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viernes, 5 de abril de 2013

Antonio Covarsí (4)

 
JOLA es una colección de siete poemas de Ángel Campos, traducidos al portugués por Ruy Ventura e ilustrados con otras tantas fotografías de Antonio Covarsí que, en cuidado volumen con diseño gráfico de Luis Costillo e impreso por Indugrafic, fue publicada en Badajoz en diciembre de 2003 por Del Oeste Ediciones.
 
Ángel Campos Pámpano (San Vicente de Alcántara 1957 - Badajoz 2008) poeta y reconocido traductor al español de grandes de la literatura portuguesa del siglo XX, fue un notable impulsor de las relaciones culturales entre Extremadura y Portugal. (Ver Ángel Campos: una voz extremeña y universal, necrológica de Álvaro Valverde publicada el 26.11.2008 en ABC).
 
De este poemario, que se inicia con el verso de Jorge Guillén "lo profundo es el aire" (Más allá, Cántico) y que es un tributo al poblado de Jola, situado en La Raya cerca de La Codosera, lugar que el poeta escogió como refugio y que fue arrasado por los incendios sufridos en Extremadura en 2003, dice el autor que fue reescrito tras un viaje de San Vicente de Alcántara a Jola. El viajero guardó en su retina parajes inolvidables de esas otras aldeas dispersas, rayanas con la frontera portuguesa: La Aceña, Alcorneo, El Pino, San Pedro, La Fontañera... Que el poema sea un homenaje a todos esos lugares entrañables con los que convivió su mirada. "Lo profundo era el aire antes del fuego" sentencia al final.

En las fotografías de Covarsí no hay tramas ni distorsiones. Realismo documental de duro contraste para subrayar el poder devastador del fuego que da nombre a las imágenes.
 

 

 
I / VII - EL AIRE
Que lo profundo es el aire, nos lo enseñó el poeta. Y el aire es savia en este sitio, como un don despojado, extenso, blanco, diluido en la forma elemental de toda geometría. Para llegar aquí abandonas la voz, sólo un gorjeo de aves acompaña la huella de tus pasos en el descenso interminable. Ahora es como si tus ojos se abriesen por vez primera a la novedad del mundo: plenitud de un espacio inicial, puro comienzo, recién estrenado casi para quien contempla extasiado el silencio alto de los pinos. / Por abrazar el aire me he llegado hasta aquí. Sólo por dar sentido a una carencia y rebatir la soledad.

I / VII - O AR
Que a profundidade é o ar, ensinou-nos o poeta. E o ar é a seiva neste lugar, como uma graça despojada, extensa, branca, diluída na forma elementar de toda a geometria. Para chegares aqui abandonas a voz, apenas um gorjeio de aves acompanha o rasto dos teus passos na descida interminável. Agora é como se os teus olhos se abrissem pela primeira vez à novidade do mundo: plenitude de um espaço inicial, puro começo, quase recém-estreado para quem contempla extasiado o silêncio alto dos pinheiros. / Para cingir o ar cheguei até aqui. Só para dar sentido a uma carência e afastar a solidão.

miércoles, 31 de octubre de 2012

In memóriam

Cuando a medianoche se escuche
pasar una invisible comparsa
con música maravillosa y grandes voces,
tu suerte que declina, tus obras fracasadas
los planes de tu vida que resultaron errados
no llores vanamente.
Como hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
di tu adiós a Alejandría, que se aleja.
No te engañes
NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO.
No aceptes tan vanas esperanzas.
Como hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
como corresponde a quien de tal ciudad fue digno
acércate con paso firme a la ventana,
y escucha con emoción -no con lamentos
ni ruegos de débiles- como último placer,
los sones, los maravillosos instrumentos de la
comparsa misteriosa
y di tu adiós a esa Alejandría
que pierdes para siempre.
Constandinos P. Cavafis: El dios abandona a Antonio

Tengo un par de versiones de la obra de Cavafis en español: la traducida del inglés por José María Álvarez (Hiperión, Madrid 1983) y la traducida del griego por Ramón Irigoyen (Seix Barral, Barcelona 1994), ambas reconocidas como excelentes. Pero mi versión preferida de El dios abandona a Antonio continúa siendo la incluida arriba y que aparece al principio de No digas que fue un sueño, la novela de Terenci Moix ganadora del Premio Planeta de 1986, y cuya traducción o versión desconozco si se debe al autor del libro o tiene algo que ver en ella Antonio Gala, que aparece en los agradecimientos "por el título". Quizá no sea tan fiel al original como la de los anteriores pero, además de una cuidada métrica que da ritmo al discurso, logra transcribir a la perfección el distanciamiento grave, solemne e irónico a un tiempo, que pretende Cavafis para su poema. 

Estos días atrás leía el emotivo recuerdo de unos hijos en el sepelio de su padre, viejo amigo. Sacaba a colación los asuntos del fracaso, de la tenacidad ante la adversidad y de la dignidad ante la derrota, para finalmente agradecer la herencia recibida: la música clásica y el jazz, el cine y los libros, la querencia por nuestra tierra, el valor de un vino en la peor tasca del pueblo, la alegría de los verdaderos amigos, el amor por la familia... Quizá fuera el término "fracaso" y el enfoque del panegírico lo que trajo a mi memoria el citado poema, que finalmente reacciona ante la pérdida con cierto optimismo.

Antonio Galván "El Bollo": La consolación por la filosofía (1996)
 
Por el contrario, el No volveré a ser joven de Jaime Gil de Biedma, aventajado alumno del griego Cavafis pero más "bruto", no deja el más leve resquicio al optimismo, a la esperanza. También distante e irónico, fortalece la música de su concentrado discurso con una mínima rima asonante y trata del ineludible fracaso aún sin nombrarlo.
 
