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viernes, 5 de octubre de 2012

Toto Estirado + (X)

(Continuación del relato de Manolo Cáceres; viene de la anterior entrada)

A la izquierda, cartel del Gran Acontecimiento Taurino celebrado en Villar del Rey el 15 de agosto de 1959 con foto de un jovencísimo José Antonio Estirado, "el torero en quien la afición tiene puestas sus esperanzas por su magnífica forma de hacer el buen toreo".


Manolo aprueba oposiciones al Banco de Santander y cambia Sevilla por Jerez de la Frontera que deja para venirse a Badajoz a la administración de la concesionaria Ayala S.A. en 1973 (aquí me cuenta que compartió piso con Juan Carlos Rodríguez Ibarra, futuro presidente de la Junta de Extremadura). En 1975, junto a otros amigos, funda la Agrupación Fotográfica Extremeña. En 1979 oposita al Banco de Vizcaya, compaginando este trabajo con la administración de varias empresas. En 1985 se hace cargo de la gestión de JSol, situado en la calle Donoso Cortés y posteriormente en Juan Carlos I, establecimiento dedicado a la venta y distribución para varias provincias de material fotográfico. Finalmente abre FOTEX, Fotografía de Extremadura, en los soportales de la calle Manuel Fernández Mejías (traseras del Hospital Provincial, entre Puerta Pilar y la Plaza de Minayo). Durante todos estos años ha impartido cursos de fotografía en la Universidad de Extremadura, Escuela Normal de Magisterio, Agrupación Fotográfica Extremeña, Concejalía de Juventud del Ayuntamiento, colegios e institutos de enseñanza y centros de mayores. Hoy continúa dedicándose a la fotografía y el diseño gráfico y a diversos trabajos de investigación histórica, su gran pasión.

No sería hasta años más tarde de mi llegada a Badajoz –continúa Manolo– cuando coincido con sorpresa y alegría con el Toto. Recuerdo que estaba muy afectado por la muerte de su amigo Julio Matito, bajista y voz de Los Smash (ver entrada anterior), en accidente de automóvil volviendo de un programa en Barcelona donde había actuado con su grupo y con los también amigos de Toto, Lole y Manuel. (Julio Matito murió en 1979).

Toto Estirado, Homenaje a los republicanos de Badajoz (1980)

Este cuadro (imagen superior) me lo vendió Toto en el año 1980, creo recordar que por 500 pesetas de las de entonces; fue en Fotografía Paredes en el Pasaje de San Juan a quien por entonces yo le llevaba los papeles. Siempre me lo quiso volver a comprar o que se lo dejara para venderlo, como así hizo con otros cuadros que me había quedado. Con frecuencia y hasta sus últimos días se refería a este cuadro y sus ganas por tenerlo. Se me hace curioso que no lleve su firma, ni tan siquiera la "E" de Estirado; la "B", según me dijo, es la de "Badajoz". En el dorso del cartón-táblex (imagen inferior) sobre el que está realizada la pintura, adquirido en Suero, la papelería especializada en artículos de bellas artes de la calle López Prudencio, puede leerse escrito de su puño y letra, su nombre y "Homenaje a los republicanos de Badajoz".

Toto Estirado, dorso de Homenaje a los republicanos de Badajoz (1980)

Esto de "recuperar" una pintura para su reventa lo denominaba Toto “alquilar un cuadro”: o sea que lo que el anterior propietario había pagado era un disfrute temporal y no una propiedad. Sirva como ejemplo lo que nos cuenta Manolo a continuación: 

Recuerdo que en cierta ocasión me fui de acampada con Toto a Charco Frío, en la margen izquierda del Guadiana frente a la Venta Don José. Allí vi como pintaba tres cuadros del mismo paisaje que tituló "Amanecer", "Atardecer" y "Anochecer" y me los quedé. Un día se presentó en mi casa a la hora de comer y me pidió que le dejara los cuadros, que jamás volví a ver. Supe más tarde que se había citado en la cafetería El Águila con sus amigos del grupo Alameda, que pasaban por Badajoz camino de Cáceres para un concierto, y se los había vendido por 300.000 pesetas. Era mucho dinero, pero Alameda estaba pegando fuerte.

Carátula de Alameda (1979) con los cinco integrantes del grupo:
 Pepe Roca (guitarra y voz), Manolo Rosa (bajo), los hermanos
Manolo y Rafael Marinelli (teclados) y Luis Moreno (batería y percusión)

Una vez más copio y pego de la Wikipedia que Alameda fue un grupo musical español, integrante del llamado rock andaluz, creado a finales de los años 70. Alameda siempre ha estado bajo la sospecha de clonar a Triana, y de hecho sus fundamentos musicales son los mismos, la tradición del rock progresivo y el flamenco, y la forma de abordarlos muy similar, con apoyo en ritmos aflamencados (especialmente bulerías y rumbas), utilización profusa de la iconografía y resortes de la tradición vinculada al flamenco, letras de tipo popular y voces con fraseos y melismas aflamencados. A pesar de estar a la sombra de Triana, Alameda siempre ha tenido un estilo que le distinguía, un flamenco más arraigado y unas guitarras menos distorsionadas. Lo que más los asemeja es el canto a la vida y la esperanza, presentes en todas las canciones de ambos grupos, así como la utilización de los teclados que le dan a este rock andaluz sus aires progresivos.

El grupo se creó en 1977 y fue Gonzalo García-Pelayo, productor ya de Triana y poco después también de Medina Azahara, quien les consiguió su primer contrato discográfico. Alameda consiguió vender de su primer Lp titulado también Alameda (1979) más de cien mil copias, un éxito comercial apabullante para la época (en ese mismo año, colaborarían en el mítico disco La leyenda del tiempo de Camarón). Antes de su separación en 1983 grabaron todavía tres discos más. Con motivo de la Expo92 de Sevilla volvieron a unirse para un recital y publicaron todavía otro par de discos. Para quien quiera profundizar en la historia del grupo dejo este enlace de La Fonoteca.

  

Estos desnudos (1980) fueron realizados por Manolo Cáceres en los locales de la Agrupación Fotográfica Extremeña de Badajoz (entonces en la calle Arco Agüero, hoy en la Plaza de la Soledad nº 14, frente a la Iglesia de la Soledad): se habían comprado nuevos focos y Toto se prestó para la sesión.

