afana con el retrato de su amada Rose Dewitt Bukater (Kate Winslet), simplemente ataviada con un pedrusco.


El próximo día 14 de abril se cumplen cien años del accidente del Titanic. Con 46.000 toneladas de registro bruto, más de 275 m de largo, una manga de 28 m y 15 m de calado, era sin duda el trasatlántico más grande y lujoso del mundo en su tiempo.

Fue equipado con las más avanzadas tecnologías disponibles: moderna maquinaria de vapor, nuevo diseño de hélice de tres palas, potente estación de telegrafía... El casco estaba dividido con mamparos herméticos en 17 secciones independientes por lo que se creía que podía mantenerse a flote aún en caso de rotura; era considerado por la prensa de entonces como "insumergible".

"El 10 de abril de 1912, el Titanic, construido en los astilleros de Harland and Wolff en Belfast (Irlanda del Norte), inició su viaje inaugural partiendo desde Southampton (Inglaterra) con más de 2.200 personas a bordo con destino a Cherburgo, Queenstown y finalmente a Nueva York. Cuatro días más tarde, a las 23:40 del 14 de abril, el buque chocó con un iceberg al sur de las costas de Terranova, y se hundió a las 2:20 de la mañana del 15 de abril. El siniestro se saldó con la muerte de más de 1.500 personas, el peor desastre marítimo en tiempo de paz hasta el momento".

A pesar de cumplir con todas las normativas marítimas de la época, el barco sólo llevaba botes salvavidas para 1.178 personas; aún así sólo se salvaron 705. Al parecer, una de las causas del elevado número de víctimas fue el rígido protocolo de salvamento que se siguió en el proceso de evacuación de la nave: el de todos conocido "mujeres y niños primero".

 (Por cierto: dicen las malas lenguas que Schettino, comandante del crucero Costa Concordia recientemente naufragado, como no podía ser de otra manera experto conocedor de la historia de su oficio, quiso ponerse a salvo de tamaño desorden y tomó las de Villadiego -Burgos- a las primera de cambio, y a la advertencia de la marinería que desde el puente le gritaba mientras se alejaba del barco que había "mujeres a bordo" respondió que el no estaba para follar en ese momento y que, lamentándolo mucho, tenía prisa por telefonear a su preocupada madre para comunicarle que había logrado ponerse a salvo del naufragio).

Pérez-Reverte en su página Patente de Corso del XLSemanal de hoy, que fiel a su estilo aprovecha para parangonar el hundimiendo del Titanic con nuestro actual hundimiento, "la coincidencia de fechas entre el aniversario del desastre y la que está cayendo no es casual", opina que la película de Cameron es estupenda pero añade que "la mejor en mi opinión, la más rigurosa y perfecta es La última noche del Titanic dirigida por Roy Baker sobre un guión nada menos que de Eric Ambler, basado a su vez en un libro conciso y magnífico de Walter Lord, A night to remember -así se titula la película en inglés-, que ninguna de las obras posteriores logró superar nunca. El libro de Lord, publicado en 1954, acabo de verlo en bolsillo, recién editado, con el mismo título: La última noche del Titanic".

Quiero despedir esta entrada de hoy dedicándola al amigo Discrepante, experto en barcos, por haber sido el primero en realizar un comentario en este mi blog; queda emplazado para futuras colaboraciones.


Cartel de 'La última noche del Titanic' dirigida por Roy Baker en 1958.


 Ay, ay, ay, ay,
en el salón la orquesta está tocando un fox:
una canción que cual neblina resbala
hasta la sentina del vapor.

Hasta que se inundó de sal
el diapasón del violonchelo,
la orquesta del Titanic no dejó de tocar
el fox de los ahogados sin consuelo.

Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina
La Orquesta del Titanic
Sony & Javier Limón, 2012


Fotograma de 'La última noche del Titanic' recordado por Serrat y Sabina.

jueves, 22 de marzo de 2012

Houllebecq y las resmas

EL MAPA Y EL TERRITORIO de Michel Houellebecq
Anagrama, Panorama de Narrativas nº 783

El mapa y el territorio (La carte et le territoire, 2010), la última novela del francés Michel Houellebecq y con la que obtuvo el Premio Goncourt ha sido publicada por Anagrama en Panorama de Narrativas a finales del pasado año. Houellebecq era ya conocido aquí por su irreverente tríptico sobre la condición humana de nuestro tiempo: Ampliación del campo de batalla (Extension du domaine de la lutte, 1994) Las partículas elementales (Les particules élémentaires, 1998) y Plataforma (Plateforme, 2001), todas ellas también publicadas por Anagrama y con numerosas reediciones en su más barata Colección Compactos.