También con ironía, la misma con la que se pintó y dedicó, creo pertinente dejar como ilustración el cuadro de mi amigo "El Bollo" titulado La consolación por la filosofía.

Anicius Manlius Severinus Boëthius, Boecio (Roma, 480 - Pavía, 524/525), llegó a desempeñar el cargo de "magister officiorum" (primer ministro) del rey ostrógodo Teodorico el Grande. La acumulación de tanto poder despertó los naturales celos: acusado de conspirador, fue encarcelado, torturado y, finalmente, decapitado. La obra más famosa de Boecio, culto retórico y filósofo, traductor de Aristóteles y Platón, es Consolatio philosophiae, conocida también como De consolatione philosophiae. Se trata de un diálogo entre el propio Boecio y Filosofía, personaje alegórico femenino que se le aparece a Boecio para aclararle el problema del destino, de por qué los malvados logran recompensa y los justos no. Filosofía intenta suavizar su aflicción demostrándole que la verdadera felicidad consiste en el desprecio de los bienes de este mundo... El tema se relaciona directamente con la caída en desgracia del propio Boecio, por lo cual se piensa que esta obra fue compuesta en la cárcel durante el largo año que pasó antes de ser ejecutado. (Resumen de la Wikipedia).

Recuerdo el poco latín necesario para saber que philosophiae es un genitivo que debe traducirse por de la filosofía pero se me hace más contundente traducir como La consolación por la filosofía, que al fin y al cabo es lo que llevo haciendo desde que me puse a escribir esta entrada. 

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
Jaime Gil de Biedma: No volveré a ser joven

domingo, 16 de septiembre de 2012

Fotógrafos fotografiados

Finalizado el ágape que la señora marquesa ofrecía con motivo de la primera comunión de su nieto, los invitados van abandonando el cortijo. Algo llama la atención del fotógrafo contratado para cubrir el evento, que detiene en el camino su seiscientos blanco y se acerca caminando a la puerta de la casa de Paco "el Bajo" en dónde está éste con su familia. Una foto por favor, júntense, quietos un momento, dice sujetando la cámara con la mano izquierda mientras con la derecha gesticula indicaciones para componer la imagen. Y repite: Eh, bien, júntense, quietos un momentito por favor. Sonríe satisfecho con la composición y hace la foto. Un momentito que voy a hacer otra, por favor, quietos un momento, y cuando va a disparar de nuevo, la Milana Bonita, posada sobre el hombro de Azarías, alza el vuelo.

Los santos inocentes (1984) es el título de una de las más grandes películas españolas de todos los tiempos. Basada en la novela homónima de Miguel Delibes publicada en 1981, dirigida por Mario Camus y protagonizada por Alfredo Landa, Terele Pávez y Paco Rabal, fue rodada en las ciudades extremeñas de Mérida, Zafra y Albuquerque. Por el desempeño de sus papeles, Alfredo Landa y Paco Rabal recibieron ex aequo el premio de interpretación masculina en el Festival de Cannes.

Cuenta Juan Carlos, hijo de Emilio Vidarte, el fotógrafo de Los santos inocentes, que un día llegó a la tienda un desconocido que preguntó a su padre: ¿Podrías componer con estas dos fotos una sola y además hacer que parezca vieja, muy vieja?. Su padre las miró y vio en una a Alfredo Landa y en la otra a Terele Pávez, y afirmó: Por supuesto. Al cabo de una semana pasó a recoger el trabajo, y, encantado con el resultado, le dijo: Estamos rodando una película en Alburquerque ¿te gustaría aparecer en ella haciendo de ti mismo?. Para la secuencia de su intervención, de apenas treinta segundos, estuvo yendo durante toda una semana al lugar del rodaje; dado su carácter extrovertido fue tiempo suficiente para entablar amistad con los actores, hasta el punto de que fue invitado al estreno en Madrid. La foto que retocó y que originó el cameo asoma casi de pasada en la película colgada en la pared de la choza de Paco "el Bajo".

Desde pequeño guardo recuerdos de Emilio y de "Foto Vidarte" en Virgen de La Soledad, antes Echegaray, y de "Leonardo Fotógrafo" en la calle Obispo, casi haciendo esquina con la Plaza de España, ambos en el hoy llamado Casco Antiguo de Badajoz, dónde el cuadrado formado por la calle Francisco Pizarro y la Plaza de La Soledad al norte, Arias Montano (antes La Sal) al oeste, San Juan y Plaza de España al sur y cerrado por Hernán Cortés al este, concentraba los comercios más importantes de la ciudad. Íbamos a hacernos las fotos de carnet y las de familia numerosa, a comprar película y a llevar los carretes para obtener las fotografías. Sin embargo, los reportajes familiares los hacía mi padre que también era un buen fotógrafo y, si las fotos eran en blanco y negro, las revelábamos y positivábamos en casa.


Llevaba Juan Carlos persiguiéndome desde hacía un tiempo para que fuera a hacerme una foto y así incluirme en el Libro Blanco del Museo Foto-Estudio Vidarte, que aunque de difícil definición digamos que es un mamotreto, que creo va ya por el segundo volumen, en donde el invitado deja su fotografía y lo que se le ocurra: un relato, una anécdota, una poesía, un dibujo, una dedicatoria... siempre autógrafos.

Estando una tarde de agosto por el centro, después de comer y de tomarnos unos gin-tonics viendo un partido de la selección española de baloncesto de los recién finalizados Juegos Olímpicos, nos presentamos en la tienda mi amigo Garcés "el Discrepante" y yo mismo para cumplir con la invitación.

