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domingo, 12 de mayo de 2013

Antonio Covarsí (5)

Por la serie Distorsiones, Antonio Covarsí obtuvo Mención Honorífica en los Premios Constitución de 1990. El vencedor de aquella primera edición de fotografía fue el madrileño Juan Manuel Castro Prieto por la colección Mundos interiores. Las imágenes que aquí aparecen están escaneadas del catálogo Premios Constitución 1990 Fotografía, Editora Regional de Extremadura (Septiembre 1991). Los títulos de las siete fotografías son Distorsión I... a Distorsión VII (que fue Premio Mezquita del Concurso Nacional Ciudad de Córdoba 1990).

En el catálogo deja escrito el propio Antonio lo siguiente:
La colección de desnudos, presentada a los Premios Constitución 1990, forman parte de un extenso trabajo sobre la "distorsión", realizado durante los tres últimos años y que inicié con la serie Vidrio (en 1988), en la que presentaba una botella, florero, recipiente de cristal, con una imagen real y su distorsión, provocada con la manipulación de espejos.
En una segunda fase, continué distorsionando imágenes, esta vez partiendo de desnudos, y creando unos fondos a veces abstractos, donde se integraban los desnudos manipulados por mí. En esta serie, quedaba el resultado final a caballo entre el realismo y la abstracción. La imagen es evidentemente un desnudo, pero parece como diluirse en el espacio, tomando formas que he intentado que fueran sugerentes, irreales.
Por último finaliza la colección con otra serie, ésta en color, en la que el objeto fotografiado son flores cuyos fondos complementan a la imagen, tanto por los colores como por las formas.
La serie Vidrio (25 fotografías) ha sido expuesta hasta la fecha en Ubrique y Segovia. La serie Desnudos (30 obras) fue expuesta conjuntamente con la de Vidrios en Reus, Sabadell, Tarrasa y Manresa. Las Flores, serie aún no cerrada, permanece inédita.
Badajoz, enero 1991








 
 
María Eulalia Martínez Zamora en su estupendo estudio Antonio C. Covarsí. De la manipulación a la distorsión (Norba-Arte nº 14-15, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura, 1994-1995) dice de estas Distorsiones que pertenecen a la serie Desnudos, compuesta por un total de 40 fotos en blanco y negro formato 40 x 50 cm. y que fue realizada entre 1989 y 1990: "En la elaboración de estas imágenes el objeto literal (desnudo femenino) ha sido sustituido por su interpretación como reflejo distorsionado; el resultado es la pérdida relativa de las referencias a la realidad y un mayor grado de alteración en el lenguaje icónico. En esta serie las alusiones al referente, y con él al espacio real, quedan totalmente anuladas; esta pérdida hace que las imágenes posean una elevada carga surreal y onírica; el desnudo se confunde en un entorno con el que parece compartir sus cualidades cambiantes y fluidas, encontramos títulos como Mujer acuática, Mujer sumergida, Mujer diluida, que denotan las identificaciones con el medio líquido; efectivamente, la visión de esta particular expresión erótica parece estar dificultada por las ondas y deformaciones que provoca el agua en los objetos sumergidos. La realidad ha cedido el paso a la distorsión". (A continuación otro desnudo/distorsión).
 
 
De la serie Los sonidos de la imagen, compuesta por 29 fotografías en blanco y negro y 6 en color -copia Cibachrome- realizadas entre 1992 y 1993 en formato 30 x 40 y 40 x 50 cm. -ver entrada en este blog Antonio Covarsí (2) del viernes 22.02.13- dice: "El conjunto es un homenaje al mundo de la música; de nuevo el referente literal se ha perdido y la imagen se ha convertido en reflejo distorsionado. Los objetos fotográficos son o bien modelos que sostienen instrumentos musicales en diferentes actitudes (saxo, trompeta, violín), o bien esos mismos instrumentos aislados. Las imágenes sugieren, con su fluidez y sus contornos movidos, un desarrollo melódico generando un entorno que reitera las formas y los sonidos del instrumento". (A continuación otro sonido de la imagen).
 

viernes, 5 de abril de 2013

Antonio Covarsí (4)

 
JOLA es una colección de siete poemas de Ángel Campos, traducidos al portugués por Ruy Ventura e ilustrados con otras tantas fotografías de Antonio Covarsí que, en cuidado volumen con diseño gráfico de Luis Costillo e impreso por Indugrafic, fue publicada en Badajoz en diciembre de 2003 por Del Oeste Ediciones.
 