Quijote con anotaciones de Toto Estirado

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Silvio le confiesa a Jesús Quintero que se siente heredero de Presley, de "Elvis Preslisss", pero cuando escucho este Rezaré (¡cuerpo a tierra!) que dedica a todas esas Vírgenes que son la misma, reina de las mujeres "aunque no sean vírgenes" que Silvio "tampoco es un San José carpintero", y que interpreta "de violenta pasión prisionero" como un santo ateo, se me hace más un Adriano Celentano autóctono que canta un rock emocionado en lugar de una saeta al compás del paso de un paso de la Semana Santa sevillana. Como Toto, Silvio tuvo su cameo en Vivir en Sevilla, la comentada película de Gonzalo García-Pelayo, junto a su amigo Miguel Ángel Iglesias que en el hilo argumental se debate entre una morenaza nativa y una falsa rubia oxigenada del norte, como se debate Silvio entre el flamenco y el rock.
Probablemente la merluza que "el auténtico Bertoni" exhibe en esta escena rodada en el año 1978 sea la misma que le acompaña todavía años más tarde en la entrevista con Quintero, laboriosamente mantenida trago a trago, vaso a vaso, verso a verso, y probablemente la misma que (le) llevó hasta la muerte. Y es que a "Silvio le inspira el alcohol".
Silvio Fernández Melgarejo, Silvio, nació en La Roda de Andalucía, Sevilla, el 8 de agosto de 1945, y murió en Sevilla el 1 de octubre de 2001. Si quieren acercarse a la inconmensurable desmesura de su vida gasten una hora de la suya con A la diestra del cielo. Silvio un cantaor rockero, documental de Paco Bech del 2007.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Toto Estirado + (IX)

Cuadro de Toto Estirado, propiedad de Manolo Cáceres

Hace ya aproximadamente tres meses que el amigo Tete1960 publicó en Divagando... una fotografía de Toto realizada por Manolo Cáceres. Puesto en contacto con Manolo, me remitió algunas de las imágenes que traigo por aquí junto a varias anécdotas de su vida en relación con José Antonio Estirado que vienen al caso, justo ahora, tras la anterior entrada de este blog dedicada a la “etapa sevillana” del torero y pintor, y que, como corresponde en estos casos, completamos y pulimos recientemente ante un par de gin tonics.

Manolo, de apellido Cáceres, nació en Mérida en 1951, pero vive en Badajoz desde 1973. Tenía nueve años cuando su madre le regaló una Kodak Baby Brownie y su tío Valentín lo inició en las artes del laboratorio; a partir de entonces jamás lo ha abandonado su afición por la fotografía que desde hace tiempo es ya también su profesión.

Pasó su adolescencia entre guitarras, primero bajista y después solista, en diversos grupos de su augusta ciudad natal, cuyos nombres, todos curiosos y divertidos, transcribo: Los Tornados, Los Bufones, Los Burgueses, Los Senadores, Los Yanquis y Clan Session. Al finalizar el bachillerato, allá por el año 1968, se fue a Sevilla a preparar oposiciones. Allí vi por primera vez a Los Bombines –me cuenta Manolo Cáceres– y quedé prendado de su solista Manolo Regato.

Los Bombines: en cuclillas Manolo Regato

Tiene escrito el periodista Antonio Burgos en su Memoria de Andalucía que “en la barbería de Curro el de Los Remedios, Francisco Rodríguez, quedan los recuerdos de los años del arranque de la música andaluza que habría de dar origen a Smash, a Triana, a Goma, a Alameda. Escribo la memoria de un olvido si pongo los nombres de Los Mercury, de Los Lentos, de Los Búhos... Claro que los que más sonaban eran Los Bombines, porque tocaban en El Oasis y salían en todas las guías de espectáculos de Radio Sevilla”.

Y el post Tiempos Nuevos del blog Blogin' in the wind, cuya lectura recomiendo para ampliar lo que hoy contamos aquí, dice que “Manuel Regato fue un músico bastante conocido e importante de la escena de los años ’60. Era el guitarrista de Los Players, que fue el grupo que introdujo en Sevilla los sonidos de Liverpool. Como eran bastante jóvenes tuvieron que hacer la mili y se disolvieron y Regato pasó a formar parte de Los 5 Mercury. Este nuevo grupo estaba formado por la unión de dos de los componentes de los X-5, uno de ellos el batería Silvio, y otros dos componentes de Los Mercury, además del guitarra principal que era Manuel Regato. Los 5 Mercury eran muy apreciados por los americanos y viajaron muchas veces a tocar para ellos a Rota y a Morón”. De la desmesura del mítico y omnipresente en el ambiente musical sevillano Silvio Fernández Melgarejo, amigo de nuestro Toto Estirado, comentaremos al final.

Más tarde –continúa Manolo Cáceres– descubro otro tipo de música (“underground”) en donde se notaba ya la influencia americana en Sevilla y que para nada tenía que ver con lo que se había estado haciendo hasta ese momento. Era la época de Smash a los que vi por primera vez en el Club Yeyé que con su “jaula de oro” era el sitio de moda entonces.

Interior de El Club Yeyé con su "jaula de oro" (recreación)

Con Los Smash coincidí días después en el portal del edificio donde vivía, calle Virgen de Luján en Los Remedios: daba la casualidad de que tenían un piso en mi mismo bloque. Estuve charlando un rato con el grupo manifestándoles mi admiración; con ellos iba Toto, con el que también conversé creyendo entonces que formaba parte de la banda. Días después volvimos a vernos y me comentó sobre la amistad que le unía al grupo y su afinidad con ellos “en otro tipo de cosas”; también me contó, en este o en algún otro encuentro posterior, que estaba pintando un graffiti en la pared de unos pisos de la calle República Argentina.

También por entonces me enteré de que los Smash iban a tocar en el Aula Magna de la Universidad de Sevilla y fui al concierto. Tocaron el "Paint it Black" mejor que los propios Rolling Stones: ¡Increíble! ¡Cómo tocaban! ¡Cómo sonaban! ¡No había visto tocar a nadie como Gualberto! La noche siguiente volví a coincidir con Toto por los Remedios y le estuve hablando acerca de Smash y su concierto pero él "estaba y no estaba".

Cuenta Rufino González, el empresario que hacia 1966 abrió el Club Yeyé, donde la Puerta Real y en lo que hasta ese momento era el Cine Alfonso XII y siglos antes casa de Hernando Colón, hijo del Almirante, que aquello fue Templo de la Juventud donde actuaron grandes grupos del pop y rock nacional y los más importantes de Sevilla, y que quien primero pisó llena de osadía la "jaula de oro", suspendida en lo alto y dónde se metía junto a un par de parejas una chica que bailaba a ritmo frenético, fue María Jiménez, conocida por entonces como la "Gitana Yeyé".