Foto Vidarte está dónde siempre y con su fachada de siempre, desde que en 1915 (pronto cumplirá cien años) abriera la tienda José Rebollo López, abuelo materno de Juan Carlos, "pintor, dibujante, caricaturista y torero, además de director de la Escuela de Artes y Oficios de Badajoz". Emilio, padre de Juan Carlos, murió en 1985, y desde entonces el hijo regenta el negocio intentando sobrevivir, con reportajes de comuniones y bodas y restauración de fotos antiguas, en este difícil mundo de la fotografía a partir de la revolución digital.

Este simpático y autoproclamado "enreda", que posee una impresionante colección de cámaras antiguas y una de las mejores colecciones de fotos de Badajoz (él dice que la de su tío Manolo es mejor), llama a su tienda estudio, cueva, museo, gabinete sicológico y asesoría filosófica, además de garaje de la Lambretta de su padre, pero yo diría (y te regalo, Juan Carlos, este nuevo apelativo) que es un auténtico bazar de las sorpresas. Aquí dejo los ripios incluidos en el Libro Blanco y una favorecedora fotografía que le disparé al susodicho.


A Juan Carlos Vidarte Rebollo, a la manera de Lope de Vega:
"Para qué hacerlo fácil si lo puedes complicar"

                                   Un soneto me manda hacer Vidarte 
                                   a incluir en su blanco mamotreto
                                   que espero no suponga tal aprieto
                                   como a Lope el encargo de Violante.
                                             Calle La Soledad, Echegaray antes,
                                             estudio, museo, rincón de sueños:
                                             son tres generaciones de recuerdos,
                                             cerca de un siglo conservando instantes.
                                   En la foto me acompaña Garcés,
                                   de esa olímpica tarde compañero:
                                   basket con copas después de comer
                                             y pa' Vidarte a ejercer de modelos.
                                             ¿Qué el poema es chapucero?: ¡lo es!
                                             ¿Asonante?: ¡cierto! Pero "soneto".

martes, 31 de julio de 2012

Calvinismo


Italo Calvino, Las ciudades invisibles: "Las ciudades sutiles. 4".

La ciudad de Sofronia se compone de dos medias ciudades. En una está la gran montaña rusa de ríspidas gibas, el carrusel con el haz estrellado de sus cadenas, la rueda con sus jaulas giratorias, el pozo de la muerte con sus motocicletas cabeza abajo, la cúpula de circo con su racimo de trapecios colgando en el centro. La otra media ciudad es de piedra y mármol y cemento, con el banco, las fábricas, los palacios, el matadero, la escuela y todo lo demás. Una de las medias ciudades está fija, la otra es provisional y cuando ha terminado su tiempo de estadía, la desclavan, la desmontan y se la llevan para trasplantarla en los terrenos baldíos de otra media ciudad.

Así todos los años llega el día en que los peones desprenden los frontones de mármol, deshacen los muros de piedra, los pilones de cemento, desmontan el ministerio, el monumento, los muelles, la refinería de petróleo, el hospital, los cargan en remolques para seguir de plaza en plaza el itinerario de cada año. Ahí se queda la media Sofronia de los tiros al blanco y los carruseles, con el grito suspendido de la navecilla de la montaña rusa invertida, y empieza a contar cuántos meses, cuántos días tendrá que esperar antes de que la caravana regrese y la vida entera vuelva a empezar.

M. C. Escher, Day and night (1938)

Ya hace mucho supe de Italo Calvino con "El barón rampante", segunda parte de su trilogía de fábulas "Nuestros Antepasados" (la primera fue "El vizconde demediado" -dimezzato, en italiano- y la tercera "El caballero inexistente"): Cósimo Piovasco de Rondó, a la temprana edad de 12 años, rebelándose contra la tiranía familiar, se encarama a una encina del parque de la casa paterna... y no vuelve nunca a bajarse de los árboles ni aún en su muerte. Sin embargo este empecinamiento no lo convierte en un misántropo; antes al contrario, el barón es un personaje participativo, consagrado al bienestar de los otros, pero guardando siempre una distancia que permite ver mejor las cosas.

Más tempranamente que Cósimo y quizá rebelándome también contra la tiranía familiar, yo fui un niño rampante: mi infancia son recuerdos del jardín de un chalet de Badajoz; había melias y acacias mimosas (también un limonero, benjamín aún, sujeto a un rodrigón, que me temo no tuviera tiempo de madurar antes del derribo). Pero mi árbol no fue una encina sino una enorme morera a la que me encaramaba ayudado por unas puntas que había clavado con una piedra al tronco. Me gustaba permanecer al resguardo de su frondosa copa las luminosas mañanas frescas del verano y observar el suelo desde cierta distancia... Pero dejemos de andarnos por tan poéticas ramas y volvamos a lo que íbamos.


M. C. Escher, Balcony (1945)

Posteriormente quedé prendado de los relatos agrupados con el título "Los amores difíciles" (veo el volumen profusamente subrayado con una anotación bajo el título que dice "excelente, el relato minucioso de la normal cotidianeidad" pero no pude con "Todas las cosmicómicas". Sí me interesó "Por qué leer los clásicos" ("un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir") que forma parte de los volúmenes de textos inéditos que dejó Calvino al fallecer en 1985 y que presenta gran parte de los ensayos y artículos del autor sobre "sus clásicos".

En uno de los Babelia del pasado mayo, dedicado a la última Feria del Libro de Madrid, apareció una selección de Justo Navarro de libros de autores italianos, todos conocidos, titulada "Medio siglo en ocho fuentes". De "Las ciudades invisibles" (Ediciones Siruela, colección Biblioteca Calvino nº 3) escrito en 1972, dice que según Natalia Ginzburg es el libro más bello de Calvino y que aceptando la confusión de géneros, es interesante confrontar "Las ciudades..." con la mejor poesía que entonces se publicaba.