"Las obras y opiniones de Michel Houellebecq, muy críticas con el pensamiento políticamente correcto y con los restos de mayo del 68, le pusieron en el punto de mira de algunos medios que lo acusaron de misógino, decadente y reaccionario, lo cual sólo hizo que aumentaran su popularidad y sus ventas. Por si fueran pocos los reproches, debido a algún pasaje de su novela Plataforma donde aparece el tema del terrorismo islamista, se le sumó el de "islamófobo". Como no se puede denunciar a nadie por lo que opine un personaje de ficción, la oportunidad para sus detractores vino a raíz de una entrevista en la revista literaria Lire, publicada en septiembre de 2001, en la que afirmó que «la religión más idiota del mundo es el Islam» y que «cuando lees el Corán se te cae el alma a los pies». Fue entonces denunciado por varias agrupaciones islámicas y de derechos humanos por "injuria racial" e "incitación al odio religioso". El juicio, celebrado en París en octubre de 2002, dividió a la comunidad intelectual internacional entre defensores y detractores de la libertad de expresión y recordó el caso Rushdie. Fue absuelto de todos los cargos: el juez argumentó en la sentencia que las críticas a la religión son perfectamente legítimas en un Estado laico. Adorado por sus incondicionales (Fernando Arrabal le considera el mejor escritor francés vivo) y denostado como pornógrafo, misógino y racista por sus variados oponentes (desde puritanos religiosos a notables izquierdistas), sus libros copan los suplementos literarios, las reediciones se suceden y se traducen a numerosas lenguas." (De la Wikipedia).

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De Plataforma, pág. 312 de la edición de Anagrama en Compactos nº 335, copio lo siguiente: "En general, ya no me quedaba mucho que hacer en la vida. Compré varias resmas de papel de 21 x 29,7 para intentar poner en orden los elementos que la constituían. Eso es algo que la gente debería hacer más a menudo antes de morir. Es curioso pensar en todos esos seres humanos que viven una vida entera sin hacer el menor comentario, la menor objeción, la menor observación. No porque esos comentarios, objeciones u observaciones vayan a tener un destinatario o un sentido cualquiera; pero a fin de cuentas me parece preferible hacerlos".

     Aún no estando totalmente de acuerdo con la sentencia sobre lo que "la gente debería hacer más a menudo antes de morir", tengo que reconocer que, al menos desde la creación de este blog, tengo que contarme entre aquellos que "parecen preferir hacer comentarios, objeciones u observaciones". Es por tanto pertinente tanto la inclusión de esta cita en el blog como aprovechar para entretenerme en hacer observaciones a lo de "comprar varias resmas de papel de 21 x 29,7".
     Siempre según la RAE, resma (etimológicamente paquete) es el conjunto de veinte manos de papel. Mano, vigésima parte de la resma, es el conjunto de cinco cuadernillos de papel. Cuadernillo, quinta parte de una mano, es el conjunto de cinco pliegos. Pliego (de plegar, no lo olvidemos) es la porción o pieza de papel de forma cuadrangular doblada por el medio, pero es también (no lo olvidemos) la hoja de papel que no se expende ni se usa doblada. Folio (etimológicamente hoja) es la hoja de papel que resulta de doblar una vez el pliego de 'marca ordinaria' (papel sellado). Resumiento: una resma equivale a 20 manos, cada mano a 5 cuadernillos y cada cuadernillo a 5 pliegos; o sea que en principio una resma es un paquete de 500 pliegos de papel.
     Recuerdo de cuando aún pequeño ayudaba a despachar en la papelería de mi padre, que los pliegos se "expendían plegados" por la mitad en cuadernillos de 5 unidades; cada mitad coincidía en tamaño con un folio, que medía 215 x 315 mm, algo mayor que el actual DIN-A4 al que por extensión también denominamos folio (etimológicamente hoja). El formato mitad de folio era una cuartilla y su mitad una octavilla (cuarta y octava parte del pliego respectivamente). También existía la holandesa, de mayor ancho que el folio pero más corta (220 x 280 mm).
     Por terminar de complicarlo (o aclararlo) todo añado que en el sistema anglosajón, usado en Europa con anterioridad a la norma DIN, el tamaño letter (carta) medía 11 x 8,5 pulgadas (279 x 216 mm) y el oficio o folio 13,5 x 8,5 pulgadas (340 x 216 mm).
     DIN es el acrónimo del Deutsches Institut für Normung (Instituto Alemán para la Normalización), que en 1922 elaboró la DIN 476, responsabilidad del ingeniero berlinés Dr. Walter Porstmann, que es la que normaliza los formatos de papel. Ésta fue a su vez adoptada por la ISO (International Organization for Standardization), que la numeró con el 216, y por la mayoría de los organismos nacionales de normalización europeos. Así, la ISO 216 también fue adoptada como UNE 1011. UNE (Una Norma Española) son las que se dictan aquí, pero visto lo visto parece más justo que denominemos a los folios actuales DIN-A4 en lugar de UNE-1011, aunque sea lo mismo.
     El formato de referencia de la serie A de la norma DIN 476 es el A0 (área 0), rectángulo áureo con una superficie de 1 metro cuadrado en el que la longitud de sus lados mantiene la proporción ideal 1:√2 (1 : raiz cuadrada de 2); redondeando los milímetros resulta que el formato A0 tiene unas medidas de 841 mm x 1189 mm. A partir de aquí, los siguientes formatos, numerados correlativamente, se obtienen al cortar por la mitad el anterior por su lado más largo, de tal forma que la superficie de un formato es mitad del anterior, la proporción áurea entre sus lados se mantiene y el lado más largo del rectángulo resultante coincide con el más corto del formato anterior. Echando cuentas, una hoja DIN-A4 (casi folio) mide 210 x 297 mm y es mitad de un A3 (casi pliego), doble de un A5 (casi cuartilla) y cuádrupe de un A6 (casi octavilla).
     Como me está viniendo el recuerdo de mi padre pesando papel en un pesacartas de precisión, no quiero finalizar sin tratar otro concepto que también nos encontraremos en "las resmas de papel de 21 x 29,7", o sea, y digámoslo ya claro de una vez sin cursilerías houellebecquerianas, en los paquetes de 500 folios. El gramaje es el peso en gramos por metro cuadrado del papel y sirve también para hacernos una idea de su grosor: el papel que habitualmento consumimos, el mismo utilizado para las fotocopiadoras, tiene un gramaje en torno a los 80 g/m2. Valores mayores definen a las cartulinas y aún mayores al cartón.