De la mezcla del famenco andaluz y el rock que venía de las bases americanas e impulsado por el avispado productor Gonzalo García-Pelayo nació, entre otros grupos, Gong, con la participación de Silvio a la batería y, ocasionalmente, de Miguel Ángel Iglesias a la percusión y voces, los alter ego de Gonzalo, con posterioridad actores secundario y protagonista respectivamente de Vivir en Sevilla, la ya comentada película rodada en 1978 donde Toto tuvo su cameo. Más tarde, tomaron el relevo Los Smash, el grupo más potente, más líder, de la historia del rock en Sevilla.

Gong: tras Manuel Marinelli (teclados, en el centro),
Miguel Ángel Iglesias (batería) y Silvio Fernández (bajo)

Copio y pego de la Wikipedia con algún añadido que Smash fue un grupo español de blues-rock y de rock progresivo y psicodélico, originario de Sevilla y pionero del rock andaluz, que estuvo activo entre 1968 y 1973. Sus primeros integrantes fueron Julio Matito (bajo y voz), Gualberto García (guitarra), Henrik Liegbott (guitarra y violín eléctrico) y Antonio Rodríguez (batería); hasta su boda con una adinerada aristócrata británica, Silvio estuvo con ellos a cargo de la percusión.

La banda empezó su actividad en 1968 y se hizo pronto conocida en el ambiente underground español. A la publicación de varios singles (Scouting, I Left You, Decission, Well You Now…) le siguió la de dos LP's, Glorieta de los lotos (1970) y We come to smash this time (1971). El grupo renovó su sonido a finales de 1971, integrando al cantante y guitarrista flamenco Manuel Molina (miembro después del dúo Lole y Manuel). El sencillo El garrotín, construido sobre el palo flamenco del mismo nombre, con letra en castellano e inglés, fue un gran éxito comercial. El grupo exploró este nuevo camino en varias canciones, que fueron recopiladas en 1978 como cara A del LP Vanguardia y pureza del flamenco, cuya cara B presentaba al cantaor Agujetas con el guitarrista Manolo Sanlúcar.

Smash (de izquierda a derecha): Julio Matito (bajo y voz), Gualberto García (guitarra),
Silvio Fernández (percusión), Antonio Rodríguez (batería) y Henrik Liegbott (violín eléctrico)

La visión del grupo se hace explícita en el texto Cosmogonía de la estética de lo borde, donde afirmaban que no se trata de hacer "flamenco pop" ni "blues aflamencados", sino de corromperse por derecho, y sólo puede corromperse uno por el palo de la belleza... La diversión no es el cachondeo, sino la bronca que te pega la belleza. Imagínate a Bob Dylan en un cuarto, con una botella de Tío Pepe, Diego del Gastor a la guitarra y la Fernanda y la Bernarda de Utrera haciendo compás. Y dile a Bob Dylan que cante sus canciones. ¿Qué le entraría a Bob Dylan por ese cuerpecito? Pues lo mismo que a Manuel Molina cuando empieza a cantar por bulerías con sonido eléctrico "aunque digan lo contrario, / yo sé bien que esto es la guerra, / puñalaítas de muerte / me darían si pudieran".

El grupo se disolvió en 1973; la muerte temprana del bajista Julio Matito en 1979 frustró un intento de reagrupación al final de esa década. Gualberto, líder de Smash, continuó explorando la fusión del rock progresivo y la música hindú con el flamenco. Antonio Rodríguez, Antoñito "Smash", ha colaborado con otros artistas como Goma, Pata Negra, Silvio y Luzbel y Kiko Veneno. En los últimos años, la banda se ha reunido en ocasiones puntuales para celebrar su legado.

Smash: carátulas de sus LP's Glorieta de los Lotos (1970)
y We Come to Smash this Time (1971)

Confirmando el relato de Manolo Cáceres, leo en la página 61 del ABC de Sevilla del jueves 4 de diciembre de 1969 lo siguiente: ACTUACIÓN DE LOS SMASH EN LA FACULTAD DE DERECHO.- Mañana, a las ocho de la tarde y en el aula de Cultura de Derecho, actuará el conjunto de música “undergraund” Los Smash, continuando el I Festival de la Cultura que organiza el Grupo Esperpento. Precio de la entrada, 25 pesetas. Abono para todos los espectáculos, 100 pesetas. Y aquí pueden escuchar una rudimentaria grabación de un directo del "Paint it black" de Los Smash, que quizá sea el de aquella noche.
(Continuará...)

domingo, 9 de septiembre de 2012

Toto Estirado + (VIII)


Toto Estirado en el ABC de Sevilla.

Tiro de la estupenda hemeroteca del ABC de Sevilla para buscar el rastro de Toto en la capital andaluza y lo primero que me encuentro es una pequeña reseña en el centro de la página 34 del diario del miércoles 7 de febrero de 1968 (nuestro amigo tenía a la sazón 29 años de edad) que dice: ARTE Y ARTISTAS. Inauguración de las exposiciones de José A. Estirado y Linda Myers. Hoy, a las siete de la tarde, en Galería Florencia, tendrá lugar la inauguración de las exposiciones de pinturas de José Antonio Estirado y Linda Myers. Poco días después, vuelve a aparecer el pintor en la página 59 del jueves 21 de marzo: LA SUBASTA A BENEFICIO DE LA BARRIADA DE LA LIEBRE. Continúan recibiéndose obras con destino a la subasta que, a beneficio de la barriada de La Liebre, se celebrará en el Real Círculo de Labradores el próximo día 28. Aunque se esperan -y se necesitan- aún más donativos de esta índole, se cuentan ya con obras de los siguientes artistas... y se muestra a continuación una extensa relación de nombres entre los que se ecuentra el de Toto Estirado.

De nuevo, un par de años después, el viernes 20 de febrero de 1970, en la página 39, vemos su nombre en el periódico por el mismo motivo: EXPOSICIÓN-SUBASTA DE CUADROS A BENEFICIO DE LA BARRIADA DE LA LIEBRE. El próximo 10 de marzo tendrá lugar (también en los salones del Real Círculo de Labradores) la inauguración de la exposición-subasta de cuadros, con el fin de recaudar fondos para las obras de asistencia social en la barriada de La Liebre. Esta muestra artística está patrocinada por el gobernador civil de la provincia... Ya se cuenta con la colaboración de varios artistas sevillanos que han respondido con la prontitud y generosidad características en ellos a esta nueva llamada que se les ha dirigido para favorecer a esta barriada tan vinculada a los pintores sevillanos.