M. C. Escher, Print gallery (1947)

Clasificadas en 11 series, cada una de 5 textos numerados, se describen desordenadas 55 ciudades imaginarias con nombre de mujer, fuera del espacio y del tiempo. Libro poliédrico, vale tanto empezar por el principio como por el final o por el medio: hay que dar vueltas hasta perderse, pero sobre todo releer.

La leve trama argumental, destacada en cursiva, es la descripción de los encuentros del viajero Marco Polo con Kublai Kan, emperador de los tártaros, para dar cuenta de sus viajes por las ciudades del imperio. Pero pronto el Gran Kan advierte el mecanismo de las narraciones del viajero y ya "su mente partía por cuenta propia, y desmontaba la ciudad parte por parte, la reconstruía de otro modo, sustituyendo ingredientes, desplazándolos, invirtiéndolos. Entretanto Marco seguía contando su viaje, pero el emperador ya no lo escuchaba, lo interrumpía: De ahora en adelante seré yo quien describa las ciudades y tú verificarás si existen y si son como yo he pensado".

"Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero esos trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos. Mi libro se abre y se cierra con las imágenes de ciudades felices que cobran forma y se desvanecen continuamente, escondidas en las ciudades infelices", dice Calvino en la nota preliminar.

M. C. Escher, Convex and concave (1955) 

Italo Calvino, Las ciudades invisibles: "Las ciudades y los intercambios. 2".

En Cloe, gran ciudad, los personas que pasan por las calles no se conocen. Al verse imaginan mil cosas las unas de las otras, los encuentros que podrían ocurrir entre ellas, las conversaciones, las sorpresas, las caricias, los mordiscos. Pero nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, buscan otras miradas, no se detienen.

Pasa una muchacha que hace girar una sombrilla apoyada en su hombro, y también un poco la redondez de las caderas. Pasa una mujer vestida de negro que representa todos los años que tiene, los ojos inquietos bajo el velo y los labios trémulos. Pasa un gigante tatuado; un hombre joven con el pelo blanco; una enana; dos mellizas vestidas de coral. Algo corre entre ellos, un intercambio de miradas como líneas que unen una figura con otra y dibujan flechas, estrellas, triángulos, hasta que en un instante todas las combinaciones se agotan y otros personajes entran en escena: un ciego con un guepardo sujeto por una cadena, una cortesana con abanico de plumas de avestruz, un efebo, una mujer descomunal. Así entre quienes por casualidad se juntan bajo un soportal para guarecerse de la lluvia, o se apiñan debajo del toldo del bazar, o se detienen a escuchar la banda en la plaza, se consuman encuentros, seducciones, copulaciones, orgías, sin cambiar una palabra, sin rozarse con un dedo, casi sin alzar los ojos.

Una vibración lujuriosa mueve continuamente a Cloe, la más casta de las ciudades. Si hombres y mujeres empezaran a vivir sus efímeros sueños, cada fantasma se convertiría en una persona con quien comenzar una historia de persecuciones, de simulaciones, de malentendidos, de choques, de opresiones, y el carrusel de las fantasías se detendría.

 
M. C. Escher, Reptiles (1943)

 Maurits Cornelis Escher, más conocido como M. C. Escher
 (Leeuwarden, Países Bajos, 1898 - Hilversum, Países Bajos,
 1972), artista holandés, famoso por sus grabados en madera,
 xilografías y litografías que tratan sobre figuras imposibles,
 teselados y mundos imaginarios. Su obra experimenta con
 diversos métodos de representar perspectivas y espacios
 paradójicos. No fue un estudiante brillante y sólo llegó a
 destacar en las clases de dibujo. Comenzó estudios de
 arquitectura que abandonó poco después para interesarse
 por las artes gráficas. Adquirió unos buenos conocimientos
 de dibujo y destacó en la técnica de grabado en madera que
 llegó a dominar con gran maestría: a lo largo de su carrera
 realizó más de 400 grabados y también unos 2.000 dibujos
 y borradores.

 Paisajes: perspectivas y figuras imposibles.
 Metamorfosis y Ciclos: simetría y equilibrio. 

 M. C. Escher, High and low (1947)

viernes, 20 de julio de 2012

Toto Estirado + (IV)

Toto Estirado, portada y contraportada de la revista Tamar IV.

El número 4 de la revista literaria Tamar, editada en 2004 por el IES Bachiller Diego Sánchez de Talavera la Real, está ilustrado con pinturas de Toto Estirado cedidas por la Galería Acuarela y la TotoGallery. Entre otros artículos incluye el texto de Paco Portalo "Doctorsito, tócate un blues en LA", ya vertido en el post anterior, un par de poemas de "Apocalipsis para uno" de Alfredo Liñán y la poesía de Ángel Campos "Pie desnudo", todo ello dedicado a la memoria del pintor.

Toto Estirado, Una María (1992).

                Hansel y Grettel... de Alfredo Liñán
                                                                         (en Apocalipsis para uno)

                                   Hansel y Grettel juegan en tus sueños
                                   de bosques encantados donde el mágico
                                   espectro de la bruja colorea
                                   de fantasía los árboles dormidos.

                                   El agua se detiene estremecida
                                   recostando su paso en el misterio
                                   de orillas asombradas y susurros
                                   dormidos en los vértices del viento.

                                   (La bruja busca a Hansel escondida
                                   en su disfraz de dulce y caramelo
                                   y Grettel sueña una mar de golosinas
                                   en el metal del agua y su reflejo
                                   se transforma en espejo donde Alicia
                                   congela eternamente el desencanto
                                   de su rubia melena ensortijada.)