Ángel Campos Pámpano (San Vicente de Alcántara 1957 - Badajoz 2008) poeta y reconocido traductor al español de grandes de la literatura portuguesa del siglo XX, fue un notable impulsor de las relaciones culturales entre Extremadura y Portugal. (Ver Ángel Campos: una voz extremeña y universal, necrológica de Álvaro Valverde publicada el 26.11.2008 en ABC).
 
De este poemario, que se inicia con el verso de Jorge Guillén "lo profundo es el aire" (Más allá, Cántico) y que es un tributo al poblado de Jola, situado en La Raya cerca de La Codosera, lugar que el poeta escogió como refugio y que fue arrasado por los incendios sufridos en Extremadura en 2003, dice el autor que fue reescrito tras un viaje de San Vicente de Alcántara a Jola. El viajero guardó en su retina parajes inolvidables de esas otras aldeas dispersas, rayanas con la frontera portuguesa: La Aceña, Alcorneo, El Pino, San Pedro, La Fontañera... Que el poema sea un homenaje a todos esos lugares entrañables con los que convivió su mirada. "Lo profundo era el aire antes del fuego" sentencia al final.

En las fotografías de Covarsí no hay tramas ni distorsiones. Realismo documental de duro contraste para subrayar el poder devastador del fuego que da nombre a las imágenes.
 

 

 
I / VII - EL AIRE
Que lo profundo es el aire, nos lo enseñó el poeta. Y el aire es savia en este sitio, como un don despojado, extenso, blanco, diluido en la forma elemental de toda geometría. Para llegar aquí abandonas la voz, sólo un gorjeo de aves acompaña la huella de tus pasos en el descenso interminable. Ahora es como si tus ojos se abriesen por vez primera a la novedad del mundo: plenitud de un espacio inicial, puro comienzo, recién estrenado casi para quien contempla extasiado el silencio alto de los pinos. / Por abrazar el aire me he llegado hasta aquí. Sólo por dar sentido a una carencia y rebatir la soledad.

I / VII - O AR
Que a profundidade é o ar, ensinou-nos o poeta. E o ar é a seiva neste lugar, como uma graça despojada, extensa, branca, diluída na forma elementar de toda a geometria. Para chegares aqui abandonas a voz, apenas um gorjeio de aves acompanha o rasto dos teus passos na descida interminável. Agora é como se os teus olhos se abrissem pela primeira vez à novidade do mundo: plenitude de um espaço inicial, puro começo, quase recém-estreado para quem contempla extasiado o silêncio alto dos pinheiros. / Para cingir o ar cheguei até aqui. Só para dar sentido a uma carência e afastar a solidão.

viernes, 8 de marzo de 2013

Antonio Covarsí (3)

Antonio Covarsí: Cinco relámpagos estallan en sollozos

Antonio Covarsí:   FRAG MEN TOS   2000 - 2002
Galería Christian Franco, Avenida Juan Carlos I nº 10, 06001 Badajoz
Del 23 de abril al 8 de mayo de 2002
 
Fragmentos es una serie de 60 fotografías en blanco y negro montadas sobre puertas y ventanas, recuperadas y restauradas por el autor (recuerdo haber sorprendido por entonces a Cosme rebuscando en los contenedores de ripios y basura de la calle). Las imágenes aquí mostradas pertenecen a la invitación y al folleto de la exposición.

En las fotografías, compuestas para encajar en los marcos, se juega con la profundidad de campo. La trama son gotas de lluvia sobre un cristal y en un segundo plano, fuera de foco, el sujeto o motivo de la imagen: indagaciones poéticas de la realidad subrayadas con versos extraídos del libro Tiempo de espera de Pablo Guerrero.