Siempre en el ABC de Sevilla, y ya mucho tiempo después, el sábado 9 de diciembre de 1978 aparece ocupando la totalidad del tercio derecho de la página 27 del diario una publicidad del estreno de la película "Vivir en Sevilla": ¡¡SEVILLA DIJO SI!! ¡ES EL ACONTECIMIENTO DE LA TEMPORADA! Miguel Ángel Iglesias y Ana Bernal en VIVIR EN SEVILLA. Triana y la Macarena se unen en esta extraordinaria película. También con: José M. Campos, Farruco, Lola la del Agua, La Venta, Toto Estirado y el Niño del Taller. Fotografía: José Enrique Izquierdo. Dirección: Gonzalo García-Pelayo. ¡¡POLÉMICA!! Media Sevilla discute con la otra media. 2ª semana de impresionante éxito en Florida.

Por último, al día siguiente, domingo 10 de diciembre de 1978, en la página 27, el conocido periodista Antonio Burgos en su columna "Sevilla al día" y con el título "Famosos del futuro" escribe un artículo del que entresaco el siguiente párrafo: Porque ya está para tomar la antorcha, que diría un retórico, toda una generación de personajes popularísimos de la ciudad. Pero de una Sevilla distinta, que quizá usted ni conoce, tan verdadera como la de Gandía y la de Pepe Luis Vázquez. Por seguir diciendo tópicos y cursilerías de moda, afirmaría se trata de un iceberg, del que sólo emerge lo que los cronistas políticos aseguran que sale de un iceberg, que ellos saben de esto tela marinera del telón. Este iceberg ha salido, por ejemplo, en la película de Gonzalo García-Pelayo, que por cierto no he ido a ver todavía. En el reparto de los carteles he visto unos nombres, Francisco Alegre y olá, que me han parecido muy representativos de esta Sevilla rara de gente encantadora, de famosos andergráun, de populares de la marginación o de los circuitos paralelos: allí dicen que sale Toto Estirado, el último discípulo de El Pajarito; y Silvio, el que fue batería de Smash; y el Niño del Taller...



Gonzalo García-Pelayo (extracto de la Wikipedia).

Gonzalo García-Pelayo nació en Madrid en 1947, en una familia andaluza de 16 hermanos; es padre de cinco hijos. Hombre polifacético, ha sido productor musical, director de cine, locutor de radio y presentador de televisión, jugador de casinos y hasta apoderado de toreros.

Como locutor de radio ha trabajado en Radio España, Radio Nacional de España, Popular FM, Antena 3 Radio y Onda Cero. Para televisión, ha realizado diferentes cortometrajes y series. En cine ha dirigido cinco largometrajes: Manuela (1975), Vivir en Sevilla (1978), Intercambio de parejas frente al mar (1978), Corridas de alegría (1982) y Rocío y José (1982).



En su faceta musical, fue fundador en 1974 del sello Gong, produciendo más de un centenar de discos a nombres como Quilapayún, Víctor Jara, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Carlos Puebla; también los primeros trabajos de Labordeta, Luis Pastor, Hilario Camacho, Amancio Prada, Carlos Cano, Benito Moreno, Lole y Manuel, José Mercé y María Jiménez; o a grupos como Triana, Granada, Gualberto, Tílburi y Goma. Es considerado uno de los padres del movimiento conocido como rock andaluz y pionero de la fusión entre el flamenco y músicas folclóricas de Andalucía con el rock y el pop.

Diseñó un método para ganar a la ruleta aprovechando las imperfecciones en la fabricación de las mesas, ganando auténticas millonadas en casinos de todo el mundo. Desde entonces, años 90, Gonzalo García-Pelayo y parte de su familia se dedica al cálculo estadístico y de probabilidades aplicado a obtener métodos para ganar en las apuestas deportivas y el póker online. Con este argumento, el realizador Eduard Cortés ha estrenado este 2012 la película The Pelayos.


Vivir en Sevilla, la película.

De las diversas y encendidas críticas de la película que me encuentro navegando por internet, copio y pego la siguiente selección: Gonzalo García Pelayo intercala historias de delincuencia juvenil y represión política con aventuras eróticas, divagaciones filosóficas, experimentos metacinematográficos y un acercamiento tanto al rock flamenco como al flamenco tradicional... En su intento de hacer un cine nuevo le ha echado imaginación a la cosa pero el resultado ha salido desastroso... Mezcla de cine documental y argumental, de la estética underground con el flamento más racial, del experimentalismo formal con reclamos eróticos... Película a la vez magistral y fallida, es un intento de decir muchas cosas y no conseguir nada claro... Vagabundeo libre, deriva caótica... Segunda parte especialmente arrebatadora en su particular y extraño lirismo, constituye una de las experiencias más apasionantes del cine español de la época de la transición, una película única, singular, distinta, excepcional, innovadora y fresca... Canto a la libertad, a la vida y a la celebración de la incipiente democracia que va experimentando la sociedad española... Excepcional, la pelicula más libre, arriesgada, desprejuiciada, anarquica, de la historia del cine español; callejera, arrabalera, cine kinki sublime.


Pero con ánimo de no dejar un sabor tan apasionadamente grandilocuente selecciono y transcribo a continuación una más razonada crítica que con motivo del pase de la película en Madrid fue publicada en ElPaís del 21 de abril de 1979 por un tal Fernando Trueba: 

Vivir en Sevilla es, sin ninguna duda, la película más extravagante que se ha filmado en España en los últimos años. Y la más audaz. La audacia no es ni una virtud ni un defecto; es una postura que produce obras innovadoras u obras ridículas. Gonzalo García-Pelayo, que debutó como realizador con Manuela, prosigue con Vivir en Sevilla su intento de hacer un cine andaluz. Si en Manuela el camino elegido era más o menos convencional, Vivir en Sevilla resulta una película desconcertante por cuanto su lenguaje tiene de automarginador. Vivir en Sevilla no pretende contar una historia. Y lo que cuenta no está narrado de una forma tradicional, directa. Los desmadres de lenguaje de esta película nos apartan de su supuesto contenido en vez de acercarnos, o ser parte de él. A caballo entre el melodrama folletinesco, el ensayo fílmico y un estilo que se quiere poético, Gonzalo García-Pelayo intenta trazar el retrato de unos personajes concretos en una ciudad concreta -Sevilla- y en una época también concreta -la primavera de 1978-. Pero a la vista de los resultados, Vivir en Sevilla no es ni un filme de personajes ni la pintura de una ciudad. Lo único que García-Pelayo consigue retratar -tal vez, a pesar suyo- son sus obsesiones personales de todo tipo, desde las eróticas hasta las estéticas.