                                   No hay pájaros, ni ruidos, ni canciones,
                                   ni nada más que el tiempo suspendido
                                   en la tarde sin fin de tus pinceles.

Toto Estirado, Bodegón (1992) 46 x 55 cm, óleo sobre lienzo.

              Pie Desnudo de Ángel Campos
                                                                 (A la memoria de Toto Estirado)

              Se queda aquí la luz,
                                                inusitada y limpia,
              en la sombra secreta
                                                 de los colores.

              Hay un jarrón de flores lilas al borde de la muerte.

              Una mujer de espaldas
                                                    rosas rojas
                                                                       limones
              contra el fondo moteado y simple del paisaje.

              Que su pintura no es sino la urgencia
              de vivir o estallar en cualquier parte,
              la impaciencia de darse a tanta muerte,
              a tanta soledad, a tanto frío,
              y a ese ritmo sordo que crece dentro
              y que no puede compartirse.

              Hay un autorretrato de torero
                                                             y un homenaje a Much
              y un bodegón azul con un cuchillo,
                                                                      como en un silencio plano
              que engendra el grito,
                                                 la herida abierta,
                                                                            el dolor final del pie desnudo.

              Que la luz se quede aquí,
                                                        inusitada y limpia,
              a la sombra secreta
                                               de tus colores.

Toto Estirado, Paisaje monocromo (1992) 30 x 40 cm, óleo sobre táblex.

Los cuadros "monocromos" (arriba) no son un ejercicio de estilo o la búsqueda de nuevas posibilidades de expresión sino producto de la escasez de pintura; mejor dicho, de la falta de tubos de pintura. "La flecha del tiempo" (debajo) es título del "ingeniero": la firma E en la esquina inferior derecha vale tanto para Estirado como para Entropía (ver en el blog "Ilya Prigogine"). El cuadro "Ajedrez" (debajo) es un "análisis conceptual" realizado por encargo para el cartel de un campeonato: cuadriculado desorden de escaques, piezas con descripción de sus movimientos, una cerradura que veta el acceso a los no iniciados, toques de color, sugerencias de complejidad y ¿aleatoriedad? e incluso un jaque.

Toto Estirado, La flecha del tiempo (1981) 46 x 55 cm, acrílico sobre táblex.

 Toto Estirado, Ajedrez (1993) 60 x 73 cm, óleo sobre táblex.

viernes, 22 de junio de 2012

Toto Estirado + (I)


Apocalipsis para uno
Alfredo Liñán Corrochano
(Dibujos Toto Estirado)
Del Oeste Ediciones, Editora Regional de Extremadura
Badajoz, Octubre de 1997

"José Antonio Estirado, Toto, fue, hasta su muerte, el 12 de julio de 1994, un personaje singular de la bohemia en Badajoz. Su figura ascética y desastrada, de hombros caídos y mirada inquieta, aún es recordada por muchos ciudadanos que, quizá en un rincón de sus casas, conservan alguna de sus pinturas. Toto exprimió su vida en la urgencia y el absurdo del propio vivir. Su autodestrucción fue un verdadero apocalipsis que bebió sorbo a sorbo". (De la solapilla del libro).

Es muy poco lo que encuentro de Toto Estirado en internet. Me he propuesto recopilar lo que pueda e irlo trayendo hasta aquí en dos o tres entradas. He comenzado por escanear las imágenes que aparecen en el libro arriba reseñado. La apertura de "los siete sellos" (Apocalipsis de San Juan), de consecuencias devastadoras, sirve de hilo conductor para que Alfredo aliñe una veintena de poemas elegíacos inspirados en la figura de Toto y en sus pinturas. Como en el libro no aparecen los títulos de los cuadros (si es que los tienen) me tomo la libertad de inventarlos.

Toto Estirado - Paisaje: Árboles y río

Toto Estirado - Retrato: Una María (1991)

Toto Estirado - Marina: Veleros en el mar

Toto Estirado - Bodegón: Florero con rosas rojas y amarillas y limones

Toto Estirado - Paisaje: Dehesa con encinas

Toto Estirado - Paisaje: Torre de Espantaperros (09.1992)

Toto Estirado - Paisaje: Otoño, árboles y charcas (1994)

Toto Estirado - Crucifixión: El grito (01.1993)

Toto Estirado - Anotaciones (Mayo-Octubre 1992)

       RÉQUIEM POR TOTO ESTIRADO 
       Hoy he sabido al fin lo de tu muerte
       y he puesto el pulso y la memoria en vilo,
       te fuiste de la vida con sigilo
       como habitaste en ella, de tal suerte
       que la ciudad se asola por tenerte
       como te tuvo siempre en el olvido
       y cuando vuelva buscaré abatido
       su foto bajo el arco de tus cejas,
       te buscaré por bares y callejas
       como si no supiera que te has ido.

José María Lafuente. Málaga, 1995.

Munch, El Grito (1893). Oslo, Galeria Nacional Noruega.

domingo, 17 de junio de 2012

El lagarto está llorando

(A mademoiselle Teresita Guillén
tocando su piano de seis notas)

          El lagarto está llorando.
          La lagarta está llorando.
          El lagarto y la lagarta
          con delantalitos blancos.
          Han perdido sin querer
          su anillo de desposados.
          ¡Ay, su anillito de plomo,
          ay, su anillito plomado!
          Un cielo grande y sin gente
          monta en su globo a los pájaros.
          El sol, capitán redondo,
          lleva un chaleco de raso.
          ¡Miradlos qué viejos son!
          ¡Qué viejos son los lagartos!
          ¡Ay, cómo lloran y lloran,
          ay, ay, cómo están llorando!