 
El espectador se encuentra de frente con las hojas horizontales de dos ventanas tras cuyos cristales, salpicados por la lluvia, discurre una serie narrativa. «Nada queda sin la constatación de su mirada» reza el título, un verso doblemente explícito: porque se ajusta a la imagen y porque incluye una rigurosa definición del arte, del oficio y del afán de Antonio Covarsí: constatar la existencia de la realidad a través de la aplicación singular de su mirada. No se trata, pues, de la aplicación del tópico: que el objetivo de la cámara sea prolongación de los ojos del fotógrafo y que ojos y objetivo sean la suma o la combinación de la técnica y el hombre, porque hace tiempo que quedó sobreseído el atractivo léxico que derivaba del hecho de que precisamente la palabra «objetivo» se convirtiera en el nombre común del «ojo» de la cámara y pusiera así de manifiesto no sólo la oposición radical entre «objetivo» y «subjetivo», sino, sobre todo, la exclusión del hombre (el sujeto) de toda definición neutral de la realidad (el objeto) y su sustitución definitiva por el objetivo de la cámara. «La naturaleza que habla a la cámara es distinta de la que habla al ojo», escribía Walter Benjamin en 1931; «distinta sobre todo porque, gracias a ella, un espacio constituido inconscientemente sustituye al espacio constituido por la conciencia humana». Pero la fotografía abjuró pronto del espejismo de una naturaleza técnica que la condenaba a ser sólo representación «objetiva» y documental de la realidad y prefirió que el «objetivo» se volviera «subjetivo» y que las imágenes alcanzaran significación poética. El espacio dejó de ser un azar inconsciente y fue el fotógrafo el que advirtió la condición natural de los espacios fotografiables y el que decidió crear las condiciones de la fotografía, la cualidad de los escenarios, la reproductibilidad de los objetos. En este sentido, llevando hasta el extremo tan particular relación de ojos objetivos y subjetivos, Antonio Covarsí ha decidido acotar en sus «Fragmentos» una parcela muy concreta de la realidad, la que se configura en torno a otro tipo de objetivos o de ojos: las puertas y las ventanas, que no son sino las miradas huecas de la arquitectura. Y, elegida la dimensión visual, la cámara de Covarsí se coloca en los dos lados, dentro y fuera, de modo que el espectador que contempla sus fotografías va sucesivamente del interior al exterior, alternando perspectivas que a un tiempo lo sitúan y lo descolocan. Tras las puertas y las ventanas predominan los rostros («Grietas de soledad», «Un roce de miradas con brillos minerales») y los ojos, ojos que miran hacia fuera, que se esconden tras las celosías en multiplicación oculta de la mirada («Quien huye del destino y entierra su mirada»), que tal vez miren al espectador: una representación reflexiva o especular, vemos ojos que nos ven y ojos que nos miran, nos vemos y nos reflejamos. El interior es oscuro y enigmático, una suerte de penumbra difusa y misteriosa, una desolación cautiva e indescifrable. Pero si el espectador entra en la imagen y se sitúa de puntillas junto a los personajes que lo miran, junto a esas muchachas de «Era tu cuerpo lleno, vacío de mentiras» que apenas dejan intuir una brumosa intimidad doméstica, junto al semblante afligido de «Señas de identidad», las ventanas se interponen entre la lluvia y el paisaje, la visión se difumina y el espacio se destiñe. Se adivinan las siluetas de un panorama estático: el muro de enfrente, la curva desleída del camino, el esqueleto invernal del árbol de la avenida, unas flores o unas manchas de tierra, gotas de lluvia trazando regueros de tinta sucia en el cristal, esqueletos de mariposas, caprichos informes del azar del agua en los cristales. Se trata, en definitiva, ya sea dentro o fuera, de la interminable hipnosis de la lluvia, el fenómeno siempre igual y siempre renovado de la alteración de la realidad que produce la lluvia. De ahí, sin duda, que Antonio Covarsí la haya elegido como eje, o límite, o frontera, entre la realidad y su mirada, como filtro central de estos «Fragmentos»: de un lado los rostros, los ojos, los paisajes; de otro lado, la multiplicación de cristales y sus peculiares transparencias: puertas o ventanas, objetivo de la cámara, ojo del fotógrafo; en el centro, en fin, último cristal, la lluvia.
(06.05.05 Constatación de la mirada:
Gonzalo Hidalgo Bayal a propósito de Fragmentos)
 

viernes, 22 de febrero de 2013

Antonio Covarsí (2)

Omitiendo las acepciones en desuso, dice el DRAE que RETAR es desafiar a duelo o pelea, o a competir en cualquier terreno; dice también que, coloquialmente, su significado es reprender, tachar, echar en cara. En el María Moliner leo que, además de reprender o reprochar, es incitar o invitar una persona a otra a luchar o competir con ella en cualquier cosa, desafiar. Añado, por último, que el Espasa-Calpe lo hace sinónimo de desafiar, provocar, encararse, enfrentarse, incitar.