En Vivir en Sevilla se dan cita multitud de influencias mal asimiladas, Godard, por ejemplo... Pero de Godard, García-Pelayo sólo parece haber tomado algunos tics de lenguaje, precisamente lo que más ha envejecido de la obra de éste. Gonzalo García-Pelayo se entrega a una serie de confusas divagaciones sobre el amor, el erotismo, la locura sevillana, etcétera, moviéndose entre unos personajes que se quieren del rollo, pero que son en cierta forma la élite de los marginales. La incoherencia galopante del discurso de algunos de sus protagonistas parece haber sido adoptada por el propio García-Pelayo, quien parece haberla considerado el único camino para aprehender una serie de fugaces aspectos de la vida sevillana. Vivir en Sevilla resulta torpemente retórica y demasiado calculadamente vanguardista. Sus personajes se nos escurren sin llegar a afectamos de verdad, ya que el experimentalismo de García-Pelayo resulta una barrera interpuesta entre ellos y los espectadores.

Lo más destacado de la película es su fotografía y su sonido directo, de una pulcritud increíble para venir de unos técnicos que realizan su primer largometraje. Vivir en Sevilla, gracias a ellos, se ha convertido en un filme amateur de lujo.



Vivir en Sevilla, exposición en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo.

ElPaís del jueves 20 de enero de 2005 titula "Sevilla recuerda la explosión de la contracultura en los años sesenta" la reseña aparecida en el diario con motivo de la inauguración de la exposición del CAAC "Vivir en Sevilla. Construcciones visuales, flamenco y cultura de masas desde 1966" que tuvo lugar en la capital andaluza entre el 20 de enero y el 27 de marzo de ese año. El texto lo firma Santiago Belausteguigoitia, que no parece "zevillano" precisamente:

«El final de los años sesenta fue una época convulsa en Europa y EE UU. La contracultura, los hippies, el cuestionamiento del mundo establecido, el rock... Todo ello contribuyó a una ruptura generacional que dinamitó algunas columnas. La Revolución del 68 recogió los vectores de esa pasión y llevó a la luz sus realidades y contradicciones. Sevilla no fue ajena a los aires que venían de París y California. La exposición Vivir en Sevilla. Construcciones visuales, flamenco y cultura de masas desde 1966, que se inaugura hoy jueves a las 20.00 en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, recoge este momento mágico. Pedro G. Romero es el comisario de la muestra, que será clausurada el próximo 27 de marzo.


Las bases militares estadounidenses de Rota y Morón de la Frontera fueron una importante vía de entrada en Andalucía de la cultura pop. Los que viajaban al extranjero -sobre todo, a Londres y París- regresaban con un suculento botín de discos, películas, cómics y libros. Un impulso irrefrenable de romper fronteras espoleaba a muchos jóvenes andaluces mientras la dictadura enfilaba su último tramo.

La muestra se divide en tres apartados principales: música, cine y juego. La exposición se introduce en campos tan diversos como los largometrajes de Gonzalo García-Pelayo, los discos de Triana o los dibujos de Luis Gordillo, Toto Estirado, Chema Cobo y Guillermo Pérez Villalta, entre otros. "Creíamos que era necesario poner en valor este movimiento, que a veces no era movimiento, sino pequeños grupos e individuos que proponían cambiar el concepto de arte que les había sido impuesto", comentó ayer la consejera de Cultura, Rosa Torres, al presentar la muestra
».

Dejo aquí enlace a la Hoja de Sala de la exposición que amplía lo anticipado en el artículo anterior y de obligada lectura para la comprensión del "nacimiento, desarrollo y consolidación de una escena artística" a la que sin duda Toto pertenece.



La secuencia de Toto Estirado en la película Vivir en Sevilla.

La intervención de Toto en Vivir en Sevilla dura algo menos de 4 minutos y se localiza a partir del minuto 25 del inicio de la película como un intermedio documental al desarrollo de la acción. Rodada el 27 de abril de 1978 (Toto tenía entonces 39 años), parece que en la terraza de alguna cafetería quizá en el Parque de María Luisa, nos muestra a José Antonio en el centro de la imagen, descalzo y fumando, enseñando y explicando sus poemas-dibujos, realizados con rotuladores y lápices sobre cartulina, a una de las actrices de la película. En el medio, una mesa de tabla de mármol sobre patas de máquina de coser (como la de La Colmena quizá también guarde la sorpresa de un muerto al dorso) y sobre ella vasos largos ya vacíos; alrededor de la mesa, además de Toto y de la rubia oxigenada mencionada, se encuentran sentados el actor principal, atusándose el bigote, otra pareja joven atenta también a las palabras del protagonista, y un señor mayor con su bastón, al que el realizador le dedica un primer plano, que mira perplejo y alucinado los pies descalzos de Toto y las caras de los que allí están, renunciando a comprender algo de lo que sucede a su alrededor.


García-Pelayo coloca al principio de la escena un texto de presentación, sobreimpresionado a la imagen, que reza "Toto Estirado, pintor y poeta confuso, a toda velocidad". Yo creo que José Antonio no está confuso pero sí que quiere decir mucho en lo que sabe poco tiempo y ocasionalmente se aturulla: "¿Qué te parece?", le dice a la actriz mostrándole el primer dibujo, a lo que ésta, dubitativa, responde: "tiene algo de...". Y a partir de aquí, "El Terremoto de Usagre" toma la palabra y no para: «El tío Antonio, la Guerra, la División Azul, Estalingrado, la ofensiva soviética, un gato colgado con la bandera alemana (muy bonita), yo entiendo el concepto ario por gente que prefiere el valle sano al valle malsano, el fascismo, Mussolini, Franco (es santo), Nietzsche, Mick Jagger, pregúntale a Franz Cafka si es verdad que se quedan tan solo los muertos de Gustavo Adolfo Bécquer, otra vez Nietzsche que no cree en la antítesis, Los Beatles, George Harrison, toros, pintura y ciclismo, de mis novias no puedo hablar porque ahora mismo no están conmigo ninguna, son santas por supuesto, de la voluptuosidad de las santas que no de la Madonna (it's all right), Van der Weyden, Alberto Durero, Hamlet, Shakespeare, folclore e imperialismo, Tarquino el Soberbio cortando amapolas, plas, plas, plas, plas, ante el mensajero de su hijo, Farruco bailando buga, fe ciega... unidad, salud, paz, orden y libertad, viva España con sus animales, ríos y plantas, humanismo y nacionalismo, y el ministro de educación que dice que las ciencias no tienen colores lo cual me gusta mucho... amarillo, azul, verde, es bonito el humanismo...». Y todo esto en menos de 4 minutos.