Federico García Lorca
Canciones, 1921-1924

Recordemos las palabras de Francisco Rico, que vienen al caso: "El poema empezó por ser un objeto verbal forjado para mantenerse en la memoria (para ser ahí releído, recitado y aun, si se quiere, redicho)... El buen poema alcanza el propósito que lo define, engendra y articula: pervivir en la memoria, extenderse en el tiempo" (ver entrada "Rico, Rico" del 03.06.2012). Me voy a tomar la licencia, además, de considerar que este poema constituye todo un "tópico" en cuanto lugar común de la infancia de muchos de nosotros.

Quizá sea éste el primer recuerdo poético que tengo. Creo que los versos aparecían en un libro de lectura escolar de Edelvives y era tarea del colegio memorizar el poema para después interpretarlo en clase (elevar las manos y la mirada al cielo para a continuación bajar los brazos trazando un círculo, mientras se declamaba "el sol, capitan redondo", y ese tipo de cosas).

Cuando lo aprendí no sabía quien era Lorca, ni que los lagartos ya venían de serie con delantalitos blancos, ni que los que lloran lágrimas fingidas para obtener ventaja de los incautos son los cocodrilos, más grandes y fieros, devoradores de ñus en los ríos que riegan el Serengueti. Tampoco que los lagartos no se casaban por la iglesia y que los anillitos de plomo son cosa de naturalistas y no de curas, ni que el que sean plomados aunque de oro sean es porque, al decir de algunos, los anillos de desposados son tan pesados que se necesitan dos personas para llevarlos y, en ocasiones, ayuda de una tercera o más.

"El lagarto está llorando" está dedicado a Teresa Guillén, hija de Jorge Guillén, poeta de la Generación del 27 Premio Cervantes. Pertenece al poemario "Canciones (1921-1924)", publicado en 1927, que se organiza en once secciones: la tercera, titulada "Canciones para niños", recoge este poema.

Son composiciones breves, con paralelismos y estribillos típicos de las canciones populares, vivas en su tiempo. La naturaleza, el paisaje, están constantemente presentes: el día y la noche, el sol y la luna (*1), el cielo, el campo, los animales, las plantas, la fuente... No son poemas discursivos sino collages ("retablos" decía el poeta) de imágenes relacionadas.
(*1) De la primera sección titulada "Teorías" transcribo este "Arlequín":
Teta roja del sol. / Teta azul de la luna. / Torso mitad coral, / mitad plata y penumbra.

Influido por los modernistas (*2), en estas composiciones hay humor, ironía, sensualidad, pero también cierto patetismo: la angustia por la pérdida de la infancia (irrecuperables "estos días azules y este sol de la infancia", último verso de Machado encontrado en el bolsillo de su abrigo) y la idea de la muerte como destino de la vida (al final del poema no queda claro si los lagartos lloran desconsola- damente por la pérdida de su anillo de desposados o por lo viejos que son).
(*2) Del modernista Rubén Darío es esta "sensual y patética" princesa, extraída de mi memoria de una casilla vecina a la del poema de Lorca:
La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

Música, colorido, fantasía, ternura... y tristeza. Me confieso más machadiano que lorquiano pero debo reconocer que este poema me emociona ahora más que antes: cosas de la edad, del conocimiento y sobre todo de la nostalgia, supongo.


     La empresa Lambertz, fabricante de dulces y galletas, edita anualmente un calendario considerado el "Pirelli" alemán por la sensualidad de sus imágenes. José Manuel Ferrater se ha encargado de fotografiar a Paz Vega, protagonista de la edición de 2012. Esta es la lámina correspondiente al mes de noviembre a la que he eliminado los números porque distraen.
     En esta cuidada instantánea, no me negarán que folclóricamente lorquiana, aparece Paz con pose de lagarta (ojo, también sinónimo de pícara) como exige el guión, ataviada con un delantalito azul; al haber perdido su anillito está muy seria, aunque no llega al llanto porque, para paliar el disgusto, la han colmado de brazaletes y pulseras y le han dado una lata de galletas de las que no engordan.
     Algunos opinan que no sé ya que hacer para sacar mujeres ligeras de ropa o sin ella en este mi blog: estoy totalmente de acuerdo. No se pueden imaginar el trabajo que me tomo en buscar estas imágenes para ilustración de un texto o, también, para escribir todo un texto que justifique mostrar estas imágenes.

domingo, 3 de junio de 2012

Rico, Rico



       Primera cuarentena
       y Tratado general de literatura

       Francisco Rico

       El Festín de Esopo, Barcelona 1982


       Edición digital:
       Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2008




     La literatura es un ir y venir entre la memoria y la historia. En todas las épocas y en todos los lugares (vale decir, en los dos mil quinientos años de Occidente), el poema empezó por ser un objeto verbal forjado para mantenerse en la memoria (para ser ahí releído, recitado y aun, si se quiere, redicho); y por ello se dispuso como una red de vínculos capaces de lograr que la evocación de un solo elemento arrastrara a la evocación simultánea de todos los restantes. El modo más eficaz de conseguirlo fue siempre y dondequiera (entiéndase: en Europa) hacer del poema un juego de espejos -sonidos y pausas, pies y rimas, diseños formales y diseños semánticos- que se reflejaran los unos en los otros, con el luzbélico empeño de introducir también en el lenguaje humano la fascinante invención divina de la simetría.

     El buen poema alcanza el propósito que lo define, engendra y articula: pervivir en la memoria, extenderse en el tiempo. En ambos actúa proponiendo un modelo, sugiriendo unas pautas para la creación de objetos verbales análogos. Construido como un poliedro de alindes enfrentados, invita -por simpatía- a la imitación y a la emulación. Tal es el desafío que lanza su propia naturaleza y recoge la envidiosa condición del hombre.

     La pervivencia en la memoria, la extensión en el tiempo y la concurrencia de análogos labran desde dentro un cauce que va ensanchándose por el aluvión de rasgos secundarios (ideas, temas, tonos) que en los poemas suelen acompañar a los rasgos primarios (los hasta aquí considerados exhaustivamente). Es el cauce de la historia. Trazado por obra de la memoria, con dinámica propia, la buena sociedad le asigna luego márgenes que cambian según el momento de medirlos, lo enlaza (en laberinto) con afluentes cuyas aguas corren tanto hacia adelante como hacia atrás. Ningún poema logra la plenitud si no se baña en esas corrientes, hasta metamorfosearse y metamorfosearlas: la red de vínculos del poema ha de trenzarse con la red de ríos así nacida, en un ten con ten de la memoria con la historia, de la historia con la memoria.

Julio Romero de Torres - Venus de la Poesía, 1913

Pensaba dejarlo aquí, pero ¿cómo hurtarles el placer de lo que sigue?: ¿Quién dijo que los filólogos son un coñazo? Copypasto hasta el final el "Tratado general de literatura". (Si no se enteran bien a la primera, relean que merece la pena). ¡Disfrútenlo!:

     Ejercicio. Redáctese un trabajo de unas cinco holandesas (mecanografiadas) sobre la influencia de César Vallejo en los sonetos de Quevedo, cuenta habida de que la crítica literaria es siempre válida si es válida literariamente.

     Aunque en deuda cuantiosa con los rasgos secundarios de la poesía, el ámbito de discurso acotado por la historia (silencio de un público, blanco de la página, atención de los connaisseurs) se vuelve imprescindible incluso para la mera identificación de los rasgos primarios (los amigos de Garcilaso peor educados "«no sabían si [el hendecasílabo] era verso o si era prosa»"). No digamos ya para asegurar la inteligibilidad mínima del poema (imagínese que el elemental pareado «La primavera ha venido. / Nadie sabe cómo ha sido» se cuela en una lección de meteorología) y para enriquecerlo cabalmente (por el contrario, restáurese «¿Hay ciruelos en flor? ¿Quedan violetas?» en el familiar camino de Villon y Manrique). La tradición, pues, determina la percepción, la connota.

     Pero hay más, en distinto orden de cosas. Los aficionados al uso de la poesía acostumbran a consumir también otros objetos verbales en cuyos mejores especímenes cabe rastrear ciertas semejanzas con el poema. Esas semejanzas, de hecho, son el único dato que otorga a tales objetos una entidad diversa a la de los actos lingüísticos ajenos a la poesía; genéticamente, se explican porque los mentados objetos aparecieron -y a veces desaparecieron- en fechas harto posteriores a los poemas.

     Ejemplo. Una novela tolerable no puede ser sino la artificiosa enunciación de un universo cuyos componentes -igual que en el poema y al revés que en la realidad- estén en sostenida y notoria dependencia mutua. La conformación poética de la narrativa pruébase con la autoridad de A. P. Chéjov (1860-1904): "«Si al principio de un relato se ha dicho que hay un clavo en la pared, ese clavo debe servir al final para que se cuelgue el protagonista»".

 
Osip Braz - Antón Pávlovich Chéjov , 1898 (Galería Tretiakov, Moscú)

     La frecuentación conjunta de la poesía y de los objetos en cuestión, al par que las semejanzas aludidas, ha revuelto el cauce natural por el que discurre la una con los canales facticios por donde fluyen los otros. Los rasgos primarios de la poesía circulan ahí en solución tan ligera, que el nuevo sistema fluvial -«literatura» se le ha llamado en los últimos tiempos- no se deja entender desde dentro; depende por completo del arbitrio de la historia, resuelta en acaso, sociedad, capricho. Pero los azares que cada día encarrilan la historia brindan también una comprobación retrospectiva que vale por un espléndido horizonte para la creación: la literatura ha venido a ser la máxima lengua posible. Continúa así sobre diferente tapete la partida de la memoria y la historia. En los envites van la vida y la muerte de la literatura.

     Orientación bibliográfica. Debe evitarse la lectura de T. van Dijk, Some Aspects of Text Grammars, El Haya, 1972; conviene, en cambio, refutar cuanto en el libro se dice, y en particular la opinión (página 200) de que la lengua literaria es "«un sistema de lenguaje específico de un lenguaje L, pero diferente de Ln [lenguaje estándar], describible por una gramática autónoma, pero no independiente»" (apud Fernando Lázaro, Estudios de lingüística, Barcelona, 1980, pág. 201): en verdad, es la mismísima evidencia que la literatura se distingue de los demás registros lingüísticos por la posibilidad de contenerlos a todos, de suerte que la única gramática real y completa es la gramática de la literatura.

Francisco Rico Manrique (Barcelona, 28 de abril de 1942) es filólogo, catedrático de Literaturas Hispánicas Medievales en la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro de la Real Academia Española desde 1987, así como de la Accademia Nazionale dei Lincei y la British Academy. Ha editado numerosos clásicos medievales y del Siglo de Oro español y ha escrito varias obras sobre literatura e historia medieval y renacentista, con especial atención al Humanismo. Ha dirigido asimismo la Historia y crítica de la literatura española (editada por Crítica, compuesta por nueve volúmenes, más nueve suplementos). En la actualidad dirige la colección Biblioteca Clásica, iniciada en la editorial Crítica, pero que actualmente edita Círculo de Lectores bajo las pautas del Centro para la Edición de los Clásicos Españoles que el propio Rico promovió y dirige. En 1998 ganó el XII Premio Internacional Menéndez Pelayo y en el 2004 el Premio Nacional de Investigación Ramón Menéndez Pidal. (De la Wikipedia).

sábado, 26 de mayo de 2012

Ubi sunt?

Edward Hopper - Morning Sun, 1952

Me disponía a aprovechar unas notas para continuar filosofando sobre el tiempo pero desde una perspectiva más literaria en lugar de mayormente científica, como ya sucedió en la entrada dedicada a un libro de Prigogine que trataba sobre su nacimiento (ver post del 30.04.2012), y pensaba adornarme con una introducción que incluyera referencias al tópico "carpe diem". Mas heme aquí que, escarbando entre mis papeles para documentarme, he encontrado unas estupendas guías didácticas del Grupo de Trabajo "Trípode" (Centro de Profesores, Badajoz 1993), servidas en su día por El Coyote, integrante del grupo, editor de la documentación y amigo, y que hojeando las antologías que complementan las guías me he encontrado con un estimulante poema anónimo del Siglo de Oro, que transcribo a continuación y que modifica el tema y el tópico a tratar originalmente previstos:

Sobre un desdichado lecho
que el medio no se ocupaba,
una hermosa viuda triste
su malogrado lloraba.

¿Dó está el consuelo que en ti
mil veces me consolaba,
el que viniendo furioso
cordero manso quedaba?

Tópico, como sustantivo y según la RAE, significa "lugar común, idea o expresión muy repetida". Lugares comunes que la retórica antigua convirtió en fórmulas o clichés fijos y admitidos en esquemas conceptuales o formales, del pensamiento o de la expresión,  que podemos rastrear en sus orígenes e influencias y de los que desde entonces han venido sirviéndose los escritores con frecuencia.

La mayoría de los tópicos proceden de la literatura clásica grecolatina y se han transmitido en su formulación latina. "Ubi sunt?" es un tópico literario muy utilizado en la Edad Media. Viene de la frase "Ubi sunt qui ante nos in hoc mundo fuerunt?" (¿dónde están o qué fue de quienes vivieron antes que nosotros?). Pero la pregunta no tiene que versar sólo sobre hombres, sino sobre cualquiera de las experiencias y las cosas del mundo: ¿Dó está el consolador que me consolaba?, lloraba la hermosa viuda triste.

"Ubi sunt?" es un paradigma de la figura retórica denominada erotema, formulación de una pregunta que no espera respuesta, y es precisamente esta falta de respuesta la que induce a la reflexión, a idealizar los recuerdos, a evocar el pasado para reencontrarse con sentimientos, personas y lugares del ayer, a añorar lo perdido o incluso lo que pudo ser. (Me temo que la única respuesta a "¿dónde están o qué fue de todo aquello?" sea "carpe diem", tópico que, retomando mis notas, amenazo con traer otro día).

"Ubi sunt?" también puede servirse de la anáfora, que consiste en la repetición de una o varias palabras al principio de un verso o enunciado, uno de los recursos utilizado por Jorge Manrique en las "Coplas por la muerte de su padre":
          "¿Qué se ficieron las damas, / sus tocados, sus vestidos, / sus olores?
          ¿Qué se ficieron las llamas / de los fuegos encendidos / de amadores?"

Termino con otra muestra más, extraída de la Wikipedia:
Otro uso muy particular de la expresión latina "Ubi Sunt?" tuvo lugar en el Condado de Urgel, dónde desde finales de 1238 y hasta la fecha, el término se ha hecho ámpliamente popular desde que un día comenzó a ser utilizado por los parroquianos locales cuando cruzaban frente a la casa principal de la Comarca de Solsonès, dónde entonces residía y gobernaba el Conde Don Ermengol IX de Urgel, quien (ahora se cree que injustamente) fue vituperiado pública y diariamente durante un año y hasta su muerte por un grupo de ancianas que siempre que pasaban por su balconcillo, burlándose, le gritaban desde la calle "¡Ubi Sunt! ¡Ubi Sunt!", culpándolo de haber robado dos gansos a su vecina.

Y es que el latín, administrado con vehemencia, mata. Sirva como ejemplo la cantidad de óbitos que produce la extremaunción.

 Edward Hopper - Eleven AM, 1926

 Edward Hopper - Morning in a City, 1944

Completado el texto hay que encontrar las ilustraciones pertinentes. La sorpresiva finalización humorística del poema anónimo del siglo de oro incluido arriba contrasta con la dramática nostalgia y soledad de la hermosa viuda triste expresadas en los primeros versos a través de la introducción del tópico "ubi sunt?".

Tristeza y soledad son características de la pintura del norteamericano Edward Hopper (Nyack, 22 de julio de 1882 - Nueva York, 15 de Mayo de 1967) que muestro aquí. Encuadres muy estudiados que sitúan la desnuda figura femenina iluminada por el sol de la mañana que se cuela por una ventana abierta en una habitación en penumbra, que mira ensimismada hacia un exterior que se le muestra ajeno. Impersonal distanciamiento de voyeur en la ejecución, vida detenida, silencio que enfatiza los pensamientos de la mujer.

Gloria Otero en su artículo "El amor de Hopper" (XLSemanal del 27.05.2012) describe al pintor como un hombre altísimo, tímido, solitario, taciturno, metódico y conservador, en contraste con su esposa, Josephine Verstille, bajita, alegre, sociable y liberal, con la que mantuvo una sólida relación tormentosa llena de discusiones y peleas y que no quería que ninguna otra mujer posara para él.


 Edward Hopper - A woman in the Sun, 1961