PLATAFORMA de Michel Houellebecq
Anagrama, Compactos nº 299

sábado, 17 de marzo de 2012

E=mc2


SOLAR de Ian McEwan
Colección Panorama de Narrativas nº 771
Anagrama (Barcelona, 2011)

EINSTEIN -Su vida y su universo- de Walter Isaacson
Debate -Mondadori- (Barcelona, 2008)

Del inglés Ian McEwan apenas guardo memoria de su libro de relatos "Primer amor, últimos ritos" (1975) leído hace ya más de 30 años. Solar (2011), su último libro, es una entretenida sátira ambientada en el mundo académico-científico del cambio climático y las energías renovables. Pero lo mejor del libro lo obtuve de la última línea de la última página, en los agradecimientos: "Por encima de todo, estoy en deuda con Einstein, la excelente biografía de Walter Isaacson".

El referido tocho de más de setecientas páginas es un maravilloso viaje por la vida, la mente y la ciencia del hombre que cambió nuestra visión del universo; logra reflejar a Einstein como ser humano y al tiempo narrar la gestación de los nuevos conceptos físicos en la centroeuropa del primer cuarto del pasado siglo y explicarlos de forma accesible. Se lee con placer y logra que el gran científico vuelva a la vida".

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Uno de los grandes descubrimientos de Einstein fue entender que la materia y la energía son formas distintas de la misma cosa y que se relacionan mediante el cuadrado de la velocidad de la luz que se simboliza con la letra c, inicial del término latino 'celéritas'. La velocidad de la luz en el vacío es por definición una constante universal (constante de Einstein) válida para cualquier observador, de valor 299.792.458 metros por segundo. Así, en 1983, la 17ª Conferencia General de la Oficina Internacional de Pesos y Medidas definió metro como la distancia recorrida por la luz en el vacío absoluto durante un intervalo de tiempo de 1/299.792.458 de segundo.

Cuando yo iba al colegio la luz era un poco más rápida y viajaba a 300.000 kilómetros por segundo. Las definiciones de metro que tuvimos que aprender fueron la dictada por la Academia de las Ciencias francesa en 1791 como la diezmillonésima parte del cuadrante terrestre, longitud del arco que une el polo con la línea del ecuador, y la posterior de 1889 de la Comisión Internacional de Pesos y Medidas que adoptó un nuevo prototipo que se materializó en un metro patrón realizado con una aleación de platino e iridio; estos patrones estaban depositados en cofres situados en los subterráneos del pabellón de Breteuil en Sèvres, afueras de París, por aquello de protegerlos de las dilataciones y oxidaciones.