Tras finalizar esta breve introducción no me queda más que poner enlace aquí a la secuencia de Toto Estirado en "Vivir en Sevilla" (1978) de Gonzalo García-Pelayo que he colgado en YouTube. Como ilustraciones me he servido de los dibujos de Toto que muestra la película y que supongo son los que el Reina Sofía adquirió en su momento, aunque de eso ya hablaremos otro día.

jueves, 30 de agosto de 2012

Toto Estirado + (VII)


«La Sala Acuarela inicia su andadura en 1985, ocupando un pequeño espacio en el mundo del arte contemporáneo y conceptual en Extremadura, concretamente en Badajoz. Su nacimiento surge como consecuencia de la ausencia de galerías privadas dedicadas a la Vanguardia, siendo Extremadura una región acostumbrada a la figuración y el realismo en el mundo del arte. La sala está dirigida a promocionar a los artistas jóvenes, surgidos de las Facultades de Bellas Artes, con propuestas renovadas, así como a autodidactas nacidos en la tierra y poco comprendidos en sus formas creativas. El espacio también está orientado a la Fotografía, Escultura, Performances o Instalaciones, con atención especial a promocionar nuevos valores nacionales e internacionales, dentro de una programación coherente que represente las últimas tendencias». (De la pestaña 'La Galería').

Sala Acuarela: Toto Estirado, Autorretrato (acrílico sobre tabla, 1993).

«Quisiéramos retomar la reflexión kantiana, en particular la referida a todo lo que limita y particulariza el gusto haciéndolo depender de circunstancias sociales e históricas... Según Kant, el gusto no es "puro", sino que sobre él se ejercen una serie de coerciones de diferentes tipos: a) una coerción histórica ligada a la existencia de una herencia cultural en el interior de cada sociedad y cada medio; y b) una coerción económico-cultural, lo que se traduce en el ejercicio ostentoso del gusto como un factor de distinción.
El origen de la Sala Acuarela se encuentra en un primer momento motivado por esa "coerción histórica", ya que sus preocupaciones originarias, cuando inicia su andadura en 1985, fueron precisamente las de abastecer a la región de un espacio privado alejado en la medida de lo posible de los valores conservadores artísticos que aún imperaban en nuestra región». (De "Un ejercicio de libertad" por María Eulalia Martínez Zamora).

«El arte con mayúsculas, cuando es creativo, cuando añade algo nuevo, cuando te conmueve, desde luego que sí nos hace libres... La sociedad debería pensar en esto. Pero, desgraciada- mente, a la gente no le interesa ser libre». (Manuel Sordo).

Toto Estirado, Mussorgsky 'Una noche en el Monte Pelado' (acrílico sobre lienzo).

Estas fueron la declaración de intenciones de la Sala Acuarela en su momento y que mantiene vigente en su recién remozada página web. "Se habían cumplido los 25 años y estábamos pendientes de poder elaborar un catálogo que hicera un repaso de todos los artistas que han pasado por ella; bueno, de casi todos". Y está eso y más: una nómina de cerca de 50 artistas, un fondo de galería con más de 200 obras a la venta, un resumen histórico de las exposiciones realizadas y hasta un vídeo conmemorativo en el que se repasan las inauguraciones y actividades de la galería. No se lo pierdan.

Sala Acuarela: Toto Estirado, diversas obras.

Como no podía ser de otra manera aquí (enlace) José Antonio Estirado tiene su espacio. Arriba va una muestra del "otro Toto" que podemos encontrar en esta recopilación de cuadros realizados mayoritariamente entre el 89 y el 93 y que me atrevo a comentar a continuación:
Para el "15 de Mayo" y el siguiente, "L'Heroine", y atendiendo a la temática de ambos, tirando de la hemeroteca de ElPaís (periódico que frecuentaba Toto) compruebo que el 15 de Mayo de 1991 se corresponde con el nombramiento por François Mitterrand, presidente entonces de la República Francesa, de Édith Cresson como primer ministro, única mujer hasta ahora en desempeñar dicho cargo. Su mandato duró poco, apenas diez meses, por múltiples razones que ahora no vienen al caso, pero pretendía, con la simpatía de un alto porcentaje de la población, un giro a la izquierda en el socialismo francés: lucha contra el paro y el racismo, reducción de las desigualdades sociales y ecologismo eran algunas de sus propuestas. "Noviembre. En la ventana la lluvia" es una melancólica estampa, húmeda y fresca, del otoño, ahora que a estos normales calores del estío se suma la "pertinaz sequía" que desde hace un tiempo todo lo invade. "Salta Adan... Atlas de la Nada" es una especie de palíndromo que recuerda la máxima marxista (de Groucho, naturalmente) "paren el mundo que me bajo". Para finalizar, un exorcismo contra los delirantes "Bichos" y "Mi habitación en el hospital" realizado en una de sus visitas al Provincial para "una puesta a punto".

Sala Acuarela: Toto Estirado, Desnudo (acrílico sobre tabla, 1986).

lunes, 20 de agosto de 2012

Toto Estirado + (VI)


Otro TOTO, por Juan José Poblador.

 

Publicado en "Panorama", suplemento del Periódico Hoy, domingo 26 de abril de 1998; las fotografías de José Antonio Estirado venían con el artículo. El cartel de toros y los magníficos paisajes de cielos rojos incluidos pertenecen a la Sala Acuarela. Manolo Sordo, perfecto "connoisseur" de la obra de Toto, los tiene primorosamente enmarcados en blanco con cristal protector: "Manolo, jamás le pongas un marco malo a un cuadro mío", le decía el pintor.

Leo y veo que es ahora cuando José Antonio Estirado Cruz, El Toto, tiene más amigos. Es magnífico, aunque él no pueda gozarlo. Yo también conocí a José Antonio, y éramos muy amigos, pero era un Toto diferente antes que se fuera a Sevilla; ya lo dice el refrán o el juego: el que fue a Sevilla perdió su silla.

Sin perdernos en camisa de once varas, El Toto, hace 35 años, cuando se encontraba con su padre, en la feria de Sevilla, recibía -después de un beso- cinco mil pesetas para que pasara la noche. Años después volvió a Badajoz vagabundo de lunas, ladrón de estrellas que hicieron rescoldo en sus entrañas y le quemaron, incendiaron sus pulmones y decidió consumirse en su -para él- agradable calor solitario. Se hizo truhán, pícaro del color y la palabra; se hizo paisaje, retrato en las calles y los bares...