El pasado 12 de febrero y al hilo de un recuerdo dedicado a Cosme publicado aquí una semana antes, el amigo Tete1960 introducía un comentario que remitía a su blog Divagando... donde me retaba y a su vez me animaba a retarlo -que no es lo mismo arrojar el guante que recogerlo- a ir aportando "pequeños detalles" de Antonio Covarsí. Aun sin esperar respuesta, inicia él la serie recordando además la publicación de una entrada anterior, pretendiendo así el muy ladino obligarme ya de partida con un 0 - 2.

Esto de desafiar, provocar o incitar a la lucha o competición está muy bien para poner a trabajar a la gente. Me contaba el otro día un compañero de Zaragoza que la forma de conseguir que veinte maños se metan en un seiscientos es decirles que no caben. Por aquí somos más directos: en cuanto uno se descuida es espetado con un "a que no hay cojones" por si cuela. Y es que, aunque sería fantástico según el Nano, no se puede ir distraído por la vida sin correr peligro.

Espero que no se pongan a retarme todos a un tiempo con los temas de su interés. Este mi blog, que me roba su tiempo y que en ocasiones se hace laborioso en exceso, no pretende ser otra cosa que un libre divertimento sin otras obligaciones o prohibiciones que las autoimpuestas, so pena de que se me muera la afición.

Bromas aparte, entiendo que el amigo Tete1960, tomando una de la acepciones de retar que incorpora el María Moliner, me está invitando a dejar alguna pequeña aportación al respecto del fotógrafo y su obra: espero que con esta me conceda al menos el empate.










 
 
El cartel de la exposición de fotografías de Antonio Covarsí celebrada en el Teatro López de Ayala entre noviembre y diciembre de 1994 con motivo del 8º Festival de Jazz de Badajoz que muestra Divagando... corresponde a la colección Los sonidos de la imagen (divertimento) que obtuvo un accésit en los Premios Constitución de 1992. El vencedor de aquella edición fue el cartagenero Juan Manuel Díaz Burgos por la colección Campos de azúcar y miel.

La primera edición de los Premios Constitución de la Junta de Extremadura se convocó en 1983 para las modalidades de Poesía, Teatro, Novela y Ensayo. A partir de 1987 se incorporó la modalidad de Pintura. Y para la convocatoria de 1990 los premios se hicieron extensivos a las modalidades de Composición y Fotografía. A partir de 1994 fueron sustituidos por los Premios Extremadura a la Creación, eliminados por el Gobierno de Extremadura en 2011. En fin, Golpes Bajos y Malos tiempos para la lírica.
 
Las imágenes que aquí aparecen están escaneadas del catálogo Premios Constitución 1992 Fotografía, Editora Regional de Extremadura (Mayo 1993). Los títulos de las nueve fotografías son Opus 1... a Opus 9.


Antonio Cosme Covarsí Rojas nace en Badajoz en 1951. En 1979 es socio fundador de la Agrupación Fotográfica Extremeña, participando activamente en la organización de exposiciones e impartiendo cursos y conferencias. A partir del año 1986 y hasta su prematura muerte en un desgraciado accidente en 2006 compagina la gestión de sus tiendas Itaca Discos con numerosas exposiciones colectivas e individuales y diversas publicaciones en portafolios, revistas y libros. Es considerado uno de los neoexpresionistas más importantes de la historia de la fotografía española reflejando en sus imágenes realidades tramadas y distorsionadas. (Fotografía: Santi).

miércoles, 6 de febrero de 2013

Cosme (Antonio Covarsí 1)

EXPOSICIÓN FOTOGRÁFICA
CARNAVAL DE BADAJOZ
Caja de Badajoz - MEIAC
 
 Antonio Covarsí (Badajoz 1951-2006)