No recuerdo que explicaran, bien porque a los curas de mi colegio aún no les hubiera llegado la noticia o bien porque ese día yo faltara a clase, la definición de 1960 de la 11ª Conferencia de Pesos y Medidas: 1.650.763,73 veces la longitud de onda en el vacío de la radiación naranja del átomo del criptón 86 (por cierto, ojo con la radiación de la kryptonita verde, único material capaz de debilitar a Superman). La precisión de esta definición de 1960 era cincuenta veces superior a la del patrón de 1889; la precisión de la definición de 1983, que implica la capacidad de medir con exactitud la velocidad de la luz, es treinta veces superior a la de 1960. Y es que "hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad" como se dice en La Verbena de la Paloma.
(de la Wikipedia)

viernes, 2 de marzo de 2012

El origen del mundo

 El origen del mundo de Gustave Courbet (1886)

EL ORIGEN DEL MUNDO de Pierre Michon
(Anagrama, Panorama de Narrativas nº 797, 2012).
"Mi deseo se llamaba Ybonne y vendía Marlboro".

No creo en las bellezas que se van revelando poco a poco, a poco que nos las inventemos; sólo me importan las apariciones. Ésta me puso al instante pensamientos abominables en la sangre. Decir que era un bocado soberbio es poco. Era alta y blanca, era leche. Era algo amplio y copioso como las huríes en las Alturas; anchuroso, pero estrangulado, con la cintura apretada; si los animales tienen una mirada que no desmiente sus cuerpos, era un animal; si las reinas tienen una forma propia de llevar erguida en la columna del cuello una cabeza plena pero pura, clemente pero fatal, era la reina. Aquel rostro regio iba desnudo como un vientre; y, en él esos ojos muy claros que tienen, milagrosamente, las morenas de piel blanca, esa índole rubia secreta bajo el pelo de ala de cuervo, ese enigma de nada, si por azar posees a esas mujeres, ni los vestidos remangados ni los gritos, resuelve. Tenía entre treinta y cuarenta años. Todo en ella era conocimiento del placer, ese mismo, desde luego, en que suele pensarse, pero también ese otro que dispensaba a todos, a sí misma y a nada cuando estaba sola y dejaba de verse, sólo con apoyar las yemas de los dedos, volviendo un poco la cabeza, y entonces los discos de oro que llevaba en las orejas le tocaban la mejilla, mientras te miraba o miraba hacia otro lado, y aquel placer era agudo como una herida; lo sabía; lo llevaba con valor y con pasión. Bien está, no es posible hablar de ello; no, no es nada nacido de la arcilla: es como el latido furioso de miles de alas, en tempestad, y, no obstante, no existe materia más plana, más grávida, más ensartada en su peso. El peso de ese medio cuerpo, grácil en resumidas cuentas pese al acampanamiento de los pechos, era considerable. Unos paquetes de cigarrillos, bien colocados detrás de ella, la aureolaban. No le veía la falda, pero estaba sin embargo allí, detrás del mostrador desmesurado, imposible de levantar. La lluvia brusca, fuera, azotaba los cristales: la oía crepitar en aquella carne intacta.


After Courbet de John Currin (2008)

Otro inicio suicida

Rolla de Henri Gervex (1878)

CORAZÓN TAN BLANCO de Julián Marías (1992).

No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados. Cuando se oyó la detonación, unos cinco minutos después de que la niña hubiera abandonado la mesa, el padre no se levantó en seguida, sino que se quedó durante algunos segundos paralizado con la boca llena, sin atreverse a masticar ni a tragar ni menos aún a devolver el bocado al plato; y cuando por fin se alzó y corrió hacia el cuarto de baño, los que lo siguieron vieron cómo mientras descubría el cuerpo ensangrentado de su hija y se echaba las manos a la cabeza iba pasando el bocado de carne de un lado a otro de la boca, sin saber todavía qué hacer con él.

Inicio suicida


EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA de Gabriel García Márquez (1985).

"Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados. El doctor Juvenal Urbino lo percibió desde que entró en la casa todavía en penumbras, adonde había acudido de urgencia a ocuparse de un caso que para él había dejado de ser urgente desde hacía muchos años. El refugiado antillano Jeremiah de Saint-Amour, inválido de guerra, fotógrafo de niños y su adversario de ajedrez más compasivo, se había puesto a salvo de los tormentos de la memoria con un sahumerio de cianuro de oro".

... y más adelante, un toque ateo:
"A lo único que no accedió fue a hablar con el arzobispo para que Jeremiah de Saint-Amour fuera sepultado en tierra sagrada. El comisario, disgustado con su propia impertinencia, trató de excusarse.
- Tenía entendido que este hombre era un santo -dijo.
- Algo todavía más raro -dijo el doctor Urbino-: un santo ateo. Pero esos son asuntos de Dios".