Me imagino que así le conocierron muchos de los que ahora hablan, cuentan y escriben de El Toto. Yo, así, casi no lo reconocía cuando llegaba a Badajoz, desde el mar del Estrecho de Gibraltar, y me llamaba "doctor", "doctorcito", "tío", "joven" -que copió de Carlos Espada-, "Juanminguay" -que copió de Vaquero Poblador-, o maestro, sin el Nacional, porque trabajaba en la Enseñanza Primaria. Pero mucho antes que me fuera al mar, dejé a El Toto, guapo, en Badajoz: estirado, espigado, moreno de Guadiana, con una fuerza endiablada en sus manos poderosas. Fue uno de los salvadores eficientes de las tablas y los remos de la barca que Carlos Espada -el marinero sin rumbo, le decía Manuel Pacheco- decidió hundir en medio del río, cuando veníamos de la playa "Amigos del Guadiana" de tomarnos unos "rin-ran" -que hacía el hijo de "Los Gabrieles" (una ensalada con tomates de verdad, y que creo que ya no hay ni en Talavera) y unas botellas de vino tinto. Las barcas planas del Guadiana, para poder navegar por aguas de escaso fondo, tenían la particularidad de llenarse de agua a cualquier maniobra extraña; solo dos o tres iban vestidos, los demás teníamos la ropa en Casa Vera, y Carlos Espada, que llevaba hasta reloj, empezó a mover la barca hasta casi hundirla, cantando con ritmo de samba venezolana: "Yo no soy de por aquí, / que soy de Barquisimeto, / conmigo nadie se meta / que yo con nadie me meto".

Y digo, hasta casi hundirla, porque aquellas barcas se llenaban de agua y salían a flote las tablas para sentarse, para remar, las que servían de cubierta, y los remos. Por primera vez nos servía para algo lo que estudiábamos: la barca flotaba porque pesaba menos que el agua que desalojaba. El Toto nadaba empujando la barca y con sus largos brazos iba a la vez recogiendo tablas que se llevaba el río camino del Puente de Palmas. Yo conocí a El Toto, amoroso de jóvenes adolescentes bajo las palmeras de San Francisco, cuando podía uno sentarse, en las noches de verano, en el arriate alicatado que hacía juego con los grandes bancos con mosaicos de hazañas de los grandes Conquistadores.


Por aquella época, como yo no era poeta, conviví fácilmente con Jesús Delgado Valhondo, Pacheco y Lencero; como no fui pintor, igualmente, podía inmiscuirme en el trío: Vaquero Poblador, Sánchez Boraita y José Antonio Estirado, "los iconoclastas".

Les acopañaba cuando cargados con sus trípodes y óleos se ponían a pintar, generalmente, en la ladera este del Castillo, más allá del Parque de La Legión, de cara a El Pico, la desembocadura del Rivillas y las huertas de San Roque. Casi siempre acudió Morán, ordenanza, alevín de conserje de la Diputación de Badajoz, forofo, fan, lazarillo y escudero de los tres pintores. Trabajaban entre discusiones, voces y canciones. El Toto y Boraita cantaban, con diferente estilo, cante grande, ambos cante gitano que aprendieron del Porrina y su parentela, con los que convivían por bares y fiestas; Vaquero Poblador prefería al "Trío Calaveras", a "Los Panchos" y los fados de Amalia Rodríguez, y él mismo se acompañaba con la guitarra. De pronto, como si Morán tuviera la culpa de algo que no salía bien, era floreado por los tres pinceles de los artistas, y ante la impavidez y estoica apostura de Morán, los pintores volvían sobre sus lienzos y como los encontraran no acorde con sus divinos: Gauguin, Van Gogh, Picasso y el menos conocido -por entonces- Emil Nolde, impresionante expresionista, en boca de Boraita, hasta el extremo que El Toto le decía que si era su novio, ... la emprendían contra bastidores, frascos de aguarrás, aceites, cajas de pinturas, pinceles y paletas, y se armaba tal zarabanda que aquello parecía una escena pánica. Decaído el paroxismo, ayudaban a Morán que había sido el primero en empezar a recoger trastos. Después nos íbamos todos juntos al Tabares.


"Gente de mal vivir"

En aquel tiempo, había en Badajoz gente que leía a Faulkner; muy pocos, pero había; yo mismo que imitaba a Rabindranath Tagore para enamorar; escribí por entonces mi novela "Pensión" que en Barcelona dijeron que era faulkneriana; al compás El Toto era torerillo de tientas y cercados, pero años más tarde se presentó en la Casa de la Cultura, en la Plaza de Minayo, dónde dirigía el ensayo de "La Camisa" de Lauro Olmo, si no recuerdo mal, y me nombró su mozo de espadas delante de actores, tramoyistas, electricistas y "gente de mal vivir". Acepté, entre bromas y veras, y al día siguiente me presenté en su casa, un chalet en la carretera de Sevilla, quizás el primero, junto al cruce con la entonces única carretera de Madrid que atravesaba San Roque. Entré dando voces en la habitación donde El Toto reposaba casi desnudo, en penumbras, y me hizo callar, me impresionó con un gesto majes- tuoso, dominador, de su mano izquierda. "Tú te sientas, en silencio, al lado de mi cama, y desde ahora me llamarás maestro". Yo, director de teatro, comprendí que el que manda, manda. Su cuerpo bello y poderoso -como un hombre llamado caballo- descansaba, aunque a mi me pareció con la quietud del leopardo, segundos antes de saltar sobre su presa.

Pasado el hechizo me dio tiempo a mirar en derredor. A los pies de la cama sobre un sillón de mimbre, bien colocado, había un traje corto negro, una camisa blanquísima con chorrera y un sombrero de ala ancha. En la mesilla, a mi espalda, una lamparilla, sobre el aceite de un pe- queño plato de La Cartuja, iluminaba varias estampas de la Virgen de la Soledad, un Cristo de Velázquez, supuse, y otras vírgenes de advocaciones, para mí, desconocidas. Entonces yo ya no era creyente y sabía que El Toto, tampoco. Comprendió mi mirada interrogativa y con mucha seguridad y voz susurrante me dijo: "Tú lo tienes que entender, las cosas son así".

Al poco rato entraron en el dormitorio su madre, una criada -una mujer mayor que dominaba la escena-, y dos bellas jóvenes palpitando bajo sus únicas prendas de percal, porque yo embebía todas sus curvas y sus ojos brillantes en el calor de la tarde, cuando a Badajoz le da por hacer calor. El Toto me pareció un torero lorquiano, aunque El Toto amaba a Miguel Hernández y se sabía de memoria, recitaba, los poemas de toros con ritmo monótono pero con una intención que impresionaba, con un doble sentido, en las calles y los bares, en San Francisco y San Juan, cuando Franco vivía. Picoteaba en la obra de Miguel Hernández y recitaba versos de aquí y de allá, para asombrar sin saberlo porque la gente, generalmente, sin conocimiento del poeta, creía que eran suyos.

Empezaron a vestirle mientras El Toto me recitaba con su voz, al margen de las mujeres:

                                                                     "Como el toro he nacido para el luto
                  y el dolor, como el toro estoy marcado
                  por un hierro infernal, en el costado
                  y por varón en la ingle como un fruto.
                  .....
                  Por una senda van los hortelanos
                  .....
                  Bajo su frente trágica y tremenda,
                  un toro solo en la ribera llora
                  olvidando que es toro y masculino.
                  .....
                  El toro sabe al fin de la corrida
                  donde prueba su chorro repentino,
                  que el sabor de la muerte es el de un vino
                  que el equilibrio impide de la vida.
                  .....
                  La muerte, toda llena de agujeros
                  y cuernos de su mismo desenlace,
                  bajo una piel de toro pisa y pace
                  un luminoso prado de toreros".

Quien le ponía las manos encima era la criada, la tata, como él la llamaba; la madre miraba arrobada y triste, pensando en el peligro, y que yo suponía que era la única porque los demás, como totales inconscientes, nos habíamos olvidado de lo que se proponía El Toto: torear y matar un toro en la Feria de La Albuera. La Tata metió su mano por delante de la cintura del pantalón, llegó hasta el sexo para colocárselo a la izquierda de la bragueta, que era donde cargaba. Noté, bajo el percal, los pezones turgentes de las ninfas que miraban el ajustado pantalón del torero y me sumergí en el ambiente erótico. El Toto se engrandeció gallardo, seguro y atractivo, personaje único dentro del traje que le ceñía sus tensados músculos, flotaba en el aire.

No tuve más remedio que cargar con el capote, los trastes de matar, un espadón con la funda, y gracias a la ayuda del taxista no me derrumbé ante lo que jamás había imaginado, que un capote y todo lo demás pesaran tanto. El trayecto fue en silencio. Sorprendente la algarabía y gritos al entrar en la plaza de carros de La Albuera que cerraba un camión con un cajón dónde se suponía estaba el animal.  Nos cruzamos con un fotógrafo taurino que años más tarde resultó ser un famoso escritor y querido amigo: Bernardo Víctor Carande; frente al acomodado toril, una especie de tribuna, como de localidades selectas, se sentaba mi antigua novia, con peineta y mantilla; esplendorosa en su belleza se abanicaba sonriendo al nuevo novio por el que me había abandonado. Yo llevaba jadeando la carga del arte de Cúchares y una gorrilla de rayadillo bajo la que escondí un pronto visceral, un segundo de ridículo hasta que arrojé al suelo, junto a un carro que me indicó un guardia municipal, todos los arreos.


¡Es un búfalo! 

Sin recurrir a una crónica de gacetillero taurino, que no soy, contaré que se abrió el portalón y apareció el cornúpeta, el bicho, el morlaco, y dije: "Maestro, ¡qué toro! Y El Toto, sin mirarme, me respondió seca y atributivamente: "Compañero, ¡es un búfalo!".

Después de una eternidad, recostado contra la rueda del carro, temblándome las piernas más que por la cercanía del toro, por los empujones de la gente que se tiraba al ruedo y venía hacia mi, huyendo, y yo con aquella espada, que era un espadón, que era la de Roldán y El Cid juntas, aleadas, que podía ensartar a diez mozos de La Albuera.

El Toto tuvo la mala suerte de matar a la primera. El público que quería marcha empezó a llamarnos asesinos, a tirarnos cosas, no las sentíamos, hasta que llegamos al bar de la carretera. Me tomé una copa de coñac y un vaso de agua de Seltz. Me vine a Badajoz en una Vespa de mi amigo El Florito, Florentino Buenavista, y dejé a El Toto con su apoderado, el empresario y la gente del toro, que por lo que supe más tarde, José Antonio Estirado, El Toto, hasta tuvo que pagar el toro.

José Antonio Estirado en 1978.

Después me fui al mar y El Toto a Sevilla. A la vuelta a Badajoz El Toto se dedicó a vender cuadros. Poca gente, los muy íntimos tendrán cuadros suyos de los años 60 o antes. El primer cuadro o de los primeros que vendió, algunos lo saben, fue uno que le regaló su amigo Vaquero Poblador. Uno de sus mejores mecenas fue Pedro Suárez que trabajaba en "La Marina". El Toto se inspiraba/copiaba en grandes maestros expresionistas: Modigliani, Ingres, Solana, ... y sobre todo en Edvard Munch. Conocía perfectamente su obra y su biografía, le atraían la enfermedad y la muerte. A Pedro Suarez le vendió un cuadro que más o menos reproducía "El Grito" de Munch. Al cabo de unos días El Toto se presentó en la barra de La Marina para venderle otro cuadro: "El Grito". "Pero Toto -le dijo Pedro-, si me vendiste hace tres días un cuadro igual". "Bueno, doctorcito -dijo El Toto- así tienes la parejita". El bueno de Pedro, intentando cabrearse, le mandó a hacer puñetas. El Toto recogiendo su cuadro, y mientras se marchaba, exclamó mirándole fijamente: "Pedro, ¡rojo paralelo!".

José Antonio Estirado en 1988 y en 1993.

En uno de los viajes que hice a Badajoz, precisamente para ser pregonero del primer Carnaval, 1981, me causó una gran sensación de deterioro y de tristeza la conversación que mantuve con El Toto: "Mira, Juanminguay, yo sé que no pinto como los grandes maestros, pero te aseguro que, al menos, sabré morir como ellos.

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JUAN JOSÉ POBLADOR (Valencia de Alcántara, Cáce- res, 13.11.30) es una de las figuras más destacadas en la difícil vida cultural de la Extremadura de los 50 y 60. De profesión maestro, es autor de numerosos cuentos que publicó en el Periódico Hoy; pero su producción lite- raria más destacada son las dos novelas de temática social Pensión (Premio Elisenda de Montcada 1957), reeditada por la Editora Regional en 2002, y Canal (fina- lista del Ciudad de Sevilla 1961). Es también autor del escrito autobiográfico Diario de un carca y del estudio antropológico Conil. Iconoclasta sabático de la tertulia de Esperanza Segura, desde mediados de los 60 reside en Conil de la Frontera (Cádiz), pero dice que «Badajoz es mi casa; allí crecí, di mi primer beso, me bebí mi primer vino y escribí la primera